Ángel Vilarello, Deportes, Número 43
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La trituradora galáctica

Florentino Pérez y Zidane, su nuevo entrenador. Foto: Efe.

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Angel Vilarello

Por Ángel Vilarello

Estaba cantado, la trituradora más potente del mercado futbolístico, el modelo Florentino Pérez, ha hecho su función y se ha cargado sólo unos meses después de su presentación al enésimo entrenador, bueno, en realidad al décimo, sucediendo Benitez a nombres tan ilustres como Del Bosque, Camacho, Pellegrini, Mourinho o Ancelotti, entre otros. Y así se cumplió otro tópico del fútbol, según el cual, el entrenador que es ratificado por su presidente, puede ir haciendo la maleta y un currículum.

Resulta irónico que el propio presidente hable de “proyectos” o de paciencia, cuando él mismo carece de ellos, y tenga el cuajo de vender cada nuevo entrenador como la persona idónea, el técnico ideal, nacido para entrenar al Real Madrid y además, sabiendo que es de gatillo fácil, que todos se van a ir con jugosas indemnizaciones gracias a sus contratos a largo plazo.

Pero el problema madridista va más allá de esa silla eléctrica en la que el presidente ha convertido el banquillo blanco, va más allá del esperpento de la eliminación copera por alineación indebida, supera incluso las muestras públicas de desaprobación de unos jugadores hacia el que se supone es su jefe. El problema radica en el ego de un presidente que ha convertido al club en un juguete, en un capricho personal que maneja a su antojo. Nadie duda de su capacidad para dirigir una empresa, pero su mayor ejemplo de sabiduría sería dejar en manos de verdaderos profesionales aquellas decisiones para las que uno no está preparado, por mucho que el orgullo y el ansia de protagonismo le pueda en algunos momentos.

Ahora le toca el turno al idolatrado Zinedine Zidane, el primer entrenador francés que dirigirá al Real Madrid. Apenas sin experiencia como técnico, goza del apoyo de la afición y de la plantilla, y con eso parece ser suficiente para un presidente que seguramente se ha asegurado bien que nadie corta los hilos que van desde su despacho hasta el vestuario.

Pero si parece cuanto menos desproporcionado el desfile de técnicos por la casa blanca, no hay que olvidar que el proyecto deportivo del señor Pérez, en lo que a futbolistas se refiere, deja bastante que desear, y las garras de la trituradora presidencial parecen alcanzar el propio césped, aunque esto daría para todo un estudio de investigación que diese luz a ciertas “casualidades” en forma de contratos de su poderosa FCC allí donde el Madrid pagó cantidades fuera del precio de mercado por jugadores que pasaron sin pena ni gloria por el club merengue.

Si hacemos un ejercicio de memoria, ni siquiera habrá lugar para valorar si el proyecto deportivo de Don Florentino es mejor o peor, verán que simplemente no existe. Estoy seguro que un niño en el patio del colegio y un puñado de cromos, tendría más criterio a la hora de cambiarlos con sus amigos y crear un plantilla magnífica y mínimamente estable. Agárrense, que vienen curvas, o mejor dicho, pufos.

Empecemos por alguno reciente, como Illarramendi, el llamado a ser el sustituto del exquisito Xabi Alonso. Treinta millones pagados a la Real Sociedad, que recupera al jugador poco después por diez, un negocio redondo. Lucas Silva, brasileño cedido en Francia, cuyo club de destino quiere devolverlo ya por bajo rendimiento. Pero aún hay más, mucho más, seguro que ya ni se acuerdan de la mayoría: Flavio, Owen, Woodgate, Samuel, Pedro León, Kaká, Cicinho, Diogo, Sahin, Altintop, Canales, Essien, y los casi cómicos Gravesen, Cassano y Julien Faubert, al que se le recuerda por su sobrepeso y por quedarse dormido en el banquillo en partido de liga frente al Villarreal.

Y en lo más reciente, tampoco parece que haya cambiado mucho el criterio, con Bale discutido a pesar de su coste y la supuesta imposición de su alineación desde el palco, con Lucas Vázquez centrocampista que llegó a jugar de lateral con Benítez, con Cheryshev que pasará a la historia del Madrid por su alineación indebida en la Copa del Rey, Kiko Casilla que se irá casi sin pisar el Bernabéu, y otros expertos en calentar banquillo como Danilo, Casemiro o Kovacic. Sin olvidar la llamada “Fábrica”, la cantera madridista, que abastecida con los mejores jugadores del país, y parte del extranjero, es incapaz de crear futbolistas para el primer equipo. Y es que la trituradora es implacable. Una trituradora galáctica.

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