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Trujillo, la herencia de la conquista

Trujillo, una ciudad que atesora secretos de la España imperial. Foto: Jesús Cruz Álvarez

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Por Jesús Cruz Alvarez. Domingo, 7 de febrero de 2016

Cuando se habla de Extremadura como una tierra de conquistadores ilustres no es precisamente por componer un eslogan atractivo. Aquí nacieron Hernán Cortés, Nublo de Valdés, Núñez de Balboa y Pedro Valdivia, personajes que cambiaron el rumbo de la historia tras conquistar el Imperio Inca y Paraguay, alcanzar por primera vez el Océano Pacífico tras cruzar el istmo de Panamá o descubrir Chile, respectivamente. No obstante, si en la región hay un lugar destacado en lo que a cuna de hombres trascendentales en el descubrimiento de América se refiere, ese es Trujillo.

Cuando se entra por primera vez en su imponente Plaza Mayor porticada, una de las más grandes de España, y se contempla en derredor las fachadas renacentistas de los palacios y casas señoriales, con sus escudos de armas y emblemas exhibidos en lugar bien visible para que nadie tuviese duda de a quién pertenecían, es fácil hacerse una idea de la época de prosperidad que vivió la localidad durante el siglo XVI, coincidiendo con las grandes exploraciones y conquistas en las que participaron al otro lado del Atlántico algunos de sus habitantes más reconocidos.

Francisco Pizarro, conquistador de Perú, es sin duda el nombre más destacado. Quizás por ello domina la plaza desde lo alto de su caballo en una magnífica escultura en bronce de Charles Rumsey –existe una réplica en Lima–, mirando hacia el frente, donde se emplaza el palacio de los Marqueses de la Conquista, un edificio plateresco mandado a construir tras su muerte por su hermano Hernando Pizarro y su hija Francisca, en el que destaca un balcón esquinado con blasones donde se aprecia el busto del propio Pizarro, y unos interiores con numerosas referencias incas. La que fue su casa, situada en la parte alta del pueblo, es hoy un encantador museo donde se repasan las principales gestas del conquistador, así como algunos apuntes sobre la vida en Trujillo durante el siglo XVI.

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Pero Francisco Pizarro no fue el único que hizo fortuna en las Américas. Su primo, Juan Pizarro de Orellana, se marchó con él y se convirtió en el primer corregidor de la ciudad de Cuzco, alcanzando una respetable posición que deseó ostentar a su regreso con un magnífico palacio en el flanco derecho de la Plaza, con su respectivo escudos de armas, que hizo las funciones de Casa de Contratación de aquellos que estaban dispuestos marchar a Perú a probar suerte, y de Ayuntamiento posteriormente.

Muy cerca de la Iglesia de San Martín, en la que trabajaría Francisco Becerra, uno de los arquitectos más importantes del Nuevo Mundo –se encargó de la construcción de las catedrales de Cuzco y Lima entre otras–, se encuentra el Palacio de Santa Marta, residencia de Francisco de las Casas, capitán bajo las órdenes de Hernán Cortes en la conquista de México y fundador de la ciudad de Trujillo en Honduras. Hoy el palacio es un hotel de categoría superior que permite experimentar de primera mano el lujo de las casas señoriales del XVI.

También impresionante es el Palacio de los Carvajal Vargas o Duques de San Carlos, a la izquierda de la misma iglesia, que se abre al exterior con una galería porticada y un balcón esquinado que acaba en el escudo de armas de la familia, que poseyó durante tres siglos el título de Correos Mayores de las Indias Occidentales.

Subiendo por la calle Ballesteros pronto se alcanza la casa natal de otro de los grandes ilustres de Trujillo, Francisco de Orellana, quien detenta el honor de ser el descubridor del río Amazonas. Y justo a su derecha, en una placita donde puede hallarse un busto del propio Orellana, se erige la Iglesia de Santa María la Mayor, donde descansan los restos de la mayoría de nobles, exploradores y conquistadores de la localidad, como si fuese el último refugio tras años de aventuras lejos de su lugar de origen.

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Pero la ruta a través del legado arquitectónico de Trujillo vinculado a la conquista americana no acaba aquí. De forma más o menos directa, la mayor parte de casas señoriales, incluidas las construcciones solariegas dispersas en torno a la localidad, como el palacio renacentista de los Pizarro Hinojosa, fueron erigidas a lo largo del siglo XVI, cuando las riquezas con las que regresaron los indianos procedentes de América hicieron de Trujillo uno de los núcleos artísticos más importantes de la Península, además de provincia con una población creciente.

Las casas principales de los Chaves Cárdenas con la icónica Torre del Alfiler, las de los Chaves Sotomayor, el palacio de los Marqueses de Piedras Albas, la Casa del Peso Real o el mismo trazado de la Plaza Mayor, que devino en el centro de la actividad social de la población una vez que la vida de la localidad se desplazó desde el interior de las murallas hacia este espacio más accesible, son también parte de la herencia del particular siglo de oro de Trujillo, que se une al resto de su patrimonio y que incluye la excelentemente conservada alcazaba omeya, desde es posible contemplar el fantástico conjunto arquitectónico en piedra del que es, con todo merecimiento, uno de los pueblos más atractivos de España.

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