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Editorial: El PP, un partido que va a la deriva, sin rumbo y en el lodo

Viñeta: El Koko Parrilla y Elarruga: Viernes, 18 de febrero, de 2016

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   Editorial

Tanto avisar de que España se rompía y al final ha sido el PP el que se ha roto. El Partido Popular de Valencia está desarbolado tras la última Operación Taula, que ha llevado al juzgado, o a prisión, a la mayoría de los directivos del grupo municipal valenciano. Mientras tanto, la todopoderosa presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, se veía obligada a presentar su dimisión, acorralada por los últimos escándalos de financiación en el PP madrileño. En ambos casos se habla de contratos amañados con empresas afines al partido, de cobro de comisiones, de mordidas, de presunta financiación ilegal y blanqueo de capitales. En Valencia, la situación es tan grave que se ha tenido que constituir una gestora provisional al mando de Isabel Bonig, ya que no quedaban concejales ni cargos públicos populares libres de sospecha. Todos los indicios apuntan a la alcaldesa de la ciudad, Rita Barberá, que durante años supuestamente ha tolerado, cuanto menos, que su partido se haya convertido en una «organización criminal», según imputaciones de la Justicia, en una especie de banda jerarquizada y con conexiones internacionales que habría amañado multitud de contratos públicos de diversas administraciones a cambio de comisiones que oscilaban entre el dos y el tres por ciento. Son acusaciones muy graves y Barberá, abochornada ante el aluvión de suciedad que ha ido saliendo de su partido en las últimas semanas, ha optado por refugiarse en su casa como una ermitaña, sin salir a la calle ni dar explicaciones, ni en el Ayuntamiento de Valencia ni a los medios de comunicación. La en otro tiempo idolatrada e intocable Rita –la dama de rojo de los grandes fastos, de la Copa América y la Fórmula uno, todos ellos negocios ruinosos que solo han servido para el enriquecimiento de unos cuantos amiguetes del régimen y que han llevado a las arcas municipales a la quiebra–, parece que ve cómo se acercan sus últimas horas en la política, por mucho que se siga acogiendo a su aforamiento como senadora para no tener que prestar declaración ante la Justicia. Rita tiene numerosos frentes abiertos, no solo la financiación de su partido mediante la adjudicación de contratos a dedo y al margen de la ley, sino el llamado escándalo Ritaleaks, todo ese despilfarro injustificado en comidas, bebidas, hoteles y viajes de los que disfrutó durante su etapa como alcaldesa. Fuentes judiciales aseguran que resulta “imposible” pensar que la primera edil no estuviera al corriente de las prácticas delictivas que se cometían en su grupo municipal, por lo que de no haber gozado del privilegio del aforamiento, sin duda a estas alturas también figuraría en el sumario, al menos como investigada. Mariano Rajoy, fiel a su estilo de no hacer nada ante los problemas graves y dejar que la situación se pudra por propia inercia, no solo está permitiendo que Barberá siga manteniendo su cargo de senadora (pese a que ni siquiera va ya por el Senado, lo que supone una flagrante conducta de absentismo laboral) sino que la ha blindado todavía más, convirtiéndola en miembro de la Diputación Permanente del Senado, lo que refuerza su inmunidad ante la investigación que está llevando a cabo la Guardia Civil.

No hay mayor responsable de la corrupción en el PP que el presidente del Gobierno, por haber mirado para otro lado durante tanto tiempo

La otra cara de la moneda es Esperanza Aguirre, la dama de hierro que ha controlado con puño firme el partido desde la capital de España. El pasado domingo, día de San Valentín, Aguirre convocaba una rueda de prensa de urgencia para informar de su dimisión como presidenta del PP en la Comunidad de Madrid horas después de que la Guardia Civil pusiera en marcha una nueva fase de la operación contra la trama Púnica, que afecta de lleno al Partido Popular. Los agentes realizaron más detenciones y nuevos registros en busca de pruebas de financiación irregular del partido, de modo que la posición de Aguirre resultaba ya insostenible. Tanto la Guardia Civil como el juez de la Audiencia Nacional, Eloy Velasco, tienen indicios más que suficientes de que empresarios madrileños han estado obteniendo adjudicaciones al margen de los concursos públicos, durante años, a cambio de pagar comisiones ilegales que iban a parar a la campaña del PP para las elecciones autonómicas. Ante esta situación, Aguirre se vio obligada a dejar el cargo, no le quedaba otra salida. Antes de tomar su decisión informó a Mariano Rajoy, quien le contestó con un escueto mensaje de móvil tan frío y revelador como inquietante: “Te entiendo”. Las relaciones entre ambos son desde hace tiempo gélidas, distantes, y la misma Aguirre, en su comparecencia ante la prensa para anunciar que lo dejaba, mostró la puerta al presidente del Gobierno, insinuándole de alguna manera que debería seguir el mismo camino que ella. Sin embargo, y pese a que es cierto que Aguirre de momento no se encuentra imputada en ningún delito, su decisión de cesar en el cargo llega tarde y mal, ya que la expresidenta de la Comunidad de Madrid debería haber dimitido hace ya muchos meses, en concreto en octubre de 2014, cuando estalló el escándalo de la trama Púnica que terminó con Francisco Granados, su delfín y mano derecha, ingresado en prisión.

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La corrupción del PP ya no se trata de “dos manzanas podridas”, como quiere hacernos ver Aguirre, sino que es sistémica, generalizada y una forma habitual de financiar el partido y los gastos privados de decenas de cargos populares. Ya van más de 100 imputados por la trama Púnica, que salpica a cuatro autonomías: Madrid, Valencia, Murcia y Castilla-León. Con todo, la dimisión de Aguirre ha sido tan extravagante y peculiar como su forma de gobernar durante todos estos años, ya que dejará la presidencia del partido en Madrid pero paradójicamente seguirá manteniendo su cargo de portavoz municipal. Es decir, se va pero no se va, dimite pero se queda.

Rita Barberá y Esperanza Aguirre son los iconos de dos comunidades donde la corrupción ha sido el motor de la economía durante años

De modo que tanto la cúpula del PP valenciano como la madrileña se encuentran ahora mismo a la deriva, perdidas, sin rumbo y en el lodo, como decía el viejo y célebre bolero de los Panchos. Y el responsable no es otro que Mariano Rajoy. Durante los últimos años, el registrador de la propiedad de Santa Pola ha llevado a cabo una nefasta gestión de la corrupción en su partido, primero intentando convencer a la opinión pública de que todo se debía a un montaje de algunas personas, de la oposición y de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado; más tarde negándola o achacándola a las conductas aisladas de unos pocos, como el tesorero Bárcenas; y finalmente, cuando ríos de mugre corrían imparables por las cloacas de Génova, simplemente ignorándola o restándole importancia. No hay otro culpable de los latrocinios que se han cometido en ese partido que Mariano Rajoy. No hay mayor responsable por su negligencia y abstencionismo en la persecución de los delitos que el presidente del Gobierno. Él ha tenido numerosas ocasiones para presentar su dimisión y no lo ha hecho. Él, en su terquedad, en su intento de mantenerse en el poder a toda costa, ha llevado al PP a convertirse en una red criminal organizada, como dicen varios jueces de la Audiencia Nacional, y hoy la gaviota popular se encuentra al borde de la extinción. Solo una refundación, como piden muchas voces autorizadas del PP, podrían salvar al partido de su desaparición. Y quizá sea demasiado tarde hasta para eso. Si Rajoy quiere rescatar los muebles de Génova (esperemos que estos sí hayan sido pagados en A y no en B, aunque sean de Ikea) solo le queda seguir los pasos de Aguirre y presentar su dimisión, colocar al frente de la gestora a una persona en principio no manchada como Cristina Cifuentes y convocar un congreso extraordinario para elegir nuevo presidente del partido. Pretender llegar a las elecciones adelantadas como candidato a la presidencia del Gobierno no solo será inútil, sino que solo servirá para hundir al PP un poco más. Si es que no está ya suficientemente hundido.

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PEDRO EL KOKO PARRILLA

El Koko Parrilla

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