Favio Fernández Long, Humor Gráfico, Número 44, Opinión, Rosa Palo
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Bébeme

Por Rosa Palo / Ilustración: Favio Fernández Long

ESTHER-BAEZA-(ROSA-PALO)

Rosa Palo

Vivo en un estado permanente de resaca. De hecho, todavía me dura una que comenzó en el 87. Y así sigo, porque delante de una cerveza (o un vino tinto, o un vodka con tónica, o un loquesea con alcohol) tengo la misma fuerza de voluntad que Alicia delante de la botella que pone “Bébeme”, o que Alfonso Díez en la puerta de un geriátrico: ninguna.

Con la comida me pasa tres cuartos de lo mismo, que soy campeona olímpica de salto de dieta. Ni les cuento cómo he acabado las Navidades, a pique de ser arponeada por un ballenero japonés. Pero el consuelo que proporcionan un buen plato y un buen trago son difíciles de igualar. Lo dijo Bukowski: “Si ocurre algo malo, bebes para olvidar, si ocurre algo bueno, bebes para celebrarlo, y si no pasa nada, bebes para que te pase algo”. O para que se te ocurra, que el alcohol es a la literatura lo que Preysler a ¡HOLA!: combustible interno. Por eso intenté beber para escribir, para ser tan profunda como Marguerite Duras, tan analítica como Patricia Highsmith, tan intensa como Jane Bowles, tan inspirada como Anne Sexton, tan afilada como Dorothy Parker. Y por eso dejé de beber para escribir, porque no conseguía hacerlo tan bien como ellas ni borracha.

Entonces comencé a beber para vivir, para vivir la vida de otra, de una tipa coqueta, lista, ingeniosa, mordaz, desinhibida. Y por eso intenté dejar de beber para vivir, porque la flapper divina en la que yo creía que me convertía era, en realidad, Massiel en una boda, una tita beoda en Nochevieja, un ama de casa de provincias borracha. Pero lo he conseguido sólo a medias: me sigue gustando echarme un trago al coleto de vez en cuando, aunque no haya placer sin culpa ni resaca, aunque el dolor de cabeza, la boca seca y el estómago revuelto me duren tres días. O cuatro. Daría lo que me queda de hígado por convertirme en una de esas personas con la que sales de cañas y se toma una Coca-Cola Zero. Mientras, lo único que le pido a la vida es caerme con dignidad en los bares. De la resaca electoral, si eso, ya hablamos otro día.

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1 Kommentare

  1. BERNABÉ GUERRERO GAMBÍN dicen

    Una loa maravillosa al alcohol etílico. La magnifico, la bebida, porque la añoro. Me explico. He pasado a ser de los de la Coca-Cola Zero, Light y sin cafeína, usea sé, lo que al otro lado del Puerto de la Cadena llamamos una “mierdolaga”. Del café, qué quieren que diga… he aquí, verbigracia, lo que me sirven cuando pido un “belmonte”: café descafeinado, leche desnatada, edulcorante en sobre y mosto (en lugar del brandy).

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