Cine, Sandra Llopis
1 comentario

Cine y educación (I): Holland

Un fotograma de ‘Profesor Holland’, que aborda el asunto de la educación.

Por Sandra Llopis. Lunes, 25 de enero de 2016

Deportes

      Cine

¿Quién se apunta a una sesión de cine? Os propongo adentrarnos en las películas que nos hablan de forma directa o indirecta sobre la educación. Tenemos ejemplos muy claros, como Rebelión en las aulas (1967), El club de los poetas muertos (1989), Mentes peligrosas (1995) o Una mente maravillosa (2001). Hay también otros ejemplos menos conocidos, o que tienen la educación o la figura del profesor como un elemento clave de la trama pero no como tema central. Entre estas últimas, podemos citar títulos como La piel dura (1976), Profesor Holland (1995), American history X (1998), Cadena de favores (2000) o Déjate llevar (2006).

Pero, ¿por qué se produce este reflejo de la educación en el cine? Los medios de comunicación transmiten una imagen concreta de la educación y el profesorado. ¿Se corresponde con la realidad el estereotipo que transmiten? Tal como señala la psicóloga Felicidad Loscertales Abril: “Aunque se discute mucho si los medios crean la opinión pública o la siguen y confirman, en el estado actual de la cuestión es innegable que existe una relación circular e interactiva entre ambos fenómenos”. Loscertales considera que en el cine no se trata la educación para revisar la ideología pedagógica o por mejorar la práctica docente, sino que suele usarse a sus protagonistas (profesores y alumnos) para tratar temas más amplios, actuales y generalmente de calado social, en los que sin duda se otorga ciertos atributos a la figura del profesor.

Lo que se pretende en este artículo es analizar a los profesores de película, y para ellos nos centraremos en dos casos: Profesor Holland (film al que le dedicaremos en exclusiva esta primera parte del artículo) y Déjate llevar (que dejaremos para una segunda entrega). Holland descubrirá la pasión por ser docente pese a tener que ponerse a trabajar forzosamente en las aulas, mientras que en Déjate llevar tenemos a Pierre Dulaine, un profesor enteramente vocacional que tratará de inculcar a sus alumnos la pasión que siente por lo que enseña, junto con valores como el respeto y la confianza.

Profesor Holland (Stephen Herek, 1995) nos cuenta la historia de un compositor que poco a poco descubrirá en las aulas su vocación como maestro. Glenn Holland (Richard Dreyfuss) ve cómo su trabajo actual como músico en fiestas privadas no le da para ganarse la vida, mientras sueña con componer su gran obra. Cuando se decide a cambiar de empleo y consigue una plaza de profesor en una humilde escuela, descubre su auténtica vocación: inculcar en los jóvenes el amor por la música.

La película comienza con un Holland inmerso en la creación de su primera sinfonía que decide impartir clases para poder subsistir, mientras compone esa obra que le hará rico y famoso. Poco a poco, la película hace un repaso de toda su vida como profesor, aunque sin obviar su existencia personal, que abarca unos 40 años aproximadamente. Asistimos a la metamorfosis que experimenta Holland a través de su trabajo y de su relación y progresiva implicación con las sucesivas generaciones de alumnos y con sus compañeros. Esto crea un cierto impacto negativo en su familia, que considera que se implica más con sus alumnos que con ellos.

Al principio Holland es un desastre en las aulas, y la directora del centro le reprocha su falta de interés por los alumnos cuando se dirige a él para decirle en tono muy crítico: “Un profesor tiene dos trabajos: llenar las mentes de sabiduría, sí, pero lo que es más importante, dar a esas mentes un rumbo para que ese conocimiento no sea inútil. No sé lo que hace usted con el conocimiento señor Holland, pero como brújula es un desastre”.

Sin embargo, el maestro irá descubriendo su vocación al prestarse para ayudar a algunos alumnos del centro, como la joven clarinetista Gertrud Lang o Rass, el jugador de fútbol que necesita salvar su expediente académico. La motivación en clase se convierte entonces en la clave para Holland y en la clave misma de la película. Prueba de ello es la conversación con Gertrud Lang:

Holland: ¿Se divierte tocando?
Lang: Es lo que me habría gustado.
Holland: ¿Sabe lo que hemos hecho mal, señorita Lang? Hemos estado tocando las notas de la partitura.
Lang: ¿Y qué más podíamos tocar?
Holland: Bueno, hay mucha más música que las notas de una partitura. […] Tocar música tendría que ser divertido, sale del corazón, se trata de los sentimientos y de emocionar a la gente, y de algo hermoso como estar vivo. Y no solo de unas cuantas notas en una partitura. Yo puedo enseñarle esas notas, pero no puedo enseñarle todo lo demás…

Tras esto, le pide que toque con él (ella al clarinete y él al piano) pero esta vez sin partituras, solo sintiendo. Y entonces surge la magia: la energía fluye entre ella y el clarinete y empieza a disfrutarlo y a tocar sin equivocarse.

Glenn se enfrenta, además, a diferentes obstáculos durante su carrera como docente. En sus inicios (en los años sesenta), recibe críticas y tiene problemas con la dirección de la escuela porque junto con los clásicos como Chopin o Bach, enseña también música rock. El subdirector considera que su misión es impartir docencia y que esa labor no se puede llevar a cabo si no hay disciplina. Por eso cree que “el rock, por su propia naturaleza, es el fin de la disciplina”. Además, la directora plantea qué les dirá a los padres cuando pregunten por el tema. Y Holland, en ese momento ya en la senda de un buen docente, responde: “Dígales que yo enseño música, y que me serviré de todo, desde Beethoven a Billy Holliday o el rock and roll si creo que me ayudará a enseñar a un alumno a que ame la música”.

Un obstáculo importante en la vida de Glenn es la paradoja de que su hijo Cole sea sordo. Cuando es pequeño, les recomiendan que lo traten como si no lo fuera, que no usen señas con él para que no se acostumbre, porque eso le ayudará a integrarse en un mundo de oyentes. Sin embargo, les aconsejan llevarlo a una escuela especial. Todo esto provoca que, para Holland, compaginar la atención a su trabajo y la atención a su hijo sea algo muy complejo. La sordera del pequeño y el modo de educarlo crea tensión y conflictos constantes entre él y su mujer, que considera que lo desatiende. Cuando Cole es ya un adolescente se enfrenta con Glenn y le dice abiertamente que cree que lo considera un tonto, que está sordo pero que sabe lo que es la música que él tanto ama y que podría saberlo aún mejor y conocerla más si le ayudase de verdad. Esto trastorna a Holland, que cambia radicalmente su actitud hacia Cole e intenta involucrarse más en su educación, sobre todo en la parte musical del asunto. Y se ofrece para dar clases en la escuela de su hijo, para ayudarle a él y a otros jóvenes sordos a apreciar y disfrutar la música. El cambio en la manera de afrontar el problema consigue disipar la tensión familiar y hace que aflore una relación más amorosa y dulce.

Sin embargo, las dificultades económicas hacen que el Instituto John F. Kennedy, en el que trabaja Glenn, suprima todo el programa de música, artes y teatro. Eso provoca que se quede sin trabajo a los sesenta años. Por eso está abatido: “Es gracioso… me metí en esto casi a la fuerza y ahora es lo único que quiero hacer”. Pero Holland ha sido un excelente profesor y por ello los alumnos de ese curso y los antiguos le preparan un homenaje a modo de despedida. La maestra de ceremonias es la alumna a la que ayudó en los inicios de su carrera, Gertrud Lang, que ahora es gobernadora (la muchacha del clarinete con la que Holland empieza a descubrir su vocación como profesor). En su discurso, afirma que Holland “ha logrado un éxito que sobrepasa la riqueza y la fama. Mire a su alrededor: no hay una sola vida en esta sala en la que usted no haya influido. Y todos nosotros somos mejores personas gracias a usted. Nosotros somos su sinfonía, señor Holland. Somos las melodías y las notas de su concierto y somos la música de su vida”.

De modo que Holland se hace a sí mismo como profesor, descubre su gran vocación sin quererlo. Y eso es justamente lo que necesita cualquier profesor, pero sobre todo el profesor que pretende motivar a los alumnos e innovar en sus clases. Holland innova con sus pupilos, por ejemplo, cambiando la función de final de curso: de una obra clásica (algo de Shakespeare, por ejemplo) a una revista musical de Gershwin. Precisamente durante el montaje de esta revista podemos escuchar la clave de todo de boca de una de las alumnas de último curso, Rowena: “Me encantaba su clase, su modo de enseñar. Usted ama la música y hace que los chicos la amen con usted”.

La película se centra en la vocación, en sentir pasión por lo que uno hace. Cada vez más y reforma tras reforma, la educación en España necesita profesores que sientan esta vocación docente, que crean que merece la pena su labor con niños y adolescentes. Como el profesor Holland.

*****

Si te ha gustado puedes visitar nuestra página oficial de Facebook o Twitter.

SANDRA LLOPIS

Sandra Llopis

1 Kommentare

  1. Pingback: Cine y educación (II): Dulaine - Revista Gurb

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *