Humor Gráfico, L'Avi, Número 45, Opinión, Rosa Palo
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Pelos revueltos

Por Rosa Palo / Ilustración: L’Avi

ESTHER-BAEZA-(ROSA-PALO)

Rosa Palo

Es más fácil hablar con Rajoy que con servidora: cuando llaman a casa las teleoperadoras para dar la paliza, siempre les contesto con un “la señora no se encuentra”. Y no miento, que la señora no se encuentra porque la señora está más perdida que Marhuenda en una rave. En cambio, marcas el número de Moncloa y Rajoy se pone al teléfono. Lo llama –supuestamente– Puigdemont, y el presidente le entra con un “¿Cómo va la vida?”. Retirado el rey Juan Carlos, Rajoy es el nuevo campechano. Tan afable, tan cercano. Un hombre cuya máxima aspiración es que lo dejen tranquilo con su siesta a la hora de la vuelta ciclista, su Madrid, su julepe y sus cosas de muy español y mucho español. Machado lo retrata en Del pasado efímero: “Este hombre del casino provinciano / que vio a Carancha recibir un día, / tiene mustia la tez, el pelo cano, / ojos velados por melancolía”. Tal cual. En lo único que no coincide Rajoy con la descripción machadiana es en lo del pelo cano, que Rajoy consume Farmatint por galones: cuando lo llame el auténtico Puigdemont tiene que preguntarle al presidente qué número de tinte usa, que los pelos del molt honorable son un desastre mayúsculo, superlativo y tremebúndico, con esas canas rebeldes, sueltas e independentistas. Que el president de la comunidad autónoma (o lo que sea) más vanguardista en temas capilares lleve ese pelucón no augura nada bueno. Puigdemont no es que necesite a Rupert, es que necesita un esquilador.

Definitivamente, los pelos están revueltos. Después del lío que se montó en el Congreso por un quítame allá esas rastas, la cosa se ha seguido enredando. A Arcadio Mateo, director general de Acuamed, le pagaban las constructoras con trasplantes de cabello y viajes a Turquía, que Turquía es la meca de los calvos: paquetes turísticos para irte hecho un huevo pelao y volver con una melena que ni Sandokán. O con un gato muerto en la cabeza, que es lo que lleva este señor. “Arcadio Mateo, el trasplante te veo”, ha dicho el juez Velasco en su auto. Y al talego. No creo que haya nada más ignominioso que te pillen por un trasplante, sea lo que sea lo que signifique “ignominioso”. O sí: Kiko Matamoros se ha trasplantado las cejas. 500 pelos en cada una. Amárrame esos pavos. Hora y media que se tira servidora depilándoselas para no parecer un cruce entre Anthony Davis y Frida Kahlo, y va Matamoros y se pone dos sobacos en la frente. Menos trasplantarse el cerebro, lo que sea. Eso sí, tema da la cosa, que a pelo revuelto, ganancia de opinadores.

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L'Avi

            L’Avi

 

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