Humor Gráfico, José L. Castro Lombilla, Lombilla, Número 43, Opinión
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Carta a Gurb

Por J.L. Castro Lombilla

J. L. Castro Lombilla

J. L. Castro Lombilla

Estimado Gurb: Como el lunes pasado Mariano Rajoy no se presentó al debate ese tan importante, yo, preocupadísimo, me puse a buscarlo diciendo estas cosas tan sentidas que te escribo aquí debajo:

¿Adónde te escondiste,
Mariano, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste, habiéndome herido;
salí tras ti clamando y eras ido.

Desde luego, era lo menos que podía decir; vamos, digo yo; porque otro en mi lugar, ay, ¡¡¡aaaayyyy!!!, ay lo que hubiera soltado por esta boquita otro en mi lugar… El caso es que Mariano, por más que yo lo llamaba no aparecía por ningún sitio. Así que hice lo que cualquier ornitorrinco hubiera hecho en mi lugar, le pregunté a unos pastores, a ver si no:

Pastores, los que fuerdes
allá por las majadas al otero,
si por ventura vierdes
aquel presidente del Gobierno que yo más quiero,
decidle que adolezco, peno, voto a Podemos y muero.

Fíjate cómo estaba yo de preocupado, Gurb, que les pregunté incluso a los bosques, las espesuras y los prados… ¡Con eso te lo digo todo!:

¡Oh bosques y espesuras,
plantadas por la mano de Mariano,
oh, prado de verduras,
de flores esmaltado,
decid si por vosotros su coche oficial ha pasado!

Y no te vas a creer lo que me contestaron, Gurb:

Mil promesas electorales derramando,
pasó por estos cotos (de Doñana) con presura,
y yéndolos mirando,
con sola su figura
vestidos los dejó (por raro que pueda parecer) de su hermosura.

Yo entonces ya no me pude aguantar y me puse en mi sitio:

¡Ay, quién podrá sanarme!
Acaba de entregarte ya de vero;
no quieras enviarme
de hoy más ya Soraya o mensajero
que no saben decirme lo que quiero.
Y todos cuantos vagan,
de ti me van mil gallegadas refiriendo
y todos más me llagan,
y déjame muriendo
un no sé qué que quedan sobre Bárcenas y Rato balbuciendo.

Y yo no sé lo que se le infundiría a ese hombre, pero de pronto apareció haciendo footing y, con un puro en la boca, me dijo:

Vuélvete, paloma,
que el Bertín Osborne vulnerado
por el otero asoma,
al aire de tu voto, y un fresco toma (y dos güisquis también, claro).

Efectivamente, oye, como quien no quiere la cosa apareció Bertín Osborne y entonces Rajoy, bajándose muy inopinadamente los pantalones, dijo:

En la interior bodega (de Jerez)
de mi amado bebí, y cuando salía
por toda aquesta vega,
ya cosa no sabía,
y el electorado perdí que antes seguía.
Alli Bertín me dio su pecho,
allí me enseñó ciencia televisiva muy sabrosa,
y yo le di de hecho
audiencia, sin dejar cosa:
allí le prometí de ser su esposa.

Y cuando yo iba a decirle ya cuatro cosas bien dichas, pasó lo que siempre pasa en estos casos, que apareció Amancio Prada diciendo que allí se estaba plagiando muy tontamente a san Juan de la Cruz y que eso estaba muy feo y que a ver si nos íbamos ya a tomar por culo…

A mí, cuando vi a aquel hombre decir esa ordinariez, con lo educadito y fino que es siempre, cantando además esas cosas tan bonitas que canta constantemente, pues qué quieres que te diga, Gurb, a mí se me cayeron los palos del sombrajo. Y, claro, como Mariano Rajoy y Bertín Osborne comenzaron a tocarse muy mariquitamente los deltoides y los gastronecmios, yo, que estaba ya del presidente del Gobierno hasta el 21% del IVA cultural, le dije adiós con las dos manos y me puse a recoger los palos del sombrajo que se me habían caído. Porque es lo que yo digo siempre, Gurb, que eso de dejar tirados los palos del sombrajo por ahí no queda bonito.

Tuyo afectísimo:
José Luis Castro Lombilla

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2 Kommentare

  1. Paco Cisterna dicen

    ¡Ole y ole, y otra vez ole¡ Y digo ole por no decir olé, que también pudiera ser.

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