Alicia García Herrera, Historia
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Paseando con Heródoto

Heródoto, padre la historia antigua, es el personaje central del libro de Penadés.

Por Alicia García Herrera. Viernes, 4 de diciembre de 2015

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Tras las huellas de Heródoto se concibe como la crónica de un viaje que recorre la costa suroeste de Turquía, siguiendo en buena parte la trayectoria trazada por el ejército de Jerjes en la invasión de Grecia durante la Segunda Guerra Médica. El propósito de su autor, el abogado y periodista Antonio Penadés, ha sido descubrir la presencia de Heródoto, seguir sus pasos y aventuras, de ahí que el viajero, el propio escritor, parta de Halicarnaso, ciudad en la que vivió el historiador clásico, para recorrer luego lugares míticos de la historia antigua. Penadés, es no solo jurista y escritor, sino historiador, narrador y ensayista, además de delegado de Familias sin Fronteras por la Infancia, oenegé que financia orfanatos y escuelas en Haití. También es presidente de la asociación Acción Cívica, organización ciudadana creada en 2014 con el objetivo de combatir activamente la corrupción.

En su libro, el autor cuenta el viaje que realizó en el año 2009 por la antigua región de Jonia (situada en la actual Turquía), un periplo de quince días que comenzó, como no podía ser de otra manera, en Halicarnaso (actual Bodrum), ciudad natal de Heródoto, y desde allí fue recorriendo lugares míticos donde se han desarrollado algunos de los hechos más legendarios de la historia antigua: Mileto, Priene, Samos, Éfeso, Afrodisias, Hierápolis, Sardes, Esmirna, Focea, Pérgamo, Assos, Troya y Bizancio. El viaje queda plasmado en un excelente libro que edita la editorial Almuraza y que incluye mapas y 40 fotografías a color.

Tras las huellas de Heródoto es la crónica de un viaje que parte de Halicarnaso, precioso rincón del suroeste de la actual Turquía donde el «padre de la historia» vivió la mayor parte de su infancia. El autor va siguiendo el itinerario del ejército del rey persa Jerjes en su expedición a Grecia mientras ahonda en la vida y el pensamiento de Heródoto —un ejemplo de gran hombre por su amplitud de miras y su respeto al otro— y describe el impresionante legado de los griegos antiguos, clave para comprender nuestra civilización actual. Además de adentrarse a fondo en la historia de Grecia y en la obra de Heródoto, este «viaje íntimo e intenso» recorre toda la ribera oriental del mar Egeo, desde el suroeste de Turquía hasta Estambul.

“Se trataba de recorrer los lugares en los que Heródoto vivió y transcurrió su infancia y juventud. Este libro no habría podido existir si no llega a ser por Heródoto. Buscando la Grecia antigua, Turquía me sorprendió, un país magnífico con grandes contrastes”, asegura Penadés. Tras las huellas de Heródoto, que el mismo escritor califica como un “proyecto viajero-histórico-literario”, se gesta durante su adolescencia y comienza durante una fría tarde de lluvia en una biblioteca pública. El descubrimiento bajo esas circunstancias de la obra y de la figura de Heródoto actúa como catalizador de “un interés sincero del escritor hacia la condición del hombre”, que justifica en lo esencial la fascinación que la historia antigua ejerce sobre el autor. El viaje es el sueño de una noche de verano del narrador que se ejecuta más de un cuarto de siglo después, en plena madurez física e intelectual, ya en solitario. De ahí que revista en cierto modo la condición de viaje iniciático, entendida la palabra no en su acepción esotérica sino en el sentido de viaje hacia el conocimiento. Este tipo de viajes suelen producirse en épocas en las que se activa un arquetipo, fenómeno que da lugar a“sincronicidades” en nuestra vida ordinaria. El resultado no es otro que un ensanchamiento de la personalidad. Bien pudiera ser el caso, pues el autor afirma con rotundidad que “al regreso de un viaje tan enriquecedor, la concepción que uno tiene del mundo varía indefectiblemente”, como también es sincronicidad la coincidencia parcial temática de su proyecto con el de Kapuściński (Viajes con Heródoto), cuyo libro le acompaña en su viaje.

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Bodrum, antigua Halicarnaso, ciudad que vio nacer a Heródoto. Foto: Yilmaz Oevuenc.

La obra viene estructurada en diez partes, introducción y nueve capítulos, precedidas por el prólogo del conocido novelista e historiador Gisbert Haefs, sencillamente magistral. Se incorpora, además, una guía cronológica que facilita la ubicación del marco histórico para el lector no especializado en historia griega. Se echa de menos por momentos una tabla de contenidos para facilitar la consulta de las abundantes materias (historia, mitos, leyendas) que se abordan en el texto, omisión excusable si se tiene en consideración que la obra no se concibe estrictamente como una crónica viajera o un ensayo de naturaleza histórico-filosófica, sino que incorpora un aspecto literario esencial, tal como expresa el autor. Tras las huellas de Heródoto es, en efecto, un cuaderno de viajes al que se incorporan elementos históricos, leyendas y la narrativa de la propia experiencia vital del viajero en su recorrido desde el presente hacia el pasado.

tras_las_huellas_de_herodoto_de_antonio_penades_chustCada uno de los nueve capítulos viene acompañado por una leyenda en la que se sintetiza la historia de las ciudades visitadas. El capítulo final, referido a Quersoneso y Bizancio (actual Estambul), se rotula simplemente como Fin del viaje. La obra mantiene una estructura equilibrada que parece responder a los principios de la Poética de Aristóteles (introducción, nudo y desenlace) con mayor extensión de contenidos en los capítulos centrales. La sistemática elegida para estructurar cada capítulo y, dentro de este, cada etapa del viaje, responde en esencia a esos principios; pero en la forma de contar se adivina el influjo de los Nueve Libros de la Historia de Heródoto, o al menos algún que otro guiño (también en la obra hay nueve “libros” o capítulos). El viajero parte, como hiciera Heródoto, de una descripción detallada del paisaje para pasar, a continuación, a retrotraerse en el tiempo y explicar la historia del lugar visitado con apoyo en las fuentes (sobre todo Heródoto, pero también otras que cita a pie de página con rigor académico), deslizando anécdotas de gran interés, como la piratería en las rutas comerciales, la llamativa inteligencia de Artemisia y de la joven Gorgo, mosquitos en Priene, el tirano de Samos, la costumbre de las jóvenes lidias de prostituirse para costear su dote o el origen de los etruscos. No faltan leyendas como la de los gobernantes de Paros o Asclepio, o referencias a cultos asociados a los lugares visitados: Hera en Samos, Afrodita en Afrosidias, Apolo en Mileto, Artemisa en Sardes, y sus propias reflexiones morales u opiniones, realizadas todas ellas sin afán dogmático.

En ciertos aspectos, llevado por su entusiasmo e indudable erudición, el autor resulta prolijo desde la perspectiva del lector medio (sobre todo en la descripción del ejército de Jerjes o la narración de algunas batallas, por ejemplo la de Maratón), exceso que compensa con el lenguaje fluido, variado y ameno. Acierta Haefs al decir que Antonio Penadés es un excelente lector, pues sólo alguien con mucho “oficio” puede escribir así, y con los sutiles cambios de tono que establecen complicidades con sus interlocutores, suscitando incluso la sonrisa (insectos en la ducha, música “hortera” en la radio turca, la anécdota inexplicada del grupo de japoneses que rehúsa tomar parte en los baños públicos de Hierápolis, cuando en Japón, el baño Onse o Sento es toda una experiencia social). Los momentos de tensión o de “peligro” amenizan igualmente la lectura, como cuando el viajero se pierde varias veces en caminos no transitados (¿hubiera ayudado incorporar un GPS en el kit del viajero?), se queda sin batería en el teléfono, pretende subir a la acrópolis de Sardes por un camino desde el que puede precipitarse al vacío o introduce en Estambul a un extraño en su vehículo que resulta ser un antiguo agente infiltrado.

