Alicia García Herrera, Literatura
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Paul Auster, el escritor del azar

Paul Auster, aclamado autor de la Trilogía de Nueva York. Foto: Beowulf Sheehan

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Literatura

Por Alicia García Herrera. Miércoles, 18 de noviembre de 2015

It’s a poor sort of memory that only works backwards.
Through the Looking-Glass and what Alice Found There,
L.Carroll, Reina Blanca.

Los cambios experimentados en la narrativa actual han terminado con los principios de la Poética de Aristóteles que imponen la unidad de acción en la fábula, con una secuencia dividida en tres partes bien diferenciadas, prólogo, parte media y final. Estos cambios suponen nuevos retos para el escritor contemporáneo, como bien expresa Sukenik en su obra The Death of the Novel of Other Histories (1969). Desde las postrimerías del siglo XX la novela, y el arte en general, han dejado de suponer una mera extrapolación mimética de la realidad; el tiempo, por su parte, se resiste a un tratamiento lineal y se presenta discontinuo, fragmentado, incluso operante en diferentes planos, de modo que no puede afirmarse que cada hecho traiga su consecuencia de un hecho anterior. El mapa de nuestra realidad se construye entonces a partir de pequeños accidentes, de sucesos en apariencia insignificantes atribuibles a lo que se ha dado en llamar engañosamente azar o casualidad –que no causalidad–. Un reflejo de estos cambios es la introducción del azar y el juego en la creación literaria. Es lo imprevisto, the unintended, el punto de partida de un viaje que arranca de lo anodino y cotidiano para propulsarnos hacia el conocimiento, todo ello en un intento de entender la realidad, siempre poliédrica. La producción novelística de Paul Auster, narrador que se ha venido ubicando en el territorio del post-modernismo e incluso de la novela negra, es un buen ejemplo de la repercusión de la casualidad en nuestras vidas, repercusión de la que ni el propio Auster puede escapar, ya no como creador, sino como individuo, como acredita la importancia del azar en su propia supervivencia y formación.

Paul Auster es uno de los “contadores de historias” más fascinantes de las tres últimas décadas. Poeta, ensayista, traductor, novelista y cineasta casi por ese orden, es considerado en Europa un escritor de culto –no así en los Estados Unidos, a pesar de ser un escritor de élite, miembro de la American Academy of Arts and Letters, que le concedió en 1990 el Morton Dauwen Zabel Award–. La difusión de su obra comienza en España a finales de la década de los ochenta, con la publicación en 1988 por la editorial Júcar del primer cuento de The New York Trilogy, La ciudad de cristal (City of Glass), obra considerada como novela de detectives –“antinovela” detectivesca para Holzapfel (1996)–. A partir de esa fecha, la divulgación de sus libros a través de la editorial Anagrama, su sello definitivo después de experimentar con Júcar y Edhasa, ha incrementado su popularidad en nuestro país hasta el punto de llegar a hacerse en el año 2006 con uno de los galardones más prestigiosos, el Premio Príncipe de Asturias. Fundamental su discurso en este acto, donde nos explica su visión particular del arte, un arte que considera inútil pero en cuya inutilidad radica la expresión más notoria de nuestra humanidad.

