Editoriales, El Koko Parrilla, El Petardo, Humor Gráfico, Número 45
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Editorial: La investidura imposible

Ilustración: El Koko Parrilla y El Petardo. Viernes, 22 de enero de 2016

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   Editorial

Un mes después de las elecciones del 20D, los partidos políticos llevan a cabo movimientos en la sombra para tratar de formar gobierno, pero llama poderosamente la atención que Mariano Rajoy, pese a haber encabezado la lista más votada, apenas se haya esforzado en lograr acuerdos para ser investido presidente del Gobierno. Esta actitud de cierta relajación concuerda con el carácter más bien indolente que el jefe del ejecutivo ha mostrado a lo largo de toda la legislatura cuando se ha enfrentado a un problema grave de Estado. Con esa frialdad aparente se ha manejado Rajoy en los últimos cuatro años ante cuestiones tan importantes como la desigualdad social que sufren millones de ciudadanos españoles acuciados por la crisis, la corrupción en su partido o el desafío independentista catalán. Pero que Rajoy no haya puesto toda la carne en el asador para llegar a algún tipo de pacto con otras formaciones resulta cuanto menos sorprendente. Bien es cierto que lo tiene difícil para pactar con ellas, ya que nadie quiere aparecer en la foto con el presidente amortizado de los recortes que envió un mensaje de apoyo solidario a Luis Bárcenas, el tesorero imputado por los sobresueldos del PP. Ayer, esta soledad del presidente se escenificó cuando tuvo que pasar consulta con el rey Felipe VI. El monarca le invitó a formar gobierno como líder del partido más votado, pero Rajoy finalmente declinó al no contar con apoyos suficientes y tras comprobar que PSOE y Podemos están dando pasos acelerados para alcanzar un acuerdo de gobernabilidad que sería histórico.

Rajoy ha renunciado ante el rey a formar gobierno en un intento desesperado por lograr acuerdos de última hora o ir a nuevas elecciones

Esta actitud de inhibición que el mandatario gallego ha decidido adoptar ante su difícil destino solo puede obedecer a dos hipótesis. La primera es que todo forma parte de una estrategia diseñada por los asesores de Génova 13 para dejar que la situación de ingobernabilidad y estancamiento siga su curso e ir a una repetición de las elecciones, donde los populares quizá podrían recuperar parte del terreno perdido a costa de los votantes de Ciudadanos que, desencantados ante las efímeras esperanzas de cambio, regresarían de nuevo al redil del PP. La segunda opción es que el presidente, consciente de que su vida política puede estar tocando a su fin, ya ha arrojado la toalla. No son pocos los pesos pesados del PP que consideran a Mariano Rajoy un líder quemado y aguardan su oportunidad para impulsar una renovación del partido con caras nuevas, entre ellas la del presidente nacional de los populares. Estas intrigas internas no son de ninguna manera baladíes y pueden influir en los movimientos que haga Rajoy en las próximas semanas. De hecho, los más críticos con la gestión del presidente del Gobierno creen que éste debe presentarse a la investidura sí o sí, aún a sabiendas de que la va a perder, precisamente para que sea el gallego quien amortigüe el golpe, para que termine quemándose y el nuevo candidato del PP pueda tomar las riendas limpio de polvo y paja. En cualquier caso, y pese a la primera renuncia de Rajoy a presentarse a la investidura, el rey Felipe VI aún podría encargarle la formación de gobierno en las próximas semanas. A fin de cuentas, en los últimos 40 años de democracia la tradición siempre ha sido que el monarca encargue la misión al líder del partido ganador en las urnas.

Así las cosas, lo que parece más que seguro es que el PP ha perdido la iniciativa a estas alturas del combate y que todo apunta a la formación de un gobierno de izquierdas entre PSOE y Podemos, más algunas formaciones minoritarias y partidos nacionalistas. Tras su consulta con el rey de hoy mismo Pablo Iglesias, en un golpe de efecto sin precedentes, sorprendió a los periodistas al anunciar que está dispuesto a pactar con los socialistas un gabinete que tendría como presidente del Gobierno a Pedro Sánchez y como vicepresidente a él mismo. Algunos históricos del PSOE como Alfredo Pérez Rubalcaba se apresuraron a calificar la invitación de Iglesias como un insulto y avisaron de que la propuesta tiene trampa, ya que solo trata de meter presión a Sánchez para obligarle a firmar sus condiciones y líneas rojas, algo que para el PSOE tendría más de claudicación que de pacto. Sin embargo, la opción del pacto de izquierdas, con ser la más factible a fecha de hoy, tampoco resulta fácil por varias razones. Primero porque pactar con Podemos supone que los socialistas asumen un referéndum de autodeterminación en Cataluña, algo por lo que no están dispuestos a pasar algunos barones del PSOE que ya han mostrado su disconformidad con ese acuerdo. En segundo lugar porque entenderse no solo con un partido, como es Podemos, sino con varios, como son los grupos de confluencia que componen la formación morada, tampoco resultará tarea sencilla. Nada tiene que ver el PSOE con la marea gallega ni con Compromís ni con la formación ciudadana de Ada Colau. Ni sus reivindicaciones y aspiraciones son las mismas que las de los socialistas ni sus lenguajes ideológicos y prioridades son idénticos, aunque el pacto desde la órbita de la izquierda siempre sea posible. De esta manera, se podría decir que Rajoy juega con el cronómetro a su favor porque ir a unas nuevas elecciones podría beneficiarle, mientras que Pedro Sánchez solo tiene una salida: o ahora o nunca. El secretario general del PSOE, o es presidente ya, o no lo será, ya que los barones díscolos de su partido lo esperan con ganas por sus malos resultados electorales y sus coqueteos izquierdosos con Pablo Iglesias. Si Pedro Sánchez llega al próximo congreso extraordinario del PSOE sin ser presidente del Gobierno de España ya puede darse por políticamente muerto y esto lo sabe muy bien el líder de los socialistas. Para él, el tiempo corre en su contra, de ahí que hayan sido los socialistas quienes más se hayan prodigado en las últimas semanas en ofrecimientos a otras formaciones de izquierda para formar un gobierno a la portuguesa.

Pablo Iglesias ofrece un pacto de izquierdas a los socialistas con él de vicepresidente del Gobierno, pero los barones del PSOE recelan

Y nos faltaría hablar de las formaciones emergentes. Ciudadanos está jugando a la baza del partido bisagra, moderado y dialogante y su líder, Albert Rivera, se ha apuntado el tanto de haber conseguido un acuerdo con el PSOE para formar una mesa en el Congreso cuyo presidente ha sido finalmente el socialista Patxi López. Rivera ha decidido que no puede aliarse con el PP en un pacto formal y público, al considerar que Rajoy es poco menos que el diablo que ha permitido la corrupción generalizada y sistémica de los últimos años, ni tampoco con el PSOE, el partido que, de coaligarse con Podemos, se resignaría a la ruptura de España. Y en esta posición se encuentra cómodo el líder catalán, al que tampoco le interesan unas elecciones anticipadas, ya que perdería un buen puñado de votantes rebotados que le han llegado prestados del PP, por así decirlo, y que, frustrados por un cambio que no llega, podrían apostar en una nueva cita ante las urnas por el continuismo de Rajoy.

En este panorama político difícil y enrevesado, es sin duda Pablo Iglesias quien tiene todas las de ganar o al menos lo tiene todo en su mano para sacar la mayor tajada posible. Ayer escenificó que está dispuesto a tomar la iniciativa, ejerciendo casi de líder de la oposición, cuando nada más salir de la reunión con el rey, lanzó su propuesta de pacto al PSOE. Un pacto de izquierdas con los socialistas no es visto con malos ojos por buena parte de la militancia de Podemos, pero negarse a ese trato con Sánchez para repetir las elecciones tampoco sería una mala opción para la formación morada, que podría terminar por fagocitar a una importante porción del votante indeciso del PSOE si es que finalmente se repiten las elecciones generales ante la imposibilidad de la formación de un gobierno. Ante esta tesitura, Iglesias solo corre un riesgo: que las mareas y grupos de confluencia nacidos del 15M y de movimientos ciudadanos indignados en Cataluña, Valencia y Galicia, que le han prestado apoyo en las elecciones del 20D, decidan ir por su cuenta en la próxima legislatura. Eso debilitaría fuertemente al partido de Pablo Iglesias, pero de momento no parece que el peligro de escisión sea inminente.

De modo que las espadas están en todo lo alto y el rey Felipe VI medita a estas horas a quién encargar la formación de un gobierno, vista la renuncia de última hora de Rajoy. Sin duda es un examen difícil para el nuevo monarca, una papeleta a la que no tuvo que enfrentarse su padre, el rey Juan Carlos. Si le vuelve a encargar la misión al presidente del PP lo más probable es que éste vuelva a renunciar. Si finalmente decide saltarse la tradición de encargar el gabinete a la lista más votada y apuesta por dar su confianza a una formación de izquierdas (si es que PSOE, Podemos, IU y los independentistas consiguen ponerse de acuerdo de una vez) estaríamos ante un cambio radical en la escena política española. Quedaría allanado el camino para que se pudieran abolir las leyes que impulsó el PP cuando contaba con mayoría absoluta, pese a tener a toda la oposición en contra, leyes como la de reforma laboral, la ley mordaza, la ley de educación y la ley de enjuiciamiento criminal. Rajoy habría perdido y tendría que irse a casa. Y sería la hora de la izquierda.

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PEDRO EL KOKO PARRILLA

El Koko Parrilla

El Petardo

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