Alaminos, Francisco Cisterna, Humor Gráfico, Número 47, Opinión
Comentarios 2

El rayo que no cesa (incluye Elegía a Ramón PP)

Por Paco Cisterna / Ilustración: Jorge Alaminos

Francisco Cisterna

Francisco Cisterna

La sede del PP parece una comisaría de policía y la comisaría de policía parece la sede del PP. El rayo que no cesa vuelve a picotear en el costado y anida en el edificio de Génova a dentelladas secas y calientes. Mientras, un carnívoro cuchillo sostiene un vuelo y un brillo sobre la cúpula dirigente. ¿No cesará este rayo que me habita?, ¿no cesará esta terca estalactita? –se preguntan en privado–. Este rayo ni cesa ni se agota, de mí mismo tomó su procedencia y ejercita en mí mismo sus furores –se contestan–. En el castigo va la penitencia. Zarza es tu mano si la tiendo, zarza, le dice Pedro – el que edificará Iglesias– al Señor de las Cobras y las Moscas, que acudieron a un panal de rica miel y murieron presas de patas en él.

Guiando un tribunal de tiburones, de jueces, fiscales e investigadores, los investigados desfilan con las cejas tiznadas y cortadas de tiznar y cortar los corazones. Umbríos por la corrupción, casi brunos, porque la corrupción tizna cuando estalla, donde yo no me hallo no se halla corrupto más apenado que ninguno. No podrá con la corrupción mi persona rodeada de corruptos y podridos ¡cuánto comisionar en B para morirse uno!

Tengo estos huesos hechos a las jaranas y a las comisiones estas sienes: corrupción que vas, comisión que vienes como el mar de ladrillo a las arenas. Como el mar de ladrillo a las arenas, voy en este naufragio de vaivenes, por una noche oscura de sartenes Michelin y de regios abrebotellas. Adiós a mis aperitivos cinco estrellas, a los incunables vinos que vitoreé en tantas cenas, a los aromáticos habanos que disfrutaba en la trastienda, a los bailes de salón y a las reuniones peperas, que todos los meses celebrábamos en el Bar Cenas.

Me tiraste un millón, tan apretado, con una mano cálida, y tan dura, que no reparé en su catadura y probé su dulzura sin embargo. Con el golpe monetario, de un letargo dulce pasó a una ansiosa calentura mi sangre, que sintió la mordedura de un billetero de seno duro y largo. Pero al mirarte y verte la sonrisa que te produjo el acaudalado hecho, a mi voraz malicia tan ajena, se me durmió el dedo entre los ceros y se volvió la contabilidad una picuda y deslumbrante pena.

Te me mueres de honrado y de decente: estoy convicto, señor juez, estoy confeso de prevaricación, de nepotismo y de cohecho. Yo te elegí para ser gerente y desde aquella gloria, aquel suceso, mi mejilla de escrúpulo y de peso, se me cae deshojada y decadente. El fantasma de presunto delincuente el escaño te tiene perseguido, cada vez más patente, negro y pestilente. Y sin dormir estoy, celosamente, vigilando mi mano ¡con qué cuido! para que no se vicie y se desmande.

Un Gurtel duro, un Bárcenas helado, una corrupción masiva y homicida, un Granados brutal te han derribado. A las aladas almas de la UDEF de la cárcel de nata te requiero, que tenemos que hablar de muchas cosas, corruptuelo del alma, corruptuelo.

PD: Espero que Miguel, desde los altos andamios de sus flores, sepa perdonarme.

*****

Si te ha gustado puedes visitar nuestra página oficial de Facebook o Twitter.

Jorge Alaminos

Jorge Alaminos

 

2 Kommentare

  1. Paco Cisterna dicen

    Gracias maestro por sus palabras de cariño, pero nada comparable con sus dos últimos artículos. Y sí…, Jorge está genial, como siempre.

  2. Lombilla dicen

    Seguro que Miguel está encantado al ver el buen uso que has hecho de su obra. Enhorabuena, niño. Y el Alaminos como siempre, genial.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *