Humor Gráfico, José L. Castro Lombilla, Lombilla, Número 47, Opinión
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Carta a Gurb

Por J.L. Castro Lombilla

J. L. Castro Lombilla

J. L. Castro Lombilla

Estimado Gurb:

Para contribuir a la conmemoración del centenario de su muerte, el mismísimo Rubén Darío me ha mandado desde el más allá una bonita poesía dedicada a todos los españoles, ínclitas razas ubérrimas, titulada Sonatina desentonada. Ahí va:

 

España está triste… ¿qué tendrá España?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
(Hasta el PP ha perdido en Madrid a doña Espe,
que del barco ha saltado, no sea que la pillen,
la sabia ratona, la gran lideresa,
pues la Aguirre es muy lista además de condesa).
España está pálida en su silla de enea,
está mudo el teclado de su clave sonoro,
y en un botijo olvidada se desmaya una flor
(un cactus, concretamente).

La piel de toro puebla el triunfo de los gilipollas reales
(reales de realidad, no de realeza… que también).
Parlanchina, la prensa dice cosas banales,
y, vestido de rojo, piruetea el bufón. (Realmente piruetean centenares de bufones, pero es que en singular rima mejor).
España no ríe, España no siente;
España persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión. (Que ya son ganas de perseguir tonterías… Así nos va, en fin).

¿Piensa acaso en el príncipe de Golconda o de China,
o en el que ha detenido su carroza argentina (Rajoy, Sánchez o Rivera. Iglesias no porque él va en monopatín),
para ver de sus ojos la dulzura de luz? (Ladronamente carísima, que todo hay que decirlo).
¿O en el rey de las Islas de las Rosas Fragantes
(y es que en Zarzuela, a pesar de todo, huele divinamente, las cosas como son),
o en su hermana Cristina, la infanta de los claros diamantes
(que a ver de dónde los habrá trincado…),
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz? (Urdangarín, fijo).

¡Ay!, la pobre España de la boca de rosa
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa
(y no corrupta pepera ni demagoga e imbécil titiritera),
tener alas ligeras (o un gobierno cualquiera),
bajo el cielo sin prima de riesgo volar,
ir al sol de Bruselas por la escala luminosa de un rayo
(o por la puerta de atrás; total, qué más da),
saludar a los lirios con los versos de mayo
(y a la cabrona de ETA mandar por fin al carallo),
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.
(O correr a esconderse con descaro al Senado
como ha hecho, por cierto, doña Rita aforada, la Barberá.
¡Qué tía la jefa! Para evitar que la cojan
como Curro el torero da la espantá
y que sea otro al que quemen en la gran “mascletá”).

España ya no quiere el palacio, ni el gora Alka-Eta,
ni el PP enfangado, ni el bufón con coleta,
ni los sociatas mangantes triunfando en el Sur.
Y están tristes las flores por el hedor de la corte,
los sin techo de Oriente, los parados del Norte,
de Occidente curritas precarias y jornaleras del Sur.

¡Pobrecita España de los ojos azules!
Está presa en sus crisis, está presa en sus chorras gandules
(los separatistas coñazos, se entiende),
en la jaula de mármol del palacio real;
el palacio podrido que vigilan los fachas,
que custodian cien rojos con sus cien perrosflauta,
un lebrel que no duerme y un dragón colosal (el IBEX 35, claro).

¡Oh, quién fuera hipsipila (sea quien sea esta señora)
que dejó la crisálida!
(España está triste. España está pálida).
¡Oh visión adorada de Sanidad, Educación, Vivienda y Empleo!
Quién volara a la tierra donde un príncipe existe,
(sin familia ladrona, que siempre es de agradecer),
(España está pálida. España está triste),
más brillante que el alba
(¿que la duquesa difunta?, eso cualquiera),
más hermoso que abril
(¿qué la archioperada Victoria, a la sazón una actriz…? ¡Cualquiera también!).

—Calla, calla, España —dice el hada madrina
(la Merkel, para aclararnos)—; en caballo, con alas,
hacia acá se encamina (ya hay que tener ganas),
en el cinto la espada (¡vaya por Dios!), y en la mano el azor (¿qué pájaro es ése…? ¡Me temo lo peor!),
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte
(¿no será Franco…? ¡Lagarto, Lagarto!),
a encenderte los labios con un beso de amor.
(Ya puestos, si además del beso hubiera un magreo,
un cunnilingus, alguna felatio o anal toqueteo
todo sería mucho mejor… ¡Vamos, digo yo!).

The End

Tuyo afectísimo:

José Luis Castro Lombilla

*****

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