Paul Auster nació en Newark, New Jersey, en 1947, en el seno de una familia de clase media. Desde muy joven fue un lector incansable. Custodio de la biblioteca de su tío, entre sus lecturas favoritas figuran clásicos como Dostoievski, Edgard Allan Poe, Nathaniel Hawthorne, Kafka, Beckett, Shakespeare y sobre todo El Quijote, de Miguel de Cervantes, del que afirma que es su libro preferido –de hecho, le rinde un pequeño homenaje en City of Glass–. Antes de matricularse en la Universidad de Columbia para cursar Lengua y Literatura inglesa, el joven Auster viajó por toda Europa. Francia, España, Italia e Irlanda fueron países que visitó durante su periplo. Después de graduarse, en 1970, comenzó a trabajar en un petrolero antes de instalarse en Francia, donde sobrevivió realizando traducciones (Mallarmé, Sartre y Simeón, entre otros) e incluso trabajando de “negro literario”. Estas primeras experiencias vitales se reflejan en cierto modo en The Art of Hunger (1992), donde se recopilan sus ensayos. El hambre del artista, el hambre por la vida que se convierte en arte que alimenta el alma, también tiene una vertiente material sentida como carencia, la experimentada por el propio Auster durante su vida en Europa –como paradoja, unas décadas después el país galo le nombraría Caballero de la Orden de las Artes y las Letras de Francia (1992), Oficial en 1998 y Comandante en 2005–. La vuelta a los Estados Unidos del autor en ciernes se produce en 1974, año en el que contrae matrimonio con Lydia Davis, hija del escritor Robert Gorham Davis, y se instala en Nueva York para trabajar como periodista en The New York Review of Books y en el Harper’s Saturday Review. En el año 1982, tras haber editado una antología de poesía francesa del siglo XX y varios ensayos de crítica literaria, debuta como novelista con Squeeze Play (Jugada de Presión), una novela negra ambientada en el mundo del béisbol que publicó bajo el pseudónimo de Paul Benjamín en una pequeña editorial, con un minúsculo tiro de ejemplares. El mismo año, tras la muerte de su padre, ve la luz The invention of Solitude, una obra de corte biográfico en la que el autor propone la necesidad de reinventar la soledad con fines creativos y de mejoramiento personal. En la fecha de sus primeros pasos en el mundo de la novela, Auster ya estaba divorciado de su primera esposa y casado con la escritora noruega Siri Hustvedt, acontecimiento que influye en su obra. El autor se consagraría internacionalmente con la tríada The New York Trilogy, integrada por City of Glass (1985), Ghosts (1986) y The Locked Room (1986), trabajos a los que seguiría In the Country of Last Things (1987), The Music of Chance (1990) y la importante obra Leviathan (1992), Premio Medicis a la mejor novela de un autor extranjero, así como The red Notebook (1993) . En estas obras ya están trazados los elementos definitorios de lo que podría calificarse como la “marca Auster”, caracterizada por la construcción de historias verosímiles que arrancan de hechos insignificantes marcados por el accidente, lo inesperado, aspecto que comparte con autores contemporáneos, como Julio Cortázar, Philip K. Dick u Orhan Pamuk, Premio Nobel de Literatura 2006.

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Foto: Lotte Hansen

El punto de inflexión en la producción literaria de Auster lo marca la desafortunada Mr. Vertigo (1994), donde se acerca sin pretenderlo al realismo mágico de Borges. Este exceso es compensado casi inmediatamente con el magistral guión cinematográfico Smoke, llevado al cine en 1995 por Wayne Wane. En el ámbito de la novela le siguen obras como Timbuktu (1999), conocida por sus detractores como “la historia del perrito” (Mr. Bones), galardonada, a pesar de las críticas, con Premio Literario Arzobispo Junta de San Clemente 2000 (Santiago de Compostela). Seguirían en el terreno de la novela el incongruente The Book of Illusions (2002), Premio del Gremio de Libreros de Madrid 2003 al mejor libro del año; Oracle Night (2004), Premio Qué Leer 2005 otorgado por los lectores, la sensiblera novela The Brooklyn Follies (2005), Travels in the Scriptorium (2006), Mark in he Dark (2008), Invisible (2009) y Sunset Park (2010), obras que reproducen en esencia los temas que siempre preocupan al escritor, la soledad, el dinero y el individualismo –en realidad, toda la producción literaria de Auster viene a ser una sola historia contada de diferentes maneras–. Sus trabajos más recientes, Winter Journal (2012) y Report From the Interior (2013), son de naturaleza autobiográfica.

Las novelas de Paul Auster giran en torno a historias sin finales cerrados, a veces laberínticas, contadas con una prosa limpia, precisa y elegante, poco dada a lo superfluo, resultado de la formación poética del autor. En el desarrollo de estas historias, que afectan a seres anodinos marcados por la tragedia, la locura, la enfermedad o la tristeza, muchas veces liberados a través del amor (el que se da pero también el que se recibe), destaca la importancia de lo accidental.

Un rasgo que le diferencia de otros narradores contemporáneos es su insistencia en involucrarse de forma directa en sus historias. Como en City of Glass, donde Quinn, el personaje central, cree que Auster es un detective cuando en realidad es un escritor. Este episodio es un reflejo de una anécdota real en la que Auster recibió una llamada en la que alguien preguntaba por Paul Auster, detective; la biografía de Peter Aaron, protagonista de Leviathan, es un reflejo de la suya propia, como también son reales y forman parte de sus vivencias muchos de los datos (calles, recuerdos infantiles, lugares donde estudió, etc..) que aparecen en sus trabajos. Al introducirse en su narrativa lo que Auster pretende es “hacer aflorar meditaciones propias sobre aspectos que me intrigan o conmueven, tomándome a mí solo como ejemplo” .

Un motivo recurrente en la novela de Auster es el desdoblamiento, tema que fascina al autor. La mayor parte de sus novelas están diseñadas por dúos de personajes (Quinn/Auster en City of Glass; Blue/Back en Ghosts, Peter Aaron/Benjamin Sachs en Leviathan o Nashe/Pozzi en The Music of Chance, a imitación de Cervantes, con Don Quijote y Sancho Panza). Las parejas de dobles le permiten explorar la realidad pero dentro de cada dúo, en cada personaje, el yo del autor se desdobla a su vez para contemplar los dos aspectos de uno mismo. Para Auster esa alteridad es necesaria para garantizar la identidad, la realidad del “yo”.

Otros ítems fundamentales en su obra son la metáfora del espacio (habitaciones cerradas, The Invention of Solitude; The Locked Room); el espacio físico del cuaderno (Trilogy of New York y The Red Notebook), del libro, imaginado como espacio habitable, y de la ciudad, convertida casi en personaje literario; el hambre y el deseo (In the Country of Last Things); la confusión entre realidad y ficción; y sobre todo, la búsqueda de la identidad, tema que obsesiona al autor.

tumblr_lyuh2imB0i1qb2n55o1_500Las bifurcaciones del destino causadas por lo imprevisto están presentes en toda la novela de Auster. Como ejemplos notorios, The New York Trilogy; The Music of Chance, finalista del Pen/Faulkner Award for Fiction, llevada al cine por el propio Auster en 1993; Leviathan, con su excepcional escena central; The Red Notebook o The Book of Illusions. De ahí que Auster haya sido calificado como “el escritor del azar”.

En una conversación con Gérard de Cortanze celebrada en 1995 (Dossier Paul Auster, Anagrama, 1996), el autor reacciona con contundencia ante la palabra azar, expresando su desinterés. En el universo de Auster no existe realmente la palabra azar, sino lo fortuito, la necesidad, las contingencias, el accidente. Admitida la existencia de lo accidental, Auster traslada al lector la tarea de decidir si existe una melodía de lo fortuito, una “música del azar” o quizás un plan preconcebido por el Demiurgo. Así, Marco Stangly Fogg, en The Monn Palace (1989), novela donde confluyen existencialismo y postmodernismo, afirma que “casuality was no longer the hidden demiurge that ruled the universe: down was up, the last was the firts, the end was the beginnig”. Quizá no exista nada más previsible que lo imprevisible.

La lectura de lo accidental en clave de sincronicidad nos lleva a concluir con Auster que la coincidencia, el accidente acausal, puede formar parte de nuestra realidad cotidiana. Algunos de esos accidentes bien pudieran ser casualidades (orquestadas o no) pero también pueden ser manifestaciones del principio de sincronidad, como propusiera en su momento el célebre psiquiatra suizo C. G. Jung al conectar nuestro psiquismo con su manifestación en el mundo físico. Desde esta perspectiva esos accidentes también podrían ser las señales externas que corresponden a la activación de arquetipos inconscientes que nos guían para resolver una de las cuestiones que más preocupan a Auster, la búsqueda de la identidad, el conocimiento más profundo, el hallazgo del self o el conocimiento de uno mismo, conocimiento al que también se llega a través de la palabra.

  15 de noviembre 2015

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ALICIA GARCIA HERRERA

Alicia García Herrera

 

1 Kommentare

  1. HIJOS DEL AZAR

    Somos producto de un ciego azar;

    no tiene nada de sagrado nuestra existencia;

    no hay lugar para la trascendencia

    AFORTUNADOS EN EL JUEGO

    Un cumulo de infinitas casualidades se han
    tenido que dar para que estemos aquí y ahora

    Infinitas casualidades concatenadas han
    sido favorables a nuestra existencia

    UN MISTERIO TRIVIAL

    Somos una banalidad fortuita

    Una de las infinitas trivialidades del azar

    Nuestro destino no es sagrado;
    nuestro destino es trivial

    SOMOS UNA IRONIA DEL AZAR

    Y como toda ironía irrelevante, intrascendente

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