Becs, Editoriales, Número 44
Deje un comentario

Editorial: La España ingobernable

Ilustración: Becs. Viernes, 8 de enero de 2016

Deportes

    Editorial

Veinte días después de las elecciones generales del 20D, España sigue siendo un país sin Gobierno. Mariano Rajoy hace guiños al PSOE y a Ciudadanos para que se sumen a una gran coalición a tres bandas, pero ni Pedro Sánchez ni Albert Rivera parecen muy dispuestos a aceptar su ofrecimiento. Más bien huyen de Rajoy como de la peste. No en vano, el presidente es un líder amortizado, quemado, acabado, un jefe de Gobierno zombi con el que nadie quiere sentarse a negociar. Su pasotismo en la lucha contra la corrupción en su partido y el sufrimiento que sus políticas de austeridad han causado a las clases medias y bajas del país en los últimos años lo han convertido en el líder peor valorado en estos momentos y en el culpable directo del descalabro del PP en las pasadas elecciones, donde los populares perdieron la mayoría absoluta y cosecharon los peores resultados desde 1989. No son pocas las voces que desde Génova, aunque por lo bajini y entre bambalinas, piden al presidente que dimita ya y deje paso a un nuevo líder limpio de polvo y paja. Rajoy, sin embargo, insiste en que se ve fuerte para continuar cuatro años más, pese a que su imagen de agotamiento y debilidad dice lo contrario.

No son pocas las voces que desde Génova reclaman que Mariano Rajoy deje paso a un nuevo líder para remontar el vuelo en el PP

Pedro Sánchez, por su parte, sabe que pactar con Mariano Rajoy supondría no solo cavar su propia tumba, sino la tumba de lo que queda del maltrecho PSOE, ya que muchos de sus votantes no entenderían un acuerdo con un gobierno “indecente”, por utilizar el adjetivo que el propio Sánchez esgrimió para calificar a Rajoy en el debate cara a cara que mantuvo con él en la televisión. El propio portavoz socialista en el Congreso, Antonio Hernando, ya le ha dicho al presidente, por activa y por pasiva, que abandone sus vanas “ensoñaciones” de pactar con el PSOE. “Que deje de hablar de grandes coaliciones con el Partido Socialista porque con el PP no va a haber ni grandes coaliciones, ni pequeñas, ni mediopensionistas. No es no”, aseguró Hernando en los pasillos de la cámara baja. No obstante, y pese a que Sánchez parece tener más que claro que jamás firmará un acuerdo de gobernabilidad con el PP, en las próximas semanas tendrá que soportar fuertes presiones de algunos barones de su partido que no verían con malos ojos un acuerdo con los populares en pro de la estabilidad del país. Viejos patriarcas como Felipe González ya han dejado caer en público que una gran coalición PP/PSOE no sería desdeñable, y que incluso sería lo más conveniente para España en estos momentos de zozobra. Por su parte, Susana Díaz, la todopoderosa jerarca del Partido Socialista de Andalucía, también le ha metido presión a Sánchez al decirle que nada de pactar con Podemos mientras este partido anteponga el referéndum de autodeterminación en Cataluña a cualquier posible negociación. De modo que a los malos resultados del PSOE en las pasadas elecciones generales (los peores de toda su historia al haber logrado solo 90 escaños) se unen las tensiones internas que se han desatado en las últimas semanas en el seno del partido, y que amenazan con provocar una división histórica en dos facciones. Condenado al ostracismo el Partido Socialista de Madrid (ha pasado a ser la cuarta fuerza por detrás del PP, Podemos y Ciudadanos) abocado el PSC de Miquel Iceta a una representación casi testimonial en Cataluña, un tradicional feudo socialista, el PSOE se encuentra ante la encrucijada más trascendente y grave de toda su historia. Al igual que Rajoy, Pedro Sánchez se encuentra en una posición delicada y de franca debilidad. No quiere ni debe pactar con el PP y tampoco puede hacerlo, de momento, con Pablo Iglesias, pese a que esta opción, la de formar un gobierno de izquierdas PSOE/Podemos, más IU, Esquerra Republicana de Catalunya y alguna que otra formación minoritaria, sería la única salida que le quedaría al líder socialista para que pudiera ser investido presidente del Gobierno. Si finalmente Pedro Sánchez no llega a la Moncloa, aunque sea como jefe de un gabinete cuatripartito o quintupartito, su futuro será aún más negro todavía, ya que los barones socialistas aguardan la oportunidad propicia para descabalgarlo y colocar a Susana Díaz, a la que ya consideran caballo ganador y recambio en estas horas bajas del partido. Será en el próximo congreso del PSOE, donde quizá Eduardo Madina aún tenga una nueva oportunidad, donde se dilucidará quién será el secretario general para los próximos años.

Pedro Sánchez, necesitado de pactos, está cuestionado por los barones de su partido mientras que el tiempo juega a favor de Pablo Iglesias

Mientras tanto, Pablo Iglesias sigue a la expectativa. El líder de Podemos sabe que el tiempo juega a su favor, ya que de no alcanzarse un acuerdo entre las demás fuerzas políticas para formar un gobierno en el plazo constitucional establecido, no quedará otra solución que volver a convocar elecciones. Este escenario no le desagrada a Iglesias, convencido como está de que la crisis del PSOE y el hastío de muchos ciudadanos ante un sistema bipartidista que está haciendo aguas por todas partes le favorece más que le perjudica. Iglesias piensa que, de repetirse los comicios, una fuga masiva de votos del PSOE hacia Podemos sería inevitable, de tal forma que sus perspectivas electorales se verían en buena medida mejoradas, ya que sus 69 escaños podrían aumentar considerablemente, otorgándole mayores opciones para entrar en un gobierno. De ahí que el líder de Podemos se haya mantenido todo este tiempo inamovible en sus posiciones, firme en sus postulados que por momentos suenan demasiado maximalistas. Desde el primer momento, nada más conocerse sus buenos resultados en la noche electoral, marcó sus líneas rojas al PSOE de cara a una futura negociación y de ahí no se ha movido ni un ápice: referéndum de autodeterminación de Cataluña, plan de choque social contra la pobreza, control del programa del partido ganador y reforma electoral y constitucional. Esta estrategia calculada de la formación morada, este órdago de Iglesias al PSOE, está desgastando sin duda al partido de Pedro Sánchez, consumido como está en sus propias contradicciones y en sus refriegas internas. Al líder de Podemos le vale con sentarse a esperar en la puerta de su casa hasta ver cómo pasa el cadáver de su enemigo político. De modo que el gran riesgo que corre el PSOE en caso de que se repitan las elecciones es perder su privilegiada segunda posición como partido más votado y caer al tercer puesto, lo cual significaría un descalabro descomunal y un hecho de consecuencias imprevisibles para un partido de 136 años de historia.

Entretanto, mientras parece diluirse la posibilidad de un Gobierno a corto plazo y con la sombra del proceso de independencia en Cataluña planeando sin control, la situación de inestabilidad del país crece cada día que pasa. Es cierto que las cifras económicas apuntan hacia una cierta recuperación; es cierto que desciende relativamente el paro (pese a que el empleo que se genera es de bajísima calidad) y que el país parece haber entrado de nuevo en la senda de un tímido crecimiento. Sin embargo, parece más que evidente que España ha embarrancado en una grave crisis institucional, económica y social, una situación de muy difícil solución con la aritmética de escaños salida de las urnas el 20D. Con la monarquía cuestionada desde diversos flancos y afectada por un grave escándalo de corrupción como es el caso Noos, con los cimientos del bipartidismo seriamente socavados, con el Parlamento paralizado al no poderse iniciar una nueva legislatura que aborde las reformas necesarias para dar un nuevo impulso al Estado y atrincherados como están los partidos en sus posiciones monolíticas, todo parece abocado a la celebración de nuevos comicios. Sin embargo, y esto es lo más preocupante de todo, ni siquiera la repetición de las elecciones generales garantizaría una solución. ¿Cómo reaccionaría el electorado ante una nueva convocatoria en las urnas? ¿Crecería la abstención ante el cansancio general de una ciudadanía agobiada por la crisis y la falta de credibilidad de unas instituciones que parecen incapaces de gestionar el Estado? ¿Qué sucederá si, una vez repetidas las elecciones el resultado sigue siendo el mismo o similar y no se puede llegar a la formación de un Gobierno estable? ¿Puede afectar el vacío de poder a la incipiente pero débil recuperación económica que parece haberse iniciado en los últimos meses? ¿Puede soportar el país meses y meses de ingobernabilidad, de inactividad parlamentaria, mientras los graves problemas como el paro, la desigualdad y la escasez de recursos públicos para mantener el Estado de Bienestar siguen sin ser resueltos? Todo son incógnitas por despejar en esta España multipartita, más plural y más democrática. Pero también más ingobernable.

*****

Si te ha gustado puedes visitar nuestra página oficial de Facebook o Twitter.

BECS

Becs

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *