Artsenal, Humor Gráfico, Número 46, Opinión, Xavier Latorre
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Informaciones nocivas

Por Xavier Latorre / Ilustración: Artsenal

Xavier Latorre

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Cuando éramos pequeños, dos rombos nos franqueaban el paso a contenidos televisivos no aptos, ¿qué sabrían aquellos programadores televisivos sobre lo que nos hacía realmente daño? Nos vetaban una película por un inocente beso o porque una señora en camisón se llevaba a su novio, ya al final de la cinta, a la cama en un motel de carretera. Decían que lo hacían por nuestra salud espiritual, por refrenar nuestra lógica erótica interna y cosas por el estilo. Lo que consiguieron es que, en cuanto podíamos esquivar el control paterno, nos plantábamos fijos ante el monitor fumando celtas cortos con todo el morbo a flor de piel para descubrir qué nos deparaban aquellos dos dichosos rombos antes de que regresaran nuestros progenitores a casa.

Ahora, la Organización Mundial de la Salud propone impedir la entrada de menores al cine que proyecte películas en las que los protagonistas fumen de forma placentera. La OMS alude a que en una tercera parte de las películas para todos los públicos, rodadas en América, aparece algún actor de buen ver, y con los dientes encalados de puro blanco, fumándose un pitillo. Asistir a esas proyecciones puede provocar, alertan, que los niños se conviertan de mayores en adictos al tabaco y eso las autoridades sanitarias no están dispuestas a consentirlo. Para evitar esas muertes prematuras el día de mañana barajan la posibilidad de poner avisos en las carteleras (¡Película sin humos!, supongo).

La tutela está bien en según qué cosas pero no seamos tan hipócritas. Si prohibimos unas actitudes nocivas hemos de hacerlo con otras igual de peligrosas para la educación de nuestros hijos. Hay un peligro, más que evidente, de que los niños al ver los telediarios frente a un plato de lentejas, reconozcan a políticos con mucho poder y muy famosos declarando en un juzgado. Los jóvenes decentes se pueden ver tentados a seguir el mal camino, el del dinero fácil, el de la comisión bajo mano y el de los favores exclusivos a los amigos. No deberían saber que existe una profesión tan lucrativa ni que un político puede convertirse sin darse cuenta en un yonqui del dinero. Habrá que evitar que arraiguen en ellos esas adicciones terribles que han afectado seriamente la cohesión social de nuestro país y perjudicado nuestra economía.

Inocentemente, los pequeños abducidos por la televisión podrían en el futuro emular instintivamente esa deplorable conducta. Hay que evitarles esos malos hábitos. Las noticias de la televisión sobre corrupción deberían llevar una advertencia clara y diáfana cuando se fuera a hablar de cohecho, despilfarro o tráfico de influencias. La presentadora podría anunciar que la siguiente noticia no es apta para menores y los padres mandarían inmediatamente a sus hijos a una zona de la casa libre de telediarios. Cuando conecten con Valencia podrían irse directamente sin esperar el consiguiente consejo. Ya tendrán tiempo de ver y juzgar esas obscenidades cuando sean mayores. Las noticias sobre la corrupción política deberían exhibir una advertencia: el visionado de esta información puede herir su sensibilidad y perjudicar seriamente la salud mental de los más pequeños.

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