Ángel Vilarello, Número 41
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Más madera

Por Ángel Vilarello

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Ángel Vilarello

Parece que algo está ocurriendo en el mundo del deporte, no sé muy bien si se trata de algo propiamente inherente a este evento sociocultural que ha estado tan presente en nuestras vidas desde tiempos inmemoriales o si simplemente afecta a todo lo que hay a su alrededor, aficionados, prensa o dirigentes, y por supuesto, la mayoría de nosotros.

Como ya he dicho en otras ocasiones, me he pasado buena parte de mi vida vinculado al mundo del deporte, pero he de reconocer que últimamente la mayoría de lo que leo o veo, tiene un cierto tufillo rancio que lo ensucia, que lo impregna de necedad e ignorancia, que parece haber vacunado este mundo frente a los valores originarios del deporte: nobleza, entrega, superación, solidaridad, respeto, salud, disfrute, tolerancia…Tal vez se estén perdiendo estos honorables cimientos que han de sustentarlo o tal vez simplemente ya no vendan. Y si no venden, es sólo porque no interesan.

Hay quien afirma, seguramente con razón, que el deporte es también un reflejo de la sociedad que vivimos, y esta, cobra especial importancia en los medios de comunicación o más bien de opinión. Basta leer un diario unos minutos, o ver un noticiario (eviten por favor el de Tele 5 y sarta de videos de Youtube) para que en nuestra mente queden grabadas a fuego palabras como: corrupción, robo, codicia, malversación, prevaricación, negligencia, violencia o abandono, que me hacen recordar la mítica escena de locura colectiva que representaban los geniales hermanos Marx, cuando gritaban aquello de “más madera” para lograr que la locomotora siguiera a toda velocidad a pesar de que estaban quemando a marchas forzadas el propio tren. Por favor, paren este sinsentido frenético, que me quiero apear en la próxima.

Hagamos un resumen de aquello con lo que nos han aturdido la cabeza en las últimas semanas: Valentino Rossi hace clamar a toda Italia contra los pilotos españoles por una supuesta coalición en su contra. Una parte importante del F.C. Barcelona de paseo por los tribunales: Leo Messi, Neymar, Mascherano, el expresidente Rosell… La propia FIFA envuelta en su mayor caso de corrupción, que se ha llevado al señor Blatter por delante y a varios de sus consejeros, por algo que se olía a kilómetros, dinerito fresco por conceder campeonatos internacionales. Hasta en el país más educado cuecen habas (o lo que cocinen allí), en Japón obligan a dimitir al ministro de Deportes por unas obras injustificadas y con altos sobrecostes, casi igual que ocurre aquí, ¿verdad? Mientras, en nuestro país sigue la perreta continuada entre Tebas y Villar, por la gