Artsenal, Humor Gráfico, Número 45, Opinión, Xavier Latorre
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Elemental, querido Watson

Por Xavier Latorre / Ilustración: Artsenal

Xavier Latorre

Xavier Latorre

Podemos hablar con las máquinas e interactuar de forma más o menos íntima con ellas. Los nuevos asistentes de voz –el Siri, de Apple, o el Cortana, de Microsoft– nos permiten pedirles favores y mediaciones en la red por la cara. Son unos artilugios electrónicos, que interactúan 24 horas al día, que recogen todos nuestros gustos y webs favoritas y los mantienen alojados peligrosamente en un buscador de espías al que llaman de forma sibilina la “nube”. El otro día le pedí a este mayordomo digital que me recitara los requisitos para formar grupo parlamentario en el Congreso de los Diputados. Se pasó medio día invocando artículos, supuestos y reglas antes de colgarse por completo. Si le preguntas las diferencias entre una taza y un plato te redirige de forma arisca a la lánguida web del presidente en funciones y en desuso, Mariano Rajoy. La eficiente secretaria virtual debe estar harta de la absurda pregunta de marras (Siri,  ¿qué significa “marras”?)

Los ordenadores hablan. Algunos parecen tan asépticos como los propios políticos trazando posibles pactos y hojas de ruta (como en Catalunya camino de la independencia). Esos ingenios electrónicos se saben la vida y milagros del honorable Puigdemont a base de tantas consultas vertidas sobre el sucesor de Mas. Les preguntas a estos asistentes personales a viva voz quién gobernará España y contestan con la voz del líder socialista que no es no. Mientras Rajoy implora una gran coalición, Sánchez exhibe su porte por las comunidades de vecinos de los grupos minoritarios.

Los políticos no paran de demandar transversalidad (Cortana, ¿qué es la transversalidad?). La inteligencia artificial, lo dicen los ricachones y poderosos reunidos en Davos, dejará en el paro a un puñado de millones de trabajadores en todo el mundo. La hora extra de Siri, la voz enlatada del Iphone, sale por unos cero euros. Esa voz de ultratumba aprende rápido todo lo que te interesa a ti que eres su capataz, menos de economía, claro. En esa asignatura ha suspendido como todos los mortales; ha rastreado muchas webs especializadas y se ha vuelto majareta. Si el IPC está alto es malo; si está bajo, también. Si el petróleo está por las nubes agotamos las reservas de divisas, si su cotización se sitúa por los suelos, como ahora, los países emergentes y los árabes se resienten y no nos compran deuda. Si sube la Bolsa, los tipos de interés o el dólar es perjudicial para la salud del país; al contrario, también. ¿En qué quedamos? No me extraña que estos auxiliares de navegación digital se líen al intentar explicarnos cualquier noticia de la sección de Economía.

El futuro ha puesto esa mano de obra virtual a trabajar gratis para nosotros. El superordenador Watson de IBM venció, en una tanda de preguntas difíciles, a unos tipos listos que habían ganado jugosos premios en diversos concursos televisivos. Son más rápidos e inteligentes que nosotros, qué le vamos a hacer. Es justo que nos echen a la calle antes que a ellos; en invierno, además, no se suelen resfriar. La última en llegar será la señorita Moneypenny, la secretaria que atiende a James Bond desde Londres. Ella será nuestra encargada personal para los asuntos de Facebook. Esa eficiente secretaria celosa utilizará algoritmos neuronales artificiales (esto me lo acabo de inventar) para dar el pego y demostrar a nuestros amigos lo ingeniosos que somos, lo guapos que salimos retocados y los gustos tan extravagantes y sofisticados que tenemos mientras aguantamos la cola de la oficina del paro.

Los asistentes de voz de los nuevos parlamentarios, elegidos el 20-D, ya saben que hay que reformar la constitución, derogar las crueles leyes de la anterior legislatura y resolver, entre otros asuntos caducados del antiguo regimen, la mal llamada cohesión territorial. Lo que no saben es cómo ni con quién. La versión Rajoy.0 está ya superada. La solución de bloqueo institucional la podría solventar un robot artificial de consenso. ¡Cortana, Siri o Moneypenny, for president! ¿Por qué no?

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Artsenal

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