Becs, Humor Gráfico, Lidia Sanchis, Número 46, Opinión
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Feudalismo

Por Lidia Sanchis / Ilustración: Becs

LIDIA SANCHIS buena

Lidia Sanchis

No es necesario tener la inteligencia ni manejar tal profusión de datos económicos como los que Thomas Piketty desgranó en su obra El capital en el siglo XXI para darse cuenta de que vivimos en un remedo de la sociedad feudal, un sistema político que imperó durante los siglos del IX al XV. Ante la inseguridad creada por las oleadas de las invasiones, el pueblo se refugiaba bajo el paraguas del noble o señor feudal que controlaba el territorio y a sus súbditos desde la atalaya de su castillo. Ahora ya no existen las divisiones territoriales que se trazaron durante esos siglos pero, sin embargo, se han creado otras nuevas que, como diría el Principito de Saint-Exupéry, son invisibles a los ojos. ¿Acaso no saben que hay un país de los millonarios? Este imperceptible país está habitado por un 1% de la población, ése que tiene ya más patrimonio que el 50% más pobre. Pero incluso entre ese 1% hay luchas de poder, hay fragmentación y ruptura: existe un 0,1% para quienes ese 0,90% restante sólo tiene lo que podríamos llamar “un buen pasar”. Es decir, en la cúspide de la pirámide feudal hay mucha soledad.

Claro que ustedes podrán decir que soy un poquito demagógica y argumentar que en este país de los no ricos hemos llegado muy lejos gracias a la universalización de la educación y de la sanidad. También podrían argüir que hay un Estado del Bienestar que ha costado mucho tiempo y esfuerzo construir y que merece la pena seguir defendiendo. Y yo les digo que sí, que tienen razón, pero que a esos seres intangibles que podrían morir aplastados por sus propios billetes se la suda (además de demagógica soy un poquito ordinaria) la universalización de la sanidad y de la educación, que nuestros chiquillos lleguen a ser futbolistas de la primera división o recolectores de fresa en Lepe, y que no se mueran de gangrena si se hacen un corte en la rodilla. En este nuevo feudalismo hay personas que tienen un avión privado (o dos) mientras que otras tienen un sueldo de 400 euros. ¿No han oído hablar de ellos? Son los que tildan a los mileuristas de casta.

Y si creen que exagero, comprueben apellidos de ricos: son los mismos que hace cien, doscientos o más años. Estos nuevos señores feudales se difuminan en las modernas organizaciones políticas para seguir detentando el poder. Así, se imbrican en partidos políticos como el PP porque dicen que son los que mejor saben gestionar. Y por poner algunos ejemplos de buena gestión, les recuerdo los mil millones de pufo (que se sepa) en la empresa Ciegsa, creada para la construcción de escuelas. Estos nobles caballeros aseguran que son los que mejor saben administrar y acaban quedándose las ayudas para niños haitianos enfermos de sida (aunque gracias al tesón y la valentía de personas como el historiador y escritor Antonio Penadés y otros, alguno de estos malos como el exconceller Rafael Blasco ya está pagando por ello). Gentilhombres como el ministro José Manuel García-Margallo y Marfil avisan de desgracias como que la lucha contra el yihadismo peligra si Podemos llega al poder. Es evidente, pues, que los nuevos amos del universo acechan para que todo siga igual, para mantener el orden establecido hace centenares de años cuando ningún plebeyo se aventuraba más allá de los dominios del noble. A veces me pregunto por qué la palabra feudalismo no está registrada en el diccionario de la RAE siendo como es lo que tan bien nos define.

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