El Petardo, Humor Gráfico, Jose Antequera, Número 46, Opinión
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Espe se va pero se queda

José Antequera

José Antequera

Por José Antequera / Viñeta: El Petardo

Los políticos de este país tienen una forma extraña de presentar la dimisión cuando son pillados en renuncios y trapacerías. La mayoría opta por el me voy pero me quedo; renuncio al cargo pero sigo con los privilegios y aforamientos; lo dejo pero continúo intrigando y trincando en la sombra. España es el país de las tres ces, curas, caciques y corruptos, y así ha sido durante siglos. No hay quien los mueva del sitio. Espe Aguirre es el prototipo de mandataria que nunca puede dejarlo del todo porque es superior a ella, porque lleva el poder metido en las venas y mayormente porque le gusta el terciopelo del sillón aristócrata más que a un tonto un lápiz. Es una fetichista de la vara de mando, solo que sin el látex. Ayer sacó a los periodistas de su resaca dominguera, de los bares y los picnics y los convocó a una rueda de prensa para anunciar que se deja la cueva de Ali Babá del PP madrileño. Parecía que por una vez la cazatalentos del golferío se había visto iluminada por un mínimo rayo de dignidad, de honradez, de coherencia política. Nada más lejos. Apenas un minuto después de su inesperado anuncio aclaraba que abandona la jefatura del partido pero no su sueño dorado, la alcaldía de Madrid, faltaría plus. De modo que dimite pero solo un rato, se va pero solo un cuarto de hora, cesa pero solo la puntita. Espe ha tenido muchas oportunidades para dimitir por tantas y tantas cosas. Sin ir más lejos, cuando fue musa del tamayazo bochornoso, o cuando Granados le salió rana, o cuando fueron cayendo las manzanas púnicas, podridas una tras otra. Espe pudo haber dimitido cuando la Policía Local la pilló saltándose señales y semáforos, como una raterilla fitipaldi del Vallecas profundo, como a una vulgar prófuga de la Justicia, o cuando inauguraba hospitales a medio terminar o cortaba cabezas de periodistas en Telemadrid con la impunidad de un verdugo del Daesh. Incluso pudo haber dimitido muy razonable y sensatamente cuando en los pasillos de la Comunidad de Madrid florecían como setas los espías del comisariado político del régimen. Todo eso fueron causas más que justas y pertinentes para que la lideresa hubiera hecho la maleta y se hubiera largado con viento fresco a sus marquesados de Guadalajara, por donde ya vuelan raudos y veloces los AVES millonarios del pelotazo. Sí, ya sabemos que la señora Espe Aguirre, grande de España y de parte del extranjero, destapó el caso Gurtel, el caso Púnica y hasta el caso Watergate, si nos apura. Ya sabemos que quitaba y ponía a hijoputas en las cajas de ahorro, como ella decía, y que ha hecho mucho por Madrid, por España y por el mundo. Pero es que su seudothatcherismo británico retro y barato ya es de otra época y ella se ha quedado antigua y vieja de repente, vieja de corrupciones y mentiras. Y es que por mucho que siga agarrándose al escaño como una gata en celo, en la política española ella ya no pega ni con cola. Se va pero se queda. Dimite pero sigue. Que tiemble Rajoy.

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