Adrián Durante, Literatura
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Adiós a Umberto, adiós al eco del último humanismo

Umberto Eco, un humanista, un filósofo, un creador total. Foto: La Stampa.

Por Adrián Durante. Lunes, 22 de febrero de 2016

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  Literatura

En cierta ocasión alguien le preguntó a  Umberto Eco qué era él en realidad y el narrador italiano respondió: “Soy filósofo, escribo novelas sólo los fines de semana”. Un escritor que hizo filosofía. O un filósofo que escribió novelas. En cualquier caso fue el último humanista de nuestro tiempo, el último renacentista con mayúsculas.

Umberto Eco murió en la tarde del viernes a los 84 años. Los recortes de prensa publicados en Italia aseguran que el novelista falleció en su casa víctima de un cáncer. El gran público le recordará por El nombre de la rosa, que vendió más de un millón de ejemplares y fue traducida a varios idiomas, y por El péndulo de Foucault. Pero la huella intelectual de Eco fue mucho más allá. Además de sus relatos de ficción, escribió numerosos ensayos sobre semiótica, estética medieval, lingüística y filosofía. Para la posteridad quedará una obra de referencia para todos aquellos que quieran dedicarse al periodismo, a la estética y al arte: Apocalípticos e integrados (1964), donde Eco realiza un estudio sobre la cultura popular y los medios de comunicación de masas. La obra, que parte de dos posiciones opuestas ante la cultura, la apocalíptica y la integrada, generó un agrio debate académico en todo el mundo durante décadas.

Umberto Eco nació en Alessandria (Italia) el 5 de enero de 1932. Su apellido es supuestamente un acrónimo del ex caelis oblatus (en latín: un regalo de los cielos), que fue dado a su abuelo (un expósito) por un funcionario de la ciudad. Antes de ser reclutado para luchar en tres guerras, el padre de Umberto, Giulio Eco, que provenía de una familia de trece hijos, trabajó como contable. El camino del pequeño Eco quedó trazado desde bien temprano hacia el estudio de las humanidades. Siendo joven, y cuando aún estallaban las bombas de la Segunda Guerra Mundial, él y su madre, Giovanna, se mudaron a un pequeño pueblo en la ladera piamontesa. Más tarde Eco recibió una educación salesiana, hecho al que casi siempre aludía en sus obras y entrevistas. Tras acabar sus estudios primarios, ingresó en la Universidad de Turín con el fin de estudiar Filosofía Medieval y Literatura. La tesis de Umberto versó sobre el tema de Tomás de Aquino y esto le valió una licenciatura en Filosofía en el año 1954. En ese período, Eco abandonó la Iglesia católica después de una profunda crisis de fe, pasando a engordar las huestes de los intelectuales escépticos. Poco tiempo después consiguió la plaza de profesor en la misma universidad. También impartió clases en Milán, Florencia y Bolonia, donde creó la primera cátedra de Semiótica. Como recuerdan quienes lo entrevistaron en aquellos años, Eco fue clave en el desarrollo de esta disciplina como ciencia, aunque finalmente reconoció que tras darle muchas vueltas, la Semiótica se había hecho tan compleja que se había alejado quizá demasiado de la realidad, tal como admite en su libro Los límites de la interpretación.

Los trabajos de Eco en disciplinas tan diversas como la crítica literaria, la semiótica y la comunicación lo consagraron como especialista multidisciplinar, un auténtico hombre de letras en el sentido renacentista del término, y numerosos medios y revistas especializadas de todo el mundo publicaron artículos suyos de todo tipo y en varios idiomas. Eco llegó a trabajar como editor cultural para la Radiotelevisión Italiana (RAI) la emisora estatal, donde trabó contacto con un movimiento de artistas de vanguardia, pintores, músicos y escritores (el Grupo 63) que le ayudó en su futura carrera como novelista.

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En septiembre de 1962 se casó con Renate Ramge, una profesora de arte alemana con quien tuvo un hijo y una hija. Pronto divide su tiempo entre un apartamento en Milán y una casa de vacaciones cerca de Rimini. Logra acumular una biblioteca de 30.000 volúmenes en el primer domicilio y otra de 20.000 en el segundo. Las bibliotecas se convirtieron en una auténtica obsesión para él a lo largo de su vida.