De especial interés desde nuestro punto de vista resultan los capítulos V y VIII. En el primero se contienen referencias al origen de la escritura, lo que es una buena excusa para retomar la reflexión sobre la literatura que Penadés efectúa ya desde las primeras páginas y sobre la novela histórica. Destaca el extenso tratamiento de la figura de Afrodita, a quien califica como su diosa preferida, las referencias a las nueve musas y al humor, introduciéndonos también en los principios básicos de la medicina griega. En el capítulo VIII es relevante la referencia a Assos como ciudad de filósofos (Aristóteles). Se proporciona, además, una preciosa y plausible teoría sobre el origen del templo griego que no debe pasar en absoluto desapercibida. Tampoco debe el lector pasar por alto la leyenda sobre el origen de la guerra de Troya ni la versión de Heródoto sobre el rapto de Helena, que suscita la crítica del historiador sobre la epopeya de Homero. En este punto, el autor se desvía por primera vez del pensamiento de Heródoto, puesto que para Penadés la historia es ciencia, a diferencia de la poesía épica, que es arte, de modo que el arte no puede rebatirse utilizando argumentos de la ciencia; esta toma de posición es reflejo de su concepción sobre la novela histórica, de la que alguno, aquel que entienda que la expresión “novela histórica” es una contradictio in terminis, podría discrepar en parte.

Pese a la abundancia de temas significativos que se abordan en la obra (la noción del tiempo, la insignificancia humana, la vida agitada de las ciudades, el respeto al otro, la justificación en ciertos casos del uso de la violencia, la perseverancia frente a la adversidad y el esfuerzo baldío, el concepto de la felicidad, los condicionantes de la libertad personal) hay ciertos ítems recurrentes. Así, el exceso de orgullo o hybris, que el autor pone en conexión con la teoría del ciclo de Herótodo –en definitiva, el mal siempre se destruye a sí mismo– o el injusto principio de transmisión de la culpa de padres a hijos o incluso a miembros de diferentes generaciones, como en el caso de Creso. Frente a la hybris se propugna el valor de la areté y se opone la sofrosyne como virtud, relacionada con su pariente cercano, la harmonia. No se aborda la humildad como elemento compensador del exceso de hybris, no sólo por ser un concepto habitualmente ligado a las religiones del libro sino probablemente porque, de acuerdo con el pensamiento clásico, la humildad no es virtud o bien es cualidad propia del hombre llamado a las pequeñas cosas. Sobre estas y otras cuestiones el autor expone su propio punto de vista, como ya advertimos, mediante reflexiones muy elaboradas que hunden sus raíces en el clasicismo –así ocurre con la defensa del individualismo frente a la despersonalización propia de una sociedad de masas–. Sean compartidas o no por el lector sus opiniones, el mero planteamiento de estos temas se erige en una ocasión magnífica para reflexionar y construir el propio ideario de una manera fundada, pues se trata de aspectos universales ligados a la condición del hombre (recordemos el aforismo “conócete a ti mismo”, escrito en el pronaos del templo de Apolo en Delfos).

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El escritor Antonio Penadés.

Dice el autor que “para conocer las ciudades es preciso viajar y vivirlas”. El viajero necesitará seguramente completar de forma exhaustiva la visita a Bizancio (Estambul). Necesitará recorrer otras ciudades griegas en el Mediterráneo (ojalá algún día desembarque en las antiguas colonias griegas del Norte de África) o seguir el rastro de Alejandro, quién sabe. Sea como fuere, resultará innecesario recurrir al oráculo de Delfos, al de Dídima o incluso a cualquier pitonisa al uso para augurar nuevas experiencias histórico-literiario-viajeras a Antonio Penadés. Como sucede con los libros, también la vida nos elige.

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ALICIA GARCIA HERRERA

Alicia García Herrera

1 Kommentare

  1. Su autor posee la virtud de divulgar y sintetizar como nadie los entresijos de la civilizacion griega, rememorando a cada paso la obra y la riquisima personalidad de Herodoto, omnipresente en la intrahistoria de aquel paisaje; y todo a traves de un viaje que no solo relata con absoluta frescura y fluidez, dando de lleno con la prosa y el tono requeridos, sino que lo revive desde su mejor entrana viajera y erudita para que el lector lo acompane en cuerpo y alma a cada paso.

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