Ángel Vilarello, Deportes
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Break point

El tenista Novak Djokovic, número uno del circuito de la ATP.

Por Ángel Vilarello. Viermes, 29 de enero de 2016

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Siempre he sentido una gran envidia cuando veía partidos de tenis, asombrado ante el comportamiento general, un ambiente de sana deportividad y respeto, pero no carente de pasión y entrega. Elegancia y nobleza, sorprendido por las disculpas del jugador que gana un punto con cierto grado de fortuna o que golpea involuntariamente a su rival con la pelota. Cosas que seguramente no veríamos en otros deportes.

Pero el gran charco (social, educativo, de valores…) en que nos hemos metido, ha terminado también por salpicar al deporte de la raqueta sembrando de duda alguno de los grandes torneos del circuito y varios de los jugadores mejor clasificados en el ránking ATP (Asociación de Tenistas Profesionales). Por pura estadística cabía esperar que el mundo tenístico no se escapara tampoco de este clima generalizado de corrupción, trampas, engaños y sobornos que adorna nuestro día a día, sin embargo, las últimas informaciones, a pesar de su nula concreción, crean un caldo de cultivo demasiado fértil para acusar a diestro y siniestro, inconscientes de ese argumento tan político de “difama, que algo queda”.

El gran Rafa Nadal ha estado muy acertado al asegurar que sin nombres ni pruebas, es disparar un tiro al aire. Más aún cuando las informaciones hablan de una mayoría de jugadores españoles y argentinos implicados. Yo diría más, porque la desconfianza es como el agua, se filtra por cualquier rincón, y acaba aflorando, tal vez ya putrefacta, por mucho que nos empeñemos en lo contrario. Piensen en el próximo torneo en el que un claro favorito pierda su partido ante un desconocido. Puertas abiertas para empañar la trayectoria de cualquiera. ¿Se imaginan que les ocurre a ustedes en su trabajo?

Detrás de todo esto, ya se imaginan, suculentas apuestas y mafias especializadas, que ya no se conforman con categorías más discretas y asaltan sin miramientos las más altas competiciones de los deportes mayoritarios. Y alguno puede pensar que el tentador parné puede hacer temblar los más sólidos principios morales, pero el asunto va más allá, pues algunos jugadores no sólo han reconocido intentos de sobornos, sino graves amenazas como la que denuncia el español Roberto Bautista, tras perder un partido, o las que asegura Nicolás Almagro que sufren con frecuencia a través de las redes sociales.

El mismísimo número uno mundial, Novak Djokovic ha desvelado que intentaron sobornarle con 200.000 dólares, y algunos medios italianos ya se han apresurado a insinuar que se dejó ganar en 2007 en un enfrentamiento ante al francés Fabrice Santoro. En una reciente rueda de prensa del jugador serbio, dejó evidentes muestras de indignación antes estas afirmaciones, que por supuesto, no van acompañadas de prueba alguna.

La BBC y Buzzfeed News han soltado la liebre, pero la propia investigación también rezuma un tufillo extraño, no sólo por el hecho de acusar de una forma más bien ambigua, sino porque un expolicía que participó en las pesquisas acusa a la ATP de no querer profundizar en el asunto en un intento por salvaguardar la imagen del tenis, a costa de mirar para otro lado escudándose en lo que entienden como una ausencia de evidencias suficientes.

Queda esperar que los principales tenistas sean los primeros en exigir una aclaración de esta supuesta trama, pues son ellos los más interesados en secar este charco. Está por ver que las instituciones competentes pongan todo de su parte para que el tenis recobre de nuevo su esplendor. Esta sucia bola no supone aún un “match point” o un “set point”, pero por lo pronto, estamos ante un punto de “break”.

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Ángel Vilarello

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