Francisco Ortiz, Viajes
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Salve Regina María de Rumanía

Una imagen de la arcada del Palacete de Balcik, en Bulgaria. Foto: F.O.

Por Francisco Ortiz. Sábado, 15 de noviembre de 2015

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Cuando volvemos de un viaje solemos olvidar mucho de lo visto, de lo vivido. Pocas veces nos traemos una emoción, un lugar, una historia que nos conmueva y supere la categoría del souvenir. Muy pocas. Uno ha sentido en ocasiones que esa Alejandría, ese Valparaíso, esa Sarajevo, ya no me tendrían en sus calles, en sus cafés. Otras veces la desazón ha apretado al viajero al conocer un secreto en un olvidado palacio, la historia fascinante de una vida de mujer. En ese sentido hoy les voy a contar un viaje secreto.

Bulgaria es un país rico en historia y folclore, de bosques y montañas que evocan los mejores cuentos y leyendas de los Balcanes. Desde Sofía hasta el Mar Negro uno va encandilado por los monasterios de Rila, las aldeas otomanas, y las joyas de iglesias bizantinas junto al mar, como en Nessebar. Aunque es un destino cada año más en alza, Bulgaria sigue estando en la orilla de los grandes viajes. Por suerte. Durante la dictadura comunista de Todor Jivkov, a pesar de considerarse la playa como “alienante”, nacieron los primeros apartamentos en el litoral del Mar Negro. El primer resort turístico búlgaro se llamó Albena, pensado para ciudadanos ejemplares y colonias de jóvenes pioneros. Hoy en día el paisaje humano es muy diferente, y se encuentran miles de turistas del este en las playas de Varna, Arenas Doradas y Sozopol, los lugares más frecuentados.

A unos 40 kilómetros al norte de Varna se encuentra mi lugar con encanto, Balcik. Con apenas 12.000 habitantes conserva el ambiente de los años veinte: sencillez y frescura, playa y paseos. Un lugar mínimo y precioso, con su puerto pesquero y una historia que contar, la de la reina María de Rumanía. Balchik la blanca, llamada así por su blanco litoral y blancos acantilados, fue colonizada por comerciantes de Mileto, que la llamaron Krunoi y luego Dionysopolis. La viticultura prosperó con los romanos y bizantinos, y más tarde Balchik se convirtió en una ciudad fronteriza del Imperio Otomano. En 1913 la región de la Dobrudja y la propia Balchik fueron ocupadas por Rumanía, y en 1940 volvieron a Bulgaria. Además de visitarse el Museo de Historia, con secciones de historia local, de arqueología y etnografía, se puede y se debe disfrutar del Cherno More o Mar Negro. Hay en Balcik todo un promenade con restaurantes de buen pescado fresco, que va del puerto al palacio de la reina María. La playa es de arena artificial, cuidada y rubia.

Sin duda el principal atractivo de Balchik es la residencia de verano de la reina María. El pequeño palacio o dvorets se construyó en 1926 por el rey Fernando de Rumanía para su esposa británica, María Alexandrina Victoria de Edimburgo. La villa es de un tamaño modesto pero tiene un magnífico jardín botánico. Su arquitectura es ecléctica, de estilos gótico, búlgaro e islámico. Actualmente el palacio tiene dos entradas para los visitantes. Seis habitaciones se exhiben al público, conservando el mobiliario y la decoración originales.

Durante el período rumano de Balchik intelectuales rumanos apreciaron el encanto de la región, de sus paisajes, y en los años veinte muchos artistas y aristócratas compraron aquí propiedades. Amigos de la reina María la trajeron como invitada y ella conoció la aldea de pescadores con sus blancos acantilados, y quedó fascinada. Enseguida decidió tener su residencia de verano, diseñada para amoldarse al entorno sin alterarlo. Ella misma encargó a los arquitectos italianos Amerigo y Augustino la conjunción de estilos, algo que se correspondía con su interés por acercar espiritualmente el mundo ortodoxo y el mundo islámico. La villa está construida sobre tres terrazas que descienden hasta llegar a la orilla del mar. Aprovechando el desnivel las aguas discurren por canales de piedra desde dos fuentes y caen en cascadas de aguas cristalinas. Una de ellas tiene un salto de 25 metros, la otra, más pequeña, viene del llamado Jardín de Allâh.

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Vista general del palacete de Balcik.

El jardín botánico junto a la orilla del mar fue diseñado por el jardinero suizo Jules Gianni. Con cerca de 400 metros de longitud y 60 de anchura, el jardín combina pozos y arquerías, flores de variadas especies, fuentes y enormes tinajas de barro. Símbolos de las religiones cristiana y musulmana se despliegan con gracia y naturalidad en patios y jardines. Por ejemplo, la capilla llamada La Asunción de María, que se hizo en 1932, se sitúa en un jardincillo de hermosas flores blancas, y contiene un iconostasio de 1721.

El complejo se compone de otras villas y edificios. Así por ejemplo, la villa Flecha Azul se hizo en 1931, sobre la parte alta del acantilado, fue visitada por los príncipes Nicolai e Ileana, hijos de la reina María. Un pequeño edificio, situado al norte de los jardines de Getsemaní, llama la atención por la poderosa corriente de agua que mana de uno de los muros. En este edificio se construyó una capilla y, debido a la condición medicinal del manadero de agua, se hizo una fuente sagrada.

Por escaleras de piedra se alcanza el jardín de Getsemaní, rodeado de tulipanes negros y exóticos árboles como el azofaifo, el granado, el manzano del paraíso, y arbustos. Más allá se encuentra un puente de piedra, reminiscencia del famoso Puente de los Suspiros de Venecia. Por él cruzamos al Jardín Inglés, sembrado de azucenas.

Al salir caminando hacia Balchik, que queda a dos kilómetros de este nido apacible, me vuelvo a mirar este palacio. Su blanco minarete y sus tejados rojos, envuelta la villa por los árboles y con sus jardines decorados de tinajas, medallones de piedra y verjas de hierro. Siento la desazón de la despedida, sé que no volveré aquí y aprieto el paso.

La reina María, huésped del Conde Drácula

Cuenta el historiador catalán Eladi Romero García que nuestro personaje, la reina María, murió un 18 de julio de 1938, herida accidentalmente cuando intentaba separar a sus dos hijos, Nicolai y Karol, los cuales pretendían batirse en duelo. Esto es leyenda, pero refleja el tormentoso mundo de la familia real rumana, con hijos despechados, reyes fascistas y amantes despendoladas por varios castillos reales. La realidad es que la reina más querida por el pueblo de Rumanía murió de un cáncer de páncreas, y rindió su espíritu azul en el castillo de Pelisor, en Sinaia (Rumanía). Tenía 62 años.

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Palacio de Sinaia.

Nacida como María Alejandrina Victoria de Sajonia-Coburgo-Gotha, fue princesa de Edimburgo y reina de Rumanía, de 1914 a 1927. En este año, al morir su marido el rey Fernando, el trono pasó a su nieto Miguel, y más tarde este es destronado por el malo de la película, Karol II.

Nacida y criada en Inglaterra, a los 17 años llegó a Rumanía para casarse con Fernando de Rumanía. Fueron coronados en Alba Iulia, en Transilvania, y residieron en Sinaia y en Bran. De él tuvo María seis hijos. Esta nieta de la reina Victoria de Inglaterra padeció un infierno familiar, pues fue consciente desde el primer momento de que había sido importada a Rumanía para ser entrenada y formar parte de la maquinaria del rey.

Me atrae este personaje por su especial sensibilidad y su destino trágico. María, llamada Missy por su origen británico, fue una mujer de gran personalidad, moderna y con ganas de cambiar su mundo. De joven era una rubia sensual, voluptuosa e irresistible. Se le conocen varios amantes, uno de ellos un joven turco. También era una ondina fantasiosa y romántica. Su faceta como escritora dio sus frutos, con obras como La historia de mi vida, La azucena de la vida, Mi país (este se publicó en 1916).

Esta reina no solo se quedó en recreaciones historicistas y libros bellos de la belle epoque. María “Missy”, valiente e inteligente, colaboró durante la Gran Guerra de 1914 en la fundación de la Cruz Roja y estuvo en primera línea del frente como enfermera. Al terminar la guerra mundial estuvo a cargo de la reconstrucción de palacios y edificios oficiales. Su energía y su dedicación a Rumanía fue constante y obtuvo una gran popularidad entre los rumanos.

Pero al igual que el emperador Augusto, “infortunado en los afectos domésticos”, María sufrió un auténtico calvario familiar. La casa real rumana vivió entre escándalos la época dorada de los años veinte a causa de los amoríos de Karol. Este príncipe fue desde sus primeros años un muchacho difícil, y fue criado por otras personas, no tuvo vínculo hacia su madre María. A la muerte del padre, Karol enconó su desapego hacia ella y en 1937, cuando se declaró la enfermedad fatal, se negó a prestarle auxilio. Ella tuvo que volver, enferma, desde Italia, en tren, algo que agravó aún más su estado. El verano del 38 moría Missy en Sinaia.

El destino tiene a veces elementos de ironía. Si bien Balcik fue residencia de verano de María de Rumanía, su hogar estaba en el corazón de Transilvania, en el castillo de Bran. Ella misma decía: “Balcik y Bran son mis casas de ensueño”. Es una lástima que hoy en día ese castillo sea un parque temático de Drácula, asaltado por las hordas de turistas. Nadie sabe, a nadie le importa saber, que el corazón embalsamado de María descansa en una pequeña capilla de piedra al pie del imponente castillo del conde Drácula.

28 de octubre de 2015

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Francisco Ortiz

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