Pero el punto de inflexión en su carrera, su consagración mediática, no iba a llegar con la Semiótica ni con la Filosofía escolástica, sino con una novela, una gran novela de época para ser más exactos: El nombre de la rosa (1983) ¿Quién está matando a los monjes en una gran abadía medieval famosa por su biblioteca y por qué? Ese fue el punto de partida de la historia. Ambientada en el turbulento ambiente religioso del siglo XIV, la novela narra la investigación que realizan fray Guillermo de Baskerville y su pupilo Adso de Melk para aclarar los crímenes que suceden en el monasterio de los Apeninos ligures. Aclamado por la crítica como un best seller nada más salir al mercado, la historia de Eco combina elementos de la novela policíaca e histórica con las reflexiones sobre filosofía metafísica. La ambientación de la novela resulta magistral. Eco fue tan minucioso en la recreación de la abadía en la que se desarrolla la acción que fue capaz de describir con exactitud matemática el tiempo que un personaje tarda en llegar de un ala del monasterio a otra y hasta de contar la cantidad exacta de escalones de una estancia del castillo que se ve obligado a subir o bajar. El tirón de la novela llevó a la realización de una versión cinematográfica homónima, también exitosa, dirigida por el francés Jean-Jacques Annaud en 1986, con Sean Connery como el franciscano Guillermo de Baskerville y un adolescente Christian Slater encarnando a su pupilo Adso. El nombre de la rosa es una crónica sobre las guerras religiosas del siglo XIV, una historia de las órdenes monásticas y un compendio de los movimientos heréticos, todo ello rodeado de la más angustiosa y milenarista atmósfera medieval. También es una detallada descripción de las controversias filosóficas entre realistas y nominalistas, las dos escuelas que se disputaban el dominio del pensamiento humano en aquella época.

El péndulo de Foucault (1989) fue otro gran éxito editorial. Tres intelectuales que trabajan en una editorial de Milán establecen contacto con autores interesados en las ciencias ocultas, las sociedades secretas y las conjuras cósmicas. En un primer momento dicha relación se mantiene estrictamente profesional, pero poco a poco van estrechándose los lazos. Editores y autores inventan juntos, por puro juego, un complejo plan, urdido supuestamente por los templarios siete siglos atrás. Pero alguien toma demasiado en serio el juego, y todos ellos se verán inmersos en una inquietante pesadilla.

A medida que Eco va desarrollando su talento narrativo, va perfeccionado la mágica combinación entre la novela de época y la ficción filosófica y adquiere gran destreza en ambos géneros que funde en uno solo. La isla del día de antes (1995) situada en el siglo XVII, es la tercera novela del autor y cuenta la historia de Roberto, un joven piamontés que llega como náufrago a una nave abandonada donde encuentra sólo animales desconocidos y extrañas máquinas. Frente a la nave hay una isla de ensueño, tan cercana como inalcanzable. Confinado en este exiguo espacio y perdido en el vasto mar, Roberto nos pone al corriente sobre su pasado –duelos, lances amorosos, disputas de salón– a través de las cartas que escribe a una enigmática señora. Pero Roberto ha viajado hasta allí con una misión muy concreta: resolver el misterio por el cual pugnan las nuevas potencias de la época.

BaudolinoEl siguiente paso en la aventura literaria de Eco es Baudolino (2002) otra vuelta a la fascinante Edad Media. En esta maravillosa, deslumbrante y seductora historia se vuelven a mezclar el mito, la historia y la invención. La acción transcurre en 1204, con Constantinopla como escenario, la ciudad que está siendo saqueada y quemada por los caballeros de la Cuarta Cruzada. Baudolino, un pequeño campesino fantasioso y embustero, conquista a Federico Barbarroja y se convierte en su hijo adoptivo. Baudolino fabula e inventa pero, casi milagrosamente, todo aquello que imagina genera Historia. Así, entre otras cosas, crea la mítica carta del Preste Juan, que prometía a Occidente un reino fabuloso, en el lejano Oriente, gobernado por un rey cristiano, una carta que ha nutrido la imaginación de muchos viajeros posteriores, entre los que se cuenta Marco Polo. Empujado por la invención de Baudolino, Federico emprende un viaje con el pretexto de hacer una cruzada para restituir al Preste Juan la más preciosa reliquia de la cristiandad: el Santo Grial. Federico morirá durante el viaje, en circunstancias misteriosas, pero su ahijado continuará hacia aquel reino lejano, entre los monstruos que han habitado los bestiarios del medioevo y vicisitudes llenas de magia y hechizo durante las que vivirá un delicado episodio amoroso con la más singular de las hijas de Eva. Aventura, picaresca, novela histórica, relato de un delito imposible, narración fantástica, teatro de invenciones. Todo eso se conjuga en esta magnífica novela.

Luego llegarían La misteriosa llama de la Reina Loana (2004) El cementerio de Praga (2010) y Número cero (2015) una crítica sobre el periodismo actual, un canto de sirena sobre hacia dónde se dirige la prensa decadente demasiado propensa a inventar noticias en estos tiempos de crisis de ideales y mercadotecnia. “Alguien debe de haber tenido alguna vez la idea de crear un periódico no para ser leído por el público, sino para extorsionar a los poderes establecidos con el propósito de buscarse un hueco entre ellos. Bastan unos pocos periodistas debidamente dirigidos y apenas unas decenas de ejemplares para intimidar a los destinatarios seleccionados. Todo muy barato e higiénico, sin el coste de su publicación, que siempre deja un reguero de sangre. Chantaje low cost”, asegura Jesús Cebeiro en una extraordinaria crónica en El País.

Desde 2008 Eco fue profesor emérito y presidente de la Escuela Superior de Humanidades de la Universidad de Bolonia. También fue nombrado doctor honoris causa por 38 universidades en el mundo y posee prestigiosas condecoraciones, como La Legión de Honor de Francia. El diario italiano Corriere Della Sera asegura en sus necrológicas que Umberto Eco fue uno de los modernizadores de la cultura italiana en los últimos sesenta años. “Los libros siempre hablan de otros libros y cada historia cuenta una historia que ya se ha dicho”, llegó a decir el narrador italiano. Fue condecorado con el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación en el año 2000 y miembro del Foro de Sabios de la Mesa del Consejo Ejecutivo de la Unesco. Ávido estudioso de los fenómenos de la comunicación, en los últimos años el escritor italiano emprendió una crítica feroz contra las nuevas tecologías e internet, en especial contra las redes sociales como Twitter y Facebook por dar “el derecho de hablar a legiones de idiotas que hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Es la invasión de los necios”, aseguró. En los últimos días de su vida, su esposa lo convenció para volver a la casa familiar situada en las colinas entre Milán y Turín. El escritor se retira al ático atestado de cajas llenas de periódicos, cómics, discos, álbumes, fotos y diarios adolescentes, como Yambo Bodoni, el protagonista de la La misteriosa llama de la Reina Loana. Allí siguió fabulando, maquinando e inventando historias hasta el final.

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Frases célebres de Umberto Eco:

1. Sobre los libros

“Los libros no están hechos para que uno crea en ellos, sino para ser sometidos a investigación. Cuando consideramos un libro, no debemos preguntarnos qué dice, sino qué significa”. El nombre de la rosa.

2. Sobre los padres

“Creo que aquello en lo que nos convertimos depende de lo que nuestros padres nos enseñan en pequeños momentos, cuando no están intentando enseñarnos. Estamos hechos de pequeños fragmentos de sabiduría”. El péndulo de Foucault.

3. Sobre Dios

“Cuando los hombres dejan de creer en Dios, no quiere decir que creen en nada: creen en todo”.

4. Sobre el amor

“El amor es más sabio que la sabiduría”. El nombre de la rosa.

5. Sobre los héroes

“El verdadero héroe es héroe por error. Sueña con ser un cobarde honesto como todo el mundo”.

6. Sobre los villanos

“Los monstruos existen porque son parte de un plan divino y en las horribles características de esos mismos monstruos se revela el poder del creador”. El nombre de la rosa.

7. Sobre la poesía

“Todos los poetas escriben mala poesía. Los malos poetas la publican, los buenos poetas la queman”.

8. Sobre el periodismo

“No son las noticias las que hacen el periódico, sino el periódico el que hace las noticias y saber juntar cuatro noticias distintas significa proponerle al lector una quinta noticia”. Número cero.

9. Sobre internet

“Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que antes hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Entonces eran rápidamente silenciados, pero ahora tienen el mismo derecho a hablar que un Premio Nobel. Es la invasión de los imbéciles”. Eco al diario La Stampa.

10. Sobre la corrupción

“Hoy, cuando afloran los nombres de corruptos o defraudadores y se sabe más, a la gente no le importa nada y solo van a la cárcel los ladrones de pollos albaneses”.

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