Cine, Sandra Llopis
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Cine y educación (II): Dulaine

Fotograma de la película Déjate llevar, donde el baile es un camino a la educación.

Por Sandra  Llopis. Martes, 23 de febrero de 2016

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Es el turno del segundo de nuestros profesores de película: Pierre Dulaine. Hay que resaltar que, a diferencia del Profesor Holland (a quien dedicamos la primera parte de este artículo sobre cine y educación) el Pierre Dulaine de la película Déjate llevar es un personaje real: un profesor de baile que propició la aparición de toda una serie de programas gratuitos de danza para los alumnos más conflictivos de los institutos de Nueva York.

Estamos ante una cinta que a simple vista parece una película de baile, un ejercicio artístico capitaneado por el polifacético Antonio Banderas. Sin embargo, solo hay que rascar un poco para ver que su propósito es diferente. Esta película habla de educación, pero no de cómo enseñar lengua y literatura o matemáticas, sino de la educación en actitudes, valores y normas, algo cada vez más necesario en la educación y que cualquier profesor debe tener en cuenta, pues se trata de una materia transversal que atraviesa todo el currículum y que es absolutamente imprescindible para formar a sus alumnos. El baile solo es el pretexto para articular la historia, una forma atractiva de presentarla: los pasos elegantes, la música, el escenario… es el contexto perfecto.

Desde el inicio se nos presentan dos ambientes que conviven: el marginal y el de la élite. Las diferencias sociales se ven ya en los primeros segundos, cuando se nos van presentando los personajes solo con imágenes y los vemos preparándose para salir un sábado. Las diferencias en el vestuario y los lugares a los que acuden son notables. Tenemos por un lado el ambiente de la élite, representado por Pierre Dulaine, su academia de baile y sus alumnos de nivel avanzado. Por sus lujosos vestidos largos de finas telas, sus peinados sofisticados y su depurada técnica de baile, así como también por sus modales exquisitos, aunque en algunos personajes se tiñen de cierta soberbia. Y por otro lado tenemos el ambiente marginal, el de los chicos del instituto, conflictivo, con carencias económicas y situaciones familiares complicadas. Drogas, violencia, muerte, prostitución…

Dulaine se presenta en el instituto, uno de los más conflictivos de Nueva York, y se ofrece para dar clases, tras presenciar cómo uno de sus alumnos destroza el coche de la directora, porque está convencido del poder de su disciplina (los bailes de salón) para inculcar a los chicos una educación en valores y normas.

Y aquí llama la atención todas las medidas de seguridad que hay en el colegio (otra marca del ambiente marginal): detectores de metal, revisión de las pertenencias, cacheo… Y además, la actitud en guardia de la directora, que se asemeja a un funcionario de prisiones, dando órdenes a los alumnos por los pasillos. Por si esto fuera poco, hay problemas económicos de fondo, lo que refuerza este clima negativo en el centro, ya que se producen ciertos conflictos de intereses entre la directora y un profesor que pide más recursos: “Augustine, tenemos que premiar a los chicos que destacan, dándoles incentivos”. Pero su respuesta es tajante: “Este es mi instituto y yo decido lo que es una prioridad”. Y haciendo uso de esa autoridad acepta la propuesta de Dulaine, pero porque considera que aprender bailes de salón será como un castigo para los alumnos conflictivos. No cree que esas clases puedan tener ningún efecto positivo por sí mismas.

La primera clase es un fracaso. Los alumnos simplemente deciden abandonarla y Dulaine no reacciona, ellos se resisten al baile de salón porque lo ven como algo anticuado y cursi. Y cuando ya cree que no podrá hacerse con ellos, Dulaine descubre la clave: vincular lo que pretende enseñarles con los gustos de los alumnos. Aquí tenemos una de las claves de la educación: la motivación. Para los alumnos de Dulaine, la motivación vendrá de la mano de la sensualidad del baile y del aliciente del premio de 5.000 dólares del concurso de baile que se celebra en la ciudad a finales del curso.

Los alumnos, además, van tomando progresivamente confianza con su profesor, otro punto clave para la educación en general, y para la educación en valores que Dulaine pretende inculcarles en particular. Prueba de ello son las conversaciones privadas que tiene con diferentes alumnos, en las cuales estos le cuentan sus problemas y le piden que les ayude. Él lo intenta en la medida de lo posible, haciéndoles reflexionar para que ellos mismos lleguen a sus propias conclusiones y elijan el camino correcto. Como buen profesor, les guía en el descubrimiento del conocimiento, en lugar de darles directamente la respuesta.

Un punto que llama la atención en esta película es el contraste entre la actitud de Dulaine hacia la educación y la actitud del resto de profesores del centro, quienes se oponen a las clases de baile, porque consideran que los alumnos deberían mejorar en matemáticas o lengua, y no aprender bailes de salón. Por ello, se convoca una reunión para tratar esta cuestión con los padres, y el profesor que más se había quejado expone su opinión, afirmando que es “poco práctico” que los alumnos aprendan bailes de salón, porque cree que es algo que no van a usar nunca. Dulaine responde lo siguiente: “Lo que es poco práctico es crear una línea divisoria y que algunos chicos tengan derecho a aprender y otros no. […] Hacer algo, lo que sea, es difícil. Es más fácil culpar a tu padre, a tu madre, al entorno, al gobierno, a la falta de dinero… Pero aunque encuentres algo o alguien a quien culpar, eso no hace que desaparezcan los problemas”.
Tras esto, solicita a la directora que dé unos pasos de baile con él y después, ante las caras de extrañeza de los padres explica: “Verán, si ella deja que la guíe es que confía en mí. Pero además, confía en sí misma. Bien, si su hija de 16 años se siente fuerte y segura y confía en sí misma, ¿creen que es posible que algún idiota la deje embarazada? Y si su hijo aprende a tocar a una chica con respeto, ¿cómo tratará a las mujeres a lo largo de su vida? Señoras y señores, eso es lo que yo hago aquí en este instituto: enseño baile, y con ello, las normas que enseñarán a sus hijos el respeto, el trabajo en equipo y la dignidad. Y eso les ayudará a darles una visión del futuro que no les abandonará, una visión del futuro que siempre tendrán”.

Aplicando esta doctrina de educación en valores, los alumnos no solo aprenden bailes de salón, aprenden también a trabajar en equipo, a respetarse a sí mismos y a los demás. Aprenden incluso a disipar el clima de violencia y odio que domina sus vidas.

Y llegan el final de curso y la ansiada competición, donde los alumnos sorprenden a todos los presentes con su estilo. Aunque eso no evita que poco a poco vayan eliminando a todas las parejas. Sin embargo, dos de los alumnos, Sasha y Dan, consiguen llegar a la final, en la que compiten contra una pareja de alto nivel. Sasha cree que no podrán hacer nada para estar a la altura y Dan le dice: “No te preocupes por lo que ellos sepan y bailemos como nosotros sabemos”. Y entonces habla con Key, uno de sus compañeros, para que participe también en la actuación. La actuación se convertirá en un estupendo tango a tres, que deja a todo el público boquiabierto.

El resultado, pues, tras todo el proceso de enseñanza/aprendizaje que dirige el profesor de baile, y en el que sus alumnos acaban gustosamente inmersos, es una mejora notable de la propia autoestima, de los valores que tenían, de sus actitudes frente a los problemas y el mundo, y un cambio de actitud también en lo referente a la educación, la escuela, la disciplina y en cómo orientar su propia vida. Recordemos que la película está basada en hechos reales y que el personaje de Pierre Dulaine es completamente real. De hecho, los programas de baile en los institutos de Nueva York y de muchas otras ciudades de Estados Unidos funcionan a partir del que Dulaine creó, y está comprobado que los alumnos que asisten a dichos programas mejoran en muchos aspectos de su educación. Podríamos decir que Dulaine, el baile y su mente innovadora obraron el milagro, y lograron convertir a los patitos feos del instituto en unos bellísimos cisnes.

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SANDRA LLOPIS

Sandra Llopis

 

1 Kommentare

  1. Toni perez dicen

    Excelente articulo, ver también “Hoosiers, más que ídolos” donde un entrenador motiva a sus jugadores a la superación personal.

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