Artsenal, Francisco Cisterna, Humor Gráfico, Número 44, Opinión
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Coitus interruptus

Por Francisco Cisterna / Ilustración: Artsenal

Francisco Cisterna

Francisco Cisterna

Francis Bacon: “La verdad surge con más facilidad del error que de la confusión”.

Ninguna fuerza política, emergente o sumergida, ha conseguido en la primera cita electoral los votos suficientes para penetrar en La Moncloa por méritos propios. El electorado ha proyectado un palacio presidencial dividido en adosados conectados con puertas interiores –¿giratorias?– que, de momento, permanecen cerradas. Maquiavelo vigila la multipropiedad y hace cuentas con su ábaco. Espronceda contempla a las queridas, tendidas en sus lechos, con chales en el pecho y flojo el cinturón. Las señoritas de Avignon anuncian en los outlets la llegada del cubismo político. El Ibex 35 pasea por Versalles en busca de consuelo. Luis XVI no lo vio venir.

España desfila económicamente por la Puerta de Brandeburgo mientras el callejero franquista se descuelga de las fachadas de Madrid. Los hermanos Marx y Federico Engels redactan los contratos de la parte contratante de la primera parte contratante. Maquiavelo permanece firme porque sabe que el fin justifica los medios, los centros y los delanteros. El poder necesita ser fuerte para ser efectivo. Y en el bien común también anida el interés particular.

Los negociadores horadan narcotúneles para burlar las líneas rojas, las delgadas líneas rojas que separan un horizonte común teñido de matices irreconciliables condenados a entenderse. Los estrategas despliegan los quesitos del Trivial sobre el tapete del Monopoly Assassins de la política española: sólo uno puede quedar con vida. La ansiada pluralidad promete un embarazo ectópico guiado por la heurística del bipartidismo probado y comprobado. De donde no hay, no se puede sacar. Es decir, los votantes que entran por los que salen. O cómo puede ser que la gallina del vecino ponga todos los días dos, tres; dos, tres…

La ciudadanía ateniense, arrebatada por el principio de armonía, ha compuesto una partitura impracticable. El equilibrio está tan dividido que peligra la verticalidad. Los matices no dejan ver el bosque. Y una segunda oportunidad no despejaría mucho más el entramado. Simplemente alteraría el orden de la izquierda, adelgazaría a unos para engordar a otros. Pero la dieta cainita seguiría siendo insuficiente para cumplir los requisitos mínimos exigidos por la OMS. Probablemente, los pactos seguirían siendo necesarios. Y es posible que los desnutridos renunciaran al banquete y acabaran sentados a la mesa de Pedro Botero, engordando la caldera que nos cueza a fuego lento. Hay margen, mucho margen, para producir efectos, mover sillas y tronos, abrir ventanas de oportunidad o reeditar tácticas neobolcheviques. Pero los cambios profundos no deben producirse únicamente por la mera fuerza de los escaños, sino que además tienen que llevar aparejado el consenso mayoritario. Y así está escrito. Todo lo demás se lo llevó el viento hace muchos años.

En la segunda carrera está en juego el piloto de la escudería. La preeminencia en el matiz –que parece resultar de vital importancia–. Los mismos pretendientes volverán a cortejar a la novia, pero esta vez con diferentes resultados. El sí de la prometida será un sí a los puntos, por lo que habrá que echar mano de todas las armas de seducción masiva. Para entonces, quizá, las líneas rojas sean trazos de tiza en la pared.

Nota del editor cachondo: Sea como fuere, las cuentas siguen sin salir. El sorpasso de La yenka ha pillado a la izquierda a contrapié. Vengan chicos, vengan chicas a bailar/Todo el mundo viene ahora sin pensar/Esto es muy fácil lo que hacemos aquí/esta es la yenka que se baila así/ Izquierda, izquierda; derecha, derecha/Adelante, detrás, un, dos, tres.

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Artsenal

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3 Kommentare

  1. el juli dicen

    Solo por tu articulo merece la pena estar sin Gobierno. Gracias por lo primero y tambien por lo segundo.

  2. Paco Cisterna dicen

    Pues no te digo nada, Lombilla Álvarez de Toledo, de las magníficas ratas que me estoy dejando crecer. Uno, dos…un, dos, tres. Izquierda, izquierda, derecha, derecha…

  3. lombilla dicen

    Desde que leí la semana pasada tu estupendo artículo (magnífica también como siempre la viñeta de Artsenal), no paro de oír dentro de mi cabeza la música contagiosa de la yenca…: ¡¡No te lo perdonaré jamás, Manuela Cisterna. Jamás!!

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