Editoriales, Humor Gráfico, L'Avi, Número 46
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Editorial: La hora de Sánchez

Ilustración: L’Avi. Viernes, 5 de febrero de 2016

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    Editorial

“Voy en serio”. Así de firme y contundente se mostró Pedro Sánchez el pasado martes tras recibir el encargo de formar gobierno de manos del rey Felipe VI. Fue la decisión más acertada que podía haber tomado el monarca, después de que el presidente Mariano Rajoy diera la espantada y declinara, por decirlo eufemísticamente, llevar a cabo la misión. Rajoy, que se ha movido en un tacticismo inútil, jugando al ahora quiero ahora no, con el fin de llegar a unas nuevas elecciones cuando no era eso lo que más le convenía a España, no ha estado a la altura de las circunstancias durante todo el proceso de consultas con el jefe del Estado. Una vez más, el registrador de la propiedad gris y anodino se ha impuesto a la grandeza que debería ostentar cualquier presidente del gobierno, lo que sin duda supondrá una palada más de tierra sobre la tumba política del devaluado líder del PP, acosado por los casos de corrupción en su partido y por la falta de credibilidad para llevar a cabo las reformas que necesita el país. Frente a esta dimisión anticipada de Rajoy, antesala de su ocaso político, emerge un sorprendente Pedro Sánchez, que en los últimos días ha dado muestras de ser un líder mucho más preparado y sólido de lo que en un principio se esperaba de él. Nada más recibir el encargo del rey de formar gobierno, que no dudó en aceptar, se plantó delante de los periodistas, tranquilo y con su mejor sonrisa, para articular un discurso que sonó a investidura, a declaración de intenciones, a hoja de ruta que puede ser muy útil para sacar al país de los graves problemas que le atenazan. Pedro Sánchez no solo tendió la mano a izquierda y derecha para alcanzar un acuerdo con otras fuerzas políticas, sino que adelantó cuál será su programa para hacer frente a los cinco grandes desafíos a que se enfrenta el Estado: la lucha contra el paro que atenaza a casi cinco millones de personas; la reducción de la desigualdad entre las clases más altas y las más bajas; el problema de la independencia de Cataluña y la reforma constitucional y la batalla contra la corrupción.

Rajoy se ha movido en un tacticismo inútil, ahora sí quiero, ahora no, para llegar a unas elecciones que no convienen al país

“El PSOE asume su responsabilidad con España y los españoles, en primer lugar para que los ciudadanos de nuestro país tengan un gobierno después de más de cuarenta días de las elecciones generales. Y segundo, para gobernar con el diálogo y con las políticas en beneficio de la mayoría”, dijo Sánchez, que habló siempre adoptando una posición de estadista. A Pedro Sánchez se le podrán criticar muchas cosas: que haya fracasado en las elecciones cosechando el peor resultado en la historia del PSOE, que se esté dejando comer por los barones del partido e incluso que sea demasiado guapo, el rasgo que quizá más le envidien sus enemigos políticos. Pero sin duda, hay que reconocerle una cosa: está demostrando toda la altura de miras y toda la responsabilidad como líder que le ha faltado al por momentos indolente Rajoy, que lleva semanas jugando al ratón y al gato, a dejar que corra el tiempo para llegar a una segunda vuelta de las elecciones, a ver si así consigue recuperar los escaños que le faltan para mantenerse en el poder. Durante toda la fase de ronda de consultas con el rey, Mariano Rajoy ha apostado por anteponer sus intereses personales y de partido a los intereses de España en un momento especialmente delicado para el país. Mientras su partido se desmorona por los constantes escándalos de corrupción que florecen como setas, mientras el desafío catalán sigue latente y la crisis económica continúa maltratando a las clases más desfavorecidas, el presidente se ha dedicado a jugar al ajedrez con Pedro Sánchez, dejando que el reloj corriera cuando el país necesitaba acción, medidas urgentes y un Gobierno cuanto antes.

En todo este proceso de consultas con el rey, la figura de Sánchez se ha ido agrandando y la del presidente empequeñeciendo

La decisión de seguir ralentizando el proceso en función de sus intereses electoralistas, una de las más rácanas y bochornosas de todas las que ha tomado el presidente, lo cual ya era difícil, quedará para la historia de su nefasto mandato. Pero mientras Rajoy ha ido empequeñeciendo su figura política, la del líder de los socialistas se iba agigantando. El secretario general del PSOE ha jugado perfectamente sus cartas, respetando escrupulosamente los plazos que establece la Constitución, dejando la iniciativa a Rajoy, que poco a poco ha ido dimitiendo por inasistencia, y manteniendo al mismo tiempo contactos con otras fuerzas para poder formar un gobierno estable. Este difícil examen, en un momento complicado en el que era cuestionado por los barones veteranos de su partido como Susana Díaz y hasta por el mismísimo patriarca Felipe González, lo ha pasado Sánchez con nota, un Sánchez que ya no es solo una cara bonita de la política que quiere ser presidente del Gobierno, sino un líder valiente y templado que está sabiendo controlar los tempos en estos meses borrascosos de ingobernabilidad. Ahora ya solo le queda atar en corto a los barones socialistas que se le han encampanado y torear al peor de los miuras, Pablo Iglesias, que no deja de presionarle fuertemente para que dé el giro definitivo a la izquierda que necesita el PSOE, si es que quiere pactar con Podemos. Si consigue ponerle la guinda al pastel, si logra meter en cintura a los ‘susanistas’ del PSOE, superar la tentación de caer en manos del centro derecha de Albert Rivera y convencer a Iglesias para que firme un pacto tripartito en el que estarían PSOE, Podemos e Izquierda Unida, con el apoyo de fuerzas nacionalistas como el Partido Nacionalista Vasco, conseguirá formar gobierno y se convertirá en el séptimo presidente de la democracia española, algo tan fácil y tan difícil a la vez. Pedro ha dado el paso, pero tiene que dar el salto. O es ahora o no lo será nunca.

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L'Avi

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2 Kommentare

  1. Revista Gurb dicen

    Dolores, un editorial muestra la línea ideológica de una publicación. En cuanto a la objetividad de una revista o periódico no hay ninguna en el mundo que lo sea. Todo texto tiene una intencionalidad.

  2. Dolores dicen

    Después de leer esto comprendo porque Sanchez esta tan cracido, Jope que impacialidad

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