Alfredo Piermattei, Humor Gráfico, Número 46, Opinión, Tonino Guitián
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Un partido llamado Partido

Por Tonino Guitián / Viñeta: Alfredo Piermattei

Tonino Guitián

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Lo de cambiar de nombre un partido salpicado por todos lados por la corrupción para seguir sus preceptos políticos va a ser la mayor operación de estética ideológica y moral desde que el Dioni, aquel famoso exvigilante ladrón de camiones blindados, se pusiera una peluca y se intentara operar el estrabismo.

El Partido Popular de la Comunidad Valenciana tiene difícil su renovación: en primer lugar, ya construyeron un proyecto valencianista de centro derecha. El último invento, de la mano de Camps, González Pons y David Serra, que ahora está imputado, y los demás no del todo limpios, fue en el Maestrat en el año 2003 durante aquella declaración valencianista en defensa de la lengua. Duró una semana, exactamente el tiempo que Aznar les mandó desde la Moncloa que echaran marcha atrás, avisado por los propios militantes del PPCV de que se estaba montando un partido nacionalista. Nacionalista católico, para ir concretando.

Así que tampoco ha funcionado mucho ser el adalid de las esencias valencianas, con un ideario hecho de orgullo fallero, constructor infatigable, de arrodillamientos ante la patrona con la bandera y el temor a la absorción catalana.

Lo de la modernidad tampoco cuaja, porque ya se ha visto que todos los intentos de modernor estético han provocado unas deudas de tomo y lomo. Y es que una cosa es sólo desviar fondos y hacer las cosas a comisión y otra añadir a eso una gestión que ha vaciado fondos y creado deudas autoendeudables que van rodando en forma de bola de nieve hasta donde puedan llegar.

Ya se han hecho bastantes chuflas sobre el cambio de identidad del partido, porque es una idea que mueve a la ironía desde el momento en que la palabra “popular” ha perdido todo su sentido. No ha sido precisamente el pueblo el que se ha visto beneficiado por este singular reparto de sillas, sobres y billetes. Han negado todo durante años, cuando la mayoría les daba el poder de hacerlo y al final todas las sospechas se han vuelto realidades. Esto no tiene vuelta atrás, por mucho que se borre el pasado.

La única solución es que se llamara solamente “El Partido”: ni popular, ni obrero, ni civil, ni católico ni nada concreto. “El Partido”, el de siempre, el único, el que se vota sin saber qué hacen, ni a qué familiar han puesto en mando, el que defiende los valores de toda la vida, la familia, la religión, la honestidad y, sobre todo, evita el avance del desmoronamiento moral de la Comunidad Valenciana; contra los ateos, los que quieren reabrir heridas, los que exigen cultura que luego usan para hacer pensar, contra los que insisten que aún existe lucha de clases e ideologías. Ideologías, por favor, qué cosa tan antigua, habiendo dinero que todo el mundo sabe que es lo único que mueve a las masas…

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Alfredo Piermattei

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