Francisco Cisterna, Humor Gráfico, Iñaki y Frenchy, Número 46, Opinión
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Adagio para un presidente

Por Paco Cisterna / Ilustración: Iñaki y Frenchy

Francisco Cisterna

Francisco Cisterna

Cuántas veces al borde de la ansiedad hemos oído el clásico invísteme despacio que tengo prisa. El célebre refrán advierte a los candidatos que las precipitaciones no son buenas consejeras, sobre todo, cuando sobrepasan los 60 escaños por metro cuadrado. Algo tan obvio como un relaxing cup of café con leche o, tan evidente, como aquella frase de Helenio Herrera de que sin presidente se juega mejor. Aun así, han transcurrido cuarenta días en los que se ha deteriorado la confianza de los consumidores hasta alcanzar los niveles del 2012. Cuarenta días y cuarenta noches de tentaciones en el desierto de los pactos estériles. Cuarenta días más de corrupción sobrevolando nuestras cabezas como las gaviotas de Duncan Dhu –mejor cuervos–, sin que sepamos dónde irán o cuándo detendrán el vuelo. En definitiva, cuarenta días tirados a la basura. Y los que te rondaré, morena, con paciencia, que es la madre de la Ciencia.

Invísteme por piedad, yo te lo pido, salmodian los candidatos, hincados de hinojos en el escaño, con un san Pancracio colgado a la espalda. Acarician en sueños las presidencias, las vicepresidencias y las carteras de piel ministeriales o las ecológicas carpetas de cartón reciclado –no sólo de piel vive el hombre, Satanás–, que un día les llevarán al poder para el que nacieron, porque el poder es una vocación tan innata como el sacerdocio. Doce hombres sin piedad con más líneas rojas que un cuadro de Kandinsky, pero con la mano tendida al vacío de las enemistades programáticas y las amistades peligrosas. Seamos sinceros ¿cuántos electores se han leído a fondo los programas, incluidos los de Telecinco? o viceversa ¿cuántos partidos han cumplido sus programas de gobierno tan siquiera al cincuenta por ciento? El que repara en pelos ni lo cata. A no ser que el plato tenga más pelos que el sobaco de la Bernarda, o que el menú esté trufado de sapos y culebras al aroma del Montseny.

Este país de países, España, o lo que sea que seamos, no está en situación de hurgarse el ombligo con gasa esterilizada. No tenemos una economía tan boyante como para permitirnos ciertos lujos políticos, que hoy quieren presentarse como fundamentales, ni podemos anteponerlos a las prioridades básicas. Lo que arrastramos del pasado y los sacrificios que se dibujan en el futuro –por expresarlo con trazo fino– son de toma pan y moja. Se necesita valentía y amplitud de miras para fijar la acción en las personas y no en las ideologías. Componer lo básico, lo imprescindible, los cimientos de futuro, y aliviar el peso a los más desfavorecidos, que ya vendrán más elecciones y tiempos mejores para auscultarnos el ombligo. Y si los gatos no son tan fieles ni tan agradecidos como los perros es porque naturaleza obliga: la del hombre y la de los animales.

En una situación de emergencia, no se puede pactar ni gobernar en función de los réditos partidistas o volveremos otra vez a lo de siempre, si es que alguna vez se ha ido. Sería deseable, en está investidura a fuego lento, que nadie ganase el cielo engañando a los ángeles.

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IÑAKI Y FRENCHY

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