Angel Ruiz, Humor Gráfico, Jose Antequera, Número 47, Opinión
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Los amores de Mariano

Por José Antequera / Viñeta: Cruz

José Antequera

José Antequera

Don Mariano a sus amigos del partido los quiere mucho. Los aprecia, los adora, los ama. Pero sobre el presidente pesa la maldición del gafe gallego y a todo aquel que le echa el mal de ojo del amor siempre termina en el juzgado. Parece inocente el registrador de Santa Pola, pero nada de eso, si se encariña con uno puede darse por muerto. Todo empezó con Bárcenas, el pobre diablo que se creía un dios porque cortaba el bacalao de los sobres, pero cuando Mariano se fijó en él, cuando le dijo aquello tan romántico y bonito de “Luis aguanta, sé fuerte”, todo el mundo del tesorero se vino abajo. Luis aguantó por amor y por dinero, más por dinero que por amor, y así terminó el hombre, arruinado, procesado, regalando bermudas de todo a cien a los presos de Soto del Real. Más tarde Mariano se le declaró a Carlos Fabra, de quien dijo era un ciudadano ejemplar, y así ha acabado el tótem de Castellón, pudriendo sus huesos caciques en el penal de Aranjuez, con el chándal de presidiario puesto y bebiendo cocacolas de contrabando en el patio de la prisión, como publica la Interviú. Y qué decir de Rus. Con éste fue aún más fogoso y sentimental cuando le soltó en público (qué fuerte) aquello de “Alfonso te quiero, te quiero coño; tus éxitos son mis éxitos”. Hay amores que matan y el amor de Mariano es tan fuerte y bravo que es capaz de darlo todo y hasta de soltar un coño por su boca, algo que no había hecho desde los tiempos del instituto, cuando los curas del Opus le lavaban la boca con jabón de La Toja si soltaba un taco vulgar.

Qué bonito es el amor de Mariano por sus fieles, qué poético, que becqueriano todo, pero qué dramático, qué finales tan oscuros, tan pesimistas, tan sórdidos. Mariano es como un volcán en erupción, como un torbellino de pasión, como una maldición poderosa que lo arrasa todo a su paso. Cuando Mariano ama es como una vampi del cine negro, una poderosa Afrodita que amando los mata y matándolos los ama, una Helena de Troya que enciende la llama del amor y de la guerra en el partido (mayormente entre gallardonistas y aguirristas). Mariano es como la Ava Gardner de Forajidos que llevaba el mal dentro de sí e iba fumándose amantes como quien se fumaba un cigarro, un mátalos callando, un hombre fatal que con solo amarlos los arruina de por vida como flores marchitas. La lista de enamorados echados a perder es larga, triste, patética. A Camps le dijo que siempre estaría detrás de él (una postura tan freudiana como embarazosa) y el faraón de Valencia acabó paseando sus trajes de mil pavos por las boutiques de los juzgados, aunque al final se saliera de rositas. A la desgraciada Rita también la marcó con su amor desde que le dijo que la quería mucho. Fue en un mitin agosteño, al caloret valenciano, delante de todos, y ahí empezó la maldición gitana de la Guardia Civil que persigue a la alcaldesa. Desde entonces la pobre Rita no levanta cabeza, anda sola, apestada, desnortada y huraña. Rita se ha encastillado sin salir a la calle, loca de amor como Juana la Loca, y todo por la pasión brutal de Mariano, porque Mariano, ya saben, defiende a muerte a sus novios y novias, los justifica, los ama mucho y a corazón partío, pero a la hora de la verdad, llegado el momento, cuando alguno mete la zarpa, la gamba o se queda en bragas, termina mal, esposado por los de la UCO o medio trastornado o metido en el trullo. Todos han ido cayendo, uno tras otro, cuando el gafe gallego los amaba y piropeaba: Rato, Matas, Granados… No nos quiera usted tanto, jefe, que nos pega la peste, deberán estar pensando ahora todos ellos. Porque los mensajes de amor de guasap que envía Mariano no son mensajes buenos propiamente dichos, son señales frías del destino, el mal fario de La Familia siciliana, y cuando te llega un mensaje de Mariano ya te puedes dar por jodido. Que se lo pregunten si no a Espe. “Te entiendo”, le ha dicho el presidente nada más presentar su dimisión la lideresa. Un lacónico “te entiendo”, un “te entiendo” escueto, cortante y distante, así se las gasta el galán compostelano, toda una vida juntos para terminar con un “te entiendo” de mierda, que es como un dejarla caer, un abandonarla en el río de la vida, un dejar tirado al amor como una alpargata vieja. Claro que entre Espe y Mariano hace mucho que no hay ojitos, ni poemas, ni tocamientos, ni nada, porque Espe no es la niña de sus ojos, ya no es joven y fértil en políticas de Estado como Soraya o la Cospedal. Y es que se les rompió el amor de tanto usarlo. Como dice la Jurado.

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ANGEL RUIZ buena

Cruz

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