Becs, Humor Gráfico, Número 46, Opinión, Rosa Palo
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El felpudo del melenudo

Por Rosa Palo / Viñeta: Becs

ESTHER-BAEZA-(ROSA-PALO)

Rosa Palo

Tenían razón los que hablaban del advenimiento de la Segunda Transición. Recuperados y revisitados dos de los elementos característicos de los 70, a saber, pelos largos y pantalones de campana (estos últimos sólo aptos para gacelas piernilargas, que yo me coloco esas patas de elefante y parezco Falete disfrazado de Abba), sólo nos quedaba el destape para marcarnos un hat-trick. Y ya está aquí. El destape político, digo, que con el otro tocamos techo después de lo de Raquel Mosquera en “Interviú”.

Los políticos dejan hoy menos a la imaginación que Susana Estrada. Hemos pasado de ser la reserva espiritual de Occidente, en cuanto a oscurantismo político se refiere, a dejarnos llevar por la lujuria de la luz, los taquígrafos y el tuiterío: que si Pablo no me coge el teléfono, que si Pedro no me llama, que si hemos hablado hace diez minutos. Está pasando, lo estás tuiteando. Y si no está pasando, también: “Día raro con pocas ganas de tuitear”, escribe Sánchez cual adolescente de bajón desnudando su alma al mundo. Y venga comparecencias, y ruedas de prensa, y más comparecencias, y entrevistas, y tertulias. El destape era esto. Acostumbrados a un presidente plasmario, más recatado en sus apariciones públicas que Gracita Morales en “Sor Citroën”, hoy los ojos se nos llenan con la desnudez de los musos de la Segunda Transición, que hay mucho Nadiusko suelto. Y a causa de la represión que hemos sufrido en estos últimos años de secretos y mentiras, ahora estamos desaté: si durante la Primera Transición Cela dijo que España se había puesto cachonda, en la segunda España se ha puesto perraca, que nos hablan de transparencia y nos ponemos cardiacos, que queremos saberlo, oírlo y conocerlo todo, que necesitamos ver las tuberías, la trastienda y hasta el felpudo del melenudo.

Pero, paradójicamente, a veces las transparencias no nos dejan ver más allá: el filósofo Byung–Chul Han afirma en La sociedad de la transparencia que el excesivo culto a la exposición y el exceso de transparencia no lleva a más verdad, sino a lo contrario. “En la sociedad expuesta, cada sujeto es su propio objeto de publicidad. Todo se mide en valor de exposición (…) El exceso de exposición hace de todo una mercancía”. Y si Byung–Chul Han cita a Baudrillard (“La exposición hasta el exceso lo convierte todo en mercancía. Lo invisible no existe, de modo que todo es entregado desnudo, sin secreto, para ser devorado de inmediato”), yo cito a Fernando Garea, que cada uno tiene sus lecturas: “Políticos constituidos en rueda de prensa permanente, en lugar de hablar entre ellos. Que cambien el atril por la mesa de negociación ya!!!”. Tanta transparencia para comunicar la nada. Porque, como siempre, lo más interesante es lo que no se cuenta.

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