Adrián Durante, Música
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David Bowie, el hombre que bajó de las estrellas

Por Adrián Durante. Lunes, 11 de enero de 2016

Deportes

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David Bowie, el Duque Blanco, el hombre de las estrellas, ha muerto de cáncer a los 69 años, dos días después de la salida al mercado de Blackstar, su álbum número 25, un disco premonitorio que nos ha dejado como su regalo más preciado, su legado último e impagable. “Mirad hacia arriba, estoy en el cielo / tengo cicatrices a la vista / tengo drama, puede robarse / todo el mundo me conoce ahora”, canta en uno de los temas del álbum. Sin duda, Bowie sabía que le quedaba poco tiempo de vida y quiso certificar el final de su apasionante aventura vital y musical con un trabajo plagado de constantes referencias a la muerte y a la agonía que produce el sufrimiento humano. Los últimos 18 meses de su vida han sido una valiente batalla contra el cáncer que ha librado en la intimidad y en compañía de su familia.

La noticia de su muerte ha generado una gran conmoción en el mundo de la música y entre quienes rinden culto a uno de los artistas más polifacéticos y geniales de la historia del rock. “David Bowie murió en paz hoy rodeado de su familia al término de una lucha de año y medio contra la enfermedad”, indicó un mensaje fechado el domingo y difundido este lunes en sus cuentas de Twitter y Facebook.

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Bowie pasará a la historia como el cantante que elevó su estilo a lo que sólo puede ser calificado como una forma de arte nuevo. Su particular mundo musical habita en sonidos nunca antes experimentados y en una visión poética extraordinaria, inagotable, sin fin. El camaleónico David Bowie conjugó magistralmente talento, gancho comercial y ambigüedad (llegó a declararse bisexual) para influir en generaciones de artistas con un inigualable estilo que estuvo en permanente mutación. Provocador, enigmático e innovador, construyó una de las carreras más veneradas e imitadas de la caprichosa industria del espectáculo, que le aupó en vida al pedestal de las leyendas de la música. Referente imprescindible de la cultura glam, impulsor del punk, virtuoso en la puesta en escena, entre sus múltiples habilidades destacaron sus facetas como actor, productor discográfico y arreglista pero también fue venerado como icono de la moda por su tendencia a provocar con sus atuendos y a jugar con su propia imagen durante más de cinco décadas.

David Robert Jones nace en Brixton (Londres) el 8 de enero de 1947. Su madre, Margaret Mary “Peggy”, de ascendencia irlandesa, trabaja como acomodadora de cine mientras que su padre, Haywood Stenton John Jones, es publicista. Desde bien pequeño, David muestra una inteligencia superdotada y un carácter rebelde y peleón. Quizá por sus incipientes cualidades artísticas le asignan un puesto en el coro de la escuela y una flauta como primer instrumento. En 1953 su padre trae a casa discos de vinilo de Frankie Lymon and the Teenagers, de The Platters, Fats Domino, Elvis Presley y Little Richard. Cuando escucha por primera vez Tutti Frutti, Bowie dice haber escuchado “a Dios”.

A los trece años, atraído por el jazz del West End londinense, sobre todo Charlie Mingus y John Coltrane, escoge el saxofón alto y empieza a dar sus primeras lecciones musicales. Forma parte de bandas como The Kon-Rads, The King Bees, The Mannish Boys y The Lower Third, grupos que le permiten adiestrarse en el estilo del pop y el mod. Pero el drama, como le sucede a muchos genios, le ronda ya en su juventud. Corre el año 1962 cuando, a sus 15 años, corteja a una chica. Su compañero de clase George Underwood pretende también a la misma joven, que finalmente da calabazas a David y se decanta por George. Bowie, despechado, se venga de la muchacha diciéndole que George no la quiere. La cosa termina a puñetazos entre los dos chavales. En uno de los golpes, el anillo que lleva Underwood causa una importante herida en un ojo de Bowie, que tiene que ser intervenido quirúrgicamente. Está a punto de quedarse tuerto y durante cuatro meses, el joven cantante se somete a varias operaciones en el Hospital de Farnborough. El resultado es el que todos conocemos: la pupila de David queda dilatada de por vida y sus problemas de visión son constantes. Sin embargo, esta tara puede haber sido el secreto del éxito de David Bowie, cuya mirada bicolor se convierte en la más enigmática, ambigua y extraña de la historia del rock, por lo que siempre agradeció a su compañero que le diera aquel puñetazo. A cambio, no sabemos si por amistad o remordimiento, Underwood diseñó las portadas de varios discos de Bowie.

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En 1966, el chico de los ojos de colores ha abandonado la escuela tras decirle a sus padres que quiere ser músico, y ya firma sus canciones como David Bowie, un joven delgado, paliducho y de pelo largo con aspiraciones a ser una estrella. En estos primeros momentos Kenneth Pitt aparece como manager de Bowie, cuya carrera comienza con un puñado de singles en su mayoría olvidados. No es hasta 1969 cuando sus canciones empiezan a chisporrotear en el proceloso océano de las listas de éxitos. El legendario Space Oddity (que de inmediato alcanza el número 5 en el Reino Unido) se convierte pronto en un clásico. En medio de sus andanzas musicales en los años sesenta, experimenta con técnicas artísticas paralelas, como el cine, el mimo, el budismo tibetano o la interpretación. El álbum, originalmente titulado David Bowie, y posteriormente Man of Words, Man of Music, está claramente influido por todas las tendencias artísticas que se van generando en el fascinante Londres del momento.

Los primeros años setenta

Durante esta década, la profundidad intelectual del trabajo de Bowie, su voz única y particular y la originalidad con la que impregna todos sus proyectos le convierten en uno de los maestros del glam rock. El álbum The Man Who Sold The World marca la primera estación en la carrera de Bowie. La guitarra de Mick Ronson, que le acompañará en sus discos y escenarios durante estos años, se considera a menudo como el punto de partida del heavy metal, pero además es el origen de un nuevo movimiento musical: el glam rock, un estilo que se rebela contra la imagen de roquero macho imperante. Bowie es pionero en este género y empieza a vestir atuendos femeninos y a exhibir una actitud sexual ambigua, descarada y provocativa. The Man Who Sold The World es lanzado a bombo y platillo por Mercury en abril de 1971, justo cuando el cantante emprende su primer viaje a los Estados Unidos para promover el disco. En mayo del mismo año nace Duncan Zowie Haywood Bowie fruto de la relación del músico con su esposa Angela.

A su regreso a Londres graba dos álbumes casi simultáneamente. Hunky Dory (lanzado por RCA Records en 1971, su discográfica durante la siguiente década) es considerado por la crítica como “una selección caleidoscópica de estilos pop, atados por la visión de Bowie”. Casi de inmediato, produce otro clásico del rock: The Rise and Fall of Ziggy Stardust and The Spiders from Mars, con el que alcanza las más altas cotas de calidad musical y popularidad. Ese venerado disco, en el que relata la inverosímil historia del personaje Ziggy Stardust, un extraterrestre bisexual y andrógino reconvertido en estrella del rock, aúna dos de las obsesiones del cantante: el teatro japonés kabuki y la ciencia ficción. Pero ese excéntrico personaje es tan solo una de las muchas y variopintas personalidades que adopta a lo largo de su carrera, como los otros “alter ego” de su cosecha creativa: Aladdin Sane o el Duque Blanco. Una reinvención incombustible que le permite coquetear con facetas diferentes durante su prolífica trayectoria.

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1972 es sin duda el año en que Bowie comienza a desarrollar musicalmente todo el potencial del pop. El sonido de los suburbios londinenses de repente se hace más presente en sus composiciones. Sus conciertos de Ziggy Stardust se consideran los más espectaculares e innovadores que se han visto nunca, y la locura se desata alrededor de Bowie, que empieza a ser considerado más que una superestrella un icono, un mito. La gira Ziggy por Estados Unidos comienza en septiembre, con entradas agotadas desde el primer momento. La puesta en escena llena de toques inspirados en la cultura japonesa, el gruñir de las guitarras eléctricas y un audaz enfoque de la actuación convirtió el concierto en uno de los más fascinantes de la historia del rock. El verano de 1972 lo pasa metido en el estudio para producir otra joya, el álbum de Lou Reed Transformer. Durante los siguientes años Bowie graba álbumes tan elogiados como Heroes (1977) Lodger (1979) o Scary Monsters (1980). En medio de la fiebre de Ziggy, Aladdin Sane fue lanzado en abril de 1973.

En 1975 llega otro gran éxito de David Bowie en Estados Unidos de la mano de su sencillo Fame, un tema que coescribe con John Lennon gracias a su disco Young Americans. Sus experimentos innovadores y sus tendencias transgresoras ya no cesan. Es el momento del minimalista Low  (1977) la primera de tres colaboraciones con Brian Eno, conocida como Trilogía de Berlín, que entra en el top 5 británico.

En 1976 rueda la película El hombre que cayó a la Tierra, de Nicolas Roeg. El tema del espacio exterior y del personaje del extraterrestre, que tanto fascina a Bowie a lo largo de su carrera, es recurrente. En este caso el marciano llega con la intención de conseguir agua para su propio planeta, que está al borde de la destrucción. Una vez aquí, y dada su inteligencia superior, el alienígena comienza a escalar social y financieramente para conseguir su propósito. La cinta no pasa a la historia del cine pero demuestra la versatilidad de Bowie también en el séptimo arte. Una compilación de éxitos, Changes One Bowie, es lanzada por RCA en mayo de ese mismo año.

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Antes de finalizar 1976, el interés de Bowie en la floreciente escena musical alemana y su adicción a las drogas le llevan a mudarse a Berlín Oeste para desintoxicarse y revitalizar su carrera. Comparte piso con Iggy Pop en Schöneberg y comienza a trabajar con Brian Eno. De esta época alemana es la Trilogía de Berlín (con sus discos Low, Heroes y Lodger) que supone un paso más del músico en su evolución hacia la experimentación, la música electrónica y la abstracción. En 1978 un millón de personas de doce países asisten a 70 conciertos en todo el mundo. Llegado a este punto, Bowie ha superado su problema con las drogas; el biógrafo David Buckley escribe que la gira Isolar II es “la primera en cinco años en que Bowie no se ha anestesiado con copiosas cantidades de cocaína antes de subir al escenario. Sin olvidarse de los problemas que le han causado las drogas, ahora se encuentra en un estado mental lo suficientemente bueno como para volver a querer hacer amistades”.

Los ochenta

Más tarde se sitúa en lo más alto de las listas de éxitos de su país con el pegadizo Ashes to Ashes, del álbum Scary Monsters (and Super Creeps); colabora con Queen en el exitoso Under Pressure y vuelve a triunfar en 1983 con Let’s Dance. Este trabajo supone otro punto álgido de su carrera al conseguir el disco de platino tanto en el Reino Unido como en Estados Unidos. Tonight (1984) también enfocado al baile, cuenta con la colaboración de Tina Turner y, una vez más, de Iggy Pop. Bowie actúa en el estadio de Wembley en 1985 como parte de Live Aid, una serie de conciertos benéficos llevados a cabo en diversos lugares del mundo para intentar paliar el hambre en Etiopía. En el 86 Bowie acepta un papel en la película Absolute Beginners, que no es bien recibida por la crítica. En el 89 abandona por un tiempo su faceta como solista y se asocia con la banda Tin Machine, un cuarteto de hard rock. Vuelve a sus viejos temas durante su gira de siete meses Sound+Vision Tour y encuentra nuevamente el éxito comercial y la aclamación de la crítica.

La década de los noventa y el final

En octubre de 1990, una década después de su divorcio con Angela, un amigo en común le presenta a la supermodelo somalí Iman, con la que termina casándose y teniendo a su hija Alexandria Zahra “Lexi” Jones. En abril de 1992, Bowie participa en el concierto en homenaje a Freddie Mercury, el líder de Queen fallecido un año antes víctima del sida, una enfermedad que en esos años causa estragos y que precisa de fondos para investigar nuevos tratamientos. Su participación en la iniciativa es un nuevo ejemplo del compromiso que Bowie ha mostrado con las causas solidarias a lo largo de su carrera. Bowie e Iman vuelven a Los Ángeles para instalarse en los Estados Unidos pero se ven obligados a permanecer confinados en su hotel, bajo toque de queda, debido al comienzo de los disturbios de Los Ángeles ese mismo día. Finalmente, se establecen en Nueva York. En octubre de 2001, Bowie abre el concierto para la ciudad de Nueva York, un evento solidario más organizado para ayudar a las víctimas de los atentados del 11 de septiembre, con una interpretación minimalista de la canción de Simon & Garfunkel America, seguida de una versión con banda completa de Heroes. Los noventa le permiten seguir haciendo música desde un punto de vista más personal, experimentando con nuevos sonidos y estilos.

David Bowie at the Berlin Wall, 1987

En 2006, David Bowie anuncia que se toma un año sabático y a partir de ahí muchos de sus incondicionales lloran por una prolongada ausencia que da pie a todo tipo de rumores sobre su salud. Ese “retiro” musical es quebrado tan solo con alguna colaboración esporádica y puntual, como su aparición por sorpresa en un concierto de David Gilmour (Pink Floyd) en el Royal Albert Hall de Londres en 2006 o su colaboración en el álbum de canciones de Tom Waits que publica en 2008 la actriz estadounidense Scarlett Johansson.

Tras diez largos años de mutismo, Bowie “resucita” en 2013, a los 66 años, con el lanzamiento de The Next Day, un disco producido por el veterano Tony Viscontti, su hombre de confianza, que enamora a la crítica con típicos elementos bowinianos. Y un año después saca al mercado la antología Nothing Has Changed, con la que celebra su medio siglo de carrera.

Su magnetismo e inagotable tirón comercial provocan, en su última etapa, que el museo londinense Victoria & Albert le dediquen una amplia exposición, en la que se explora su influyente carrera mediante 300 objetos suyos seleccionados de entre más de 7.000, como algunos de sus estrafalarios atuendos o instrumentos. La influencia de Bowie, que ha vendido aproximadamente 136 millones de discos en todo el mundo, se detecta en artistas de todos los estilos y épocas, como Marilyn Manson, Boy George o Groove Armada.

Su último álbum es Blackstar, el número 25 de su carrera, puesto a la venta el pasado viernes, coincidiendo con su 69 cumpleaños. Blackstar está lleno de simbolismos y, visto en retrospectiva, contiene lo que parecen referencias a su propia muerte. El vídeo musical de este tema, de unos cuatro minutos, muestra a un Bowie pálido y con los ojos vendados, levitando en la cama de un hospital. Con solo siete canciones y unos 45 minutos de duración, el disco es además el único trabajo que no tiene una imagen del músico en la portada, y en su lugar hay una estrella negra.

El fallecimiento de Bowie ha suscitado un aluvión de reacciones y sus seguidores han empezado a depositar flores y velas como ofrendas junto al colorido mural con su retrato en el barrio londinense de Brixton, donde nació el ocho de enero de 1947. Las redes sociales se han llenado de tributos a este “héroe” de la música, cuyo impacto en la moda y en el cine fue “muy profundo”, según ha señalado la directora del colegio londinense Raven’s Wood, Sally Spenser, que hoy dedica la jornada a homenajear a su antiguo alumno. “Los Rolling Stones estamos conmocionados y profundamente tristes de conocer la muerte de nuestro querido amigo David Bowie”, escribieron en Twitter los componentes de la mítica banda liderada por Mick Jagger. Entre las reacciones más sentidas figura también la del cantante estadounidense Iggy Pop, para quien la amistad de Bowie era “la luz” de su vida. “Nunca conocí a nadie tan brillante”, manifiesta. La “reina del pop”, Madonna, se declaraba “devastada” por la desaparición de un “gran artista, talentoso, único”. Un genio que cambió las reglas de la música, “el hombre que cayó a la Tierra y que tuve la suerte de conocer”, apuntaba. El británico Boy George exclamó: “¡Que día tan triste!”, mientras que el cantante de One Direction, Louis Tomlinson, le describía como “leyenda de la música”, y el batería de Queen, Roger Taylor, como “el más listo y más interesantemente brillante hombre de nuestro tiempo”.

“Al igual que Miles Davis en el jazz, Bowie ha llegado no sólo para poner en escena sus innovaciones, sino como símbolo del rock moderno y de un lenguaje en el que la alfabetización, el arte, la moda, el diseño, la exploración sexual y el icono social se funden en una sola figura”. Así definía la revista Rolling Stone al inclasificable y eterno músico británico.

En una de sus frases célebres, el artista, que racionaba sus entrevistas, confesaba que le sorprendía que la gente se tomara “tan en serio” lo que decía, y en otra aseguraba: “No sé a dónde iré desde aquí, pero prometo que no será aburrido”. Ayer, justo dos días después del lanzamiento de su premonitoria última canción, Lazarus, moría el Duque Blanco. El viajero de las estrellas que revolucionó el rock.

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