Francisco Ortiz, Humor Gráfico, Igepzio, Número 43, Opinión
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Perón, Kirchner

Por Francisco Ortiz / Ilustración: Igepzio

Francisco Ortiz

Francisco Ortiz

Las elecciones del pasado 22 de noviembre en Argentina han supuesto el fin de 12 años de gobierno kirchnerista. El anuncio de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner de boicotear la investidura de Macri (Cambiemos) se enmarcó en una cuidada puesta en escena. Bajo dos retratos de Eva Perón, junto a la bandera nacional, Cristina se apareció ante un gran auditorio, en el que estaban también las Madres de la Plaza de Mayo. La imagen no es casual. El Partido Justicialista es de inspiración peronista. La sonrisa de Evita es parte del imaginario del PJ, es la imagen inspiradora de la dinastía Kirchner.

Para entender las raíces de la actual disputa política es preciso conocer las conexiones ideológicas e icónicas entre Perón y los actuales peronistas. ¿Por qué Cristina K se mira en el espejo de Evita? Veamos las claves de la Historia.

Juan Domingo Perón, nacido en 1895, fue general y presidente de Argentina. Hijo natural, su origen social mixto le deparó un fuerte rechazo hacia la burguesía y una admiración por todo lo militar. Como bien analiza Inger Enkvist en su libro Iconos latinoamericanos (2008), Perón fue desde sus comienzos un enérgico trepador social. De hecho se inició en la política viajando con una beca militar a la Italia fascista, debido a su interés por las cuestiones militares.

En 1943 se produjo un golpe de Estado a manos de un grupo de oficiales, el GOU. Perón trabajó para los golpistas en el ministerio de Trabajo. Desde el poder entró en contacto con sindicatos como la CGT y se hizo ver como el portavoz de los obreros. Si bien la junta militar adoptó varias medidas sociales populistas, también simpatizó con la Alemania nazi. De hecho, después de la Segunda Guerra Mundial, Argentina acogió a miles de nazis prófugos, entre ellos Adolf Eichmann, Joseph Mengele, Ante Pavelic y un largo etcétera. En sólo dos años Perón logró, vinculado con los gremios, destacar como líder de los llamados descamisados. Pero en 1945 fue apartado del poder y encarcelado. Pasó así de ser ministro golpista a preso, y de preso a héroe popular y candidato a presidente de la nación argentina.

Durante la campaña electoral de 1946 los antiperonistas echaban en cara a Perón su perfil pronazi, difundiendo el lema “libros sí, botas no”. A esto contestó el candidato lanzando una consigna populista: “alpargatas sí, libros no”. Como bien señala Marysa Navarro, el uso y el abuso del nacionalismo y el antiamericanismo es una constante del peronismo. Tras su victoria, el general Perón gobernó en dos mandatos sucesivos, de 1946 a 1952, y de 1952 a 1955, año en que fue derrocado por un golpe militar. Después de pasar 18 años en el exilio, en la España de Franco, Perón regresó a la Argentina y resultó elegido por tercera vez, obteniendo la presidencia en 1973. Pasados apenas nueve meses de este llamado gobierno populista tardío, Juan Domingo murió, en julio de 1974, dejando el gobierno en manos de la vicepresidenta, María Estela Martínez de Perón, su viuda. Un similar traspaso del gobierno se daría años más tarde, en el caso del matrimonio Kirchner. En 2007, el presidente Néstor K cedió el poder a su mujer, Cristina, la cual enviudaría en 2010.

Para Joan Benavent hay rasgos similares en la política obrera de Perón y la de Musolini. Una vez instalado en el poder, Perón procedió a disolver los tres partidos que lo habían ayudado a triunfar y creó el Partido Justicialista como partido único. Su dictadura populista incluía el culto al líder, eliminando así el debate político. Otro elemento de confusión ideológica del peronismo es que se define el justicialismo como una filosofía de vida, incluso como una religión, con lemas como “Evita es un hada”. El peronismo es, en realidad, una defensa de la oligarquía apelando a las emociones del pueblo. La práctica de la corrupción, del clientelismo, vació de contenido la democracia. En acertada expresión de Javier Auyero, la política se convierte en performance. En la cumbre de su poder, Perón persiguió a la prensa independiente y creó los “delitos de imprenta”. Sometió el poder judicial al gobierno, creó una burocracia fiel al líder, y sometió a purgas a la Universidad. Su medida estrella fue el nombramiento de Eva Perón como jefa del Partido Peronista Femenino. Al asimilar a la CGT al partido como su rama sindical, Evita pasó a ser la portavoz informal con la masa obrera.

El triunfo de Eva Perón fue fulgurante. Nacida como Eva María Ibarguren, comparte con Perón un origen social mixto. Hija natural, su rechazo hacia el padre oligarca devino en el odio contra los ricos, de una manera más bien naif. En su libro Santa Evita (1995), Tomás Eloy Martínez describe cómo ella conoció a Perón, entonces ministro de la junta militar. Es deliciosa la escena en la que Eva le dice “gracias por existir, coronel”. De actriz mediocre y amante vergonzante pasó a ser esposa del candidato y luego la primera dama de Argentina. Desde el inicio colaboró con Perón en su campaña política, para lo cual cambió sus modales, su vestuario y su peinado. Así nació el icono de Evita: la nueva Eva era sofisticada, elegante, segura de sí misma y algo autoritaria.

En 1948 se creó la Fundación María Eva Duarte de Perón. Su dedicación a esta labora sindical-asistencial fue total. De baja condición social, esta descamisada se ganó el ser llamada “benefactora de los humildes” y “jefa espiritual de la nación”. Su mayor contribución sin embargo, fue dramatizar la política, algo muy del gusto de los argentinos. Sus discursos hablan de la lealtad que los obreros le deben a Perón, repitiendo ideas simples pero eficaces. El culto al matrimonio Perón llevó a la gente humilde a asumir que Eva era una santa, y que Perón era Argentina. La divinización era, pues, inevitable, con las dosis de sectarismo y fanatismo que Eva aportaba al discurso político.

Según Dujovne Ortiz, al morir Eva tempranamente, a los 33 años, un 26 de julio de 1952 a causa de un cáncer de útero, todas las actividades del país se paralizaron durante tres días, y se declaró un duelo oficial de un mes. Tras su muerte, Eva dejó una enorme fortuna, un patrimonio de más de doce millones de dólares. Tenía joyas, abrigos de pieles, casas y fincas. En palabras de Ghioldi, “el entierro de Evita fue el más costoso de la mujer más cara de la historia y del mundo”.

Por su parte Cristina Kirchner asume el icono de Evita. Ambas se presentan como el puente de amor entre Perón y el pueblo. No distinguen entre sentimiento y pensamiento. Para Susana Rosano, investigadora argentina, resulta una novedad que una mujer tuviera un rol, un papel preferente en la producción ideológica-estética. Tanto Evita como Cristina se apropian de la voz masculina del marido, haciendo que su mensaje suene distinto. Lo nuevo del peronismo hembra es la mezcla del estrellato mediático con la política.

De este modo la sonrisa de Evita, su seducción, nos habla de un erotismo de la política. Todo en ella ejerce fascinación: la belleza, la ropa cara, sus fotos, su enfermedad y su muerte. Las partes ambiguas, oscuras, de su vida, le añaden atractivo, le dan morbo. El icono de Evita ha funcionado y se ha travestido al imaginario de izquierdas.

Los Kirchner

La duda sobre si Perón era de izquierdas o de derechas sólo puede venir de gentes de izquierda que desconocen cómo funcionaba el fascismo, con su movilización permanente de la clase obrera, dirigida desde arriba, como ocurre en Argentina. En el caso del gobierno Kirchner está clara la cuestión: el peronismo de Perón y Evita se inspiró en el fascismo de los años 40. La evolución lingüística del peronismo promovida por la “monarquía” Kirchner ha edulcorado la versión original, mezclándola con el lenguaje políticamente correcto y con eslóganes de la tradición de izquierdas en asuntos sociales y de derechos humanos. La suma de ambos peronismos es un discurso nacionalista estatista.

Según Auyero el clientelismo es una práctica habitual del peronismo actual. La herencia peronista ha llevado a la coacción a los votantes, lo cual deslegitima la democracia. Para Sebastián Lavezzolo el sistema político argentino, de tipo presidencialista, mantiene unos niveles de clientelismo y corrupción escandalosos, a lo cual no escapa el kirchnerismo. El manejo de los recursos petrolíferos por parte de las provincias hace que el gobierno limite su capacidad de compra de lealtades electorales. No obstante, el gobierno Kirchner se beneficia de la implacable eficiencia de los aparatos clientelares, sobre los que se ha basado su hegemonía electoral.

Al igual que el matrimonio Perón, los Kirchner tenían establecida una división del trabajo político. Néstor se encargaba de dirigir las campañas para las elecciones presidenciales y las numerosas elecciones a gobernador provincial. En el momento álgido de su popularidad, en 2007, el presidente Néstor Kirchner asombró al mundo, al desistir de su candidatura a favor de su mujer, Cristina. Al morir aquel en octubre de 2010 por crisis cardiaca se produjo una gran conmoción popular. Para el funeral del expresidente se reunió una muchedumbre en la Plaza de Mayo. Hugo Chávez, Evo Morales y otros jefes de Estado acudieron para decir adiós al exmandatario.

El relevo político en América Latina es ya un hecho. Primero Guatemala, luego Argentina y ahora Venezuela ven un nuevo rumbo. Son importantes cambios de gobierno pero en Argentina se acentúa la división de la sociedad entre kirchneristas y opositores. Como señala Denis Merklen, la oposición empezó hace años a criticar la poca disposición del gobierno para llegar a acuerdos, acusándole de autoritarismo, de clientelismo y de manipulación. La corrupción generalizada y el súbito enriquecimiento de la presidenta han venido ocupando las primeras planas de los periódicos, como el diario La Nación, y de los telediarios.

No deja de ser curioso lo que me contaba una estudiante uruguaya hace unos días: “Fijate que tanto en la bandera de Argentina como en la del Uruguay figura un sol. Pero, mientras el sol uruguayo sonríe, el sol argentino, en cambio, está serio. ¿Por qué será?”

10 de diciembre de 2015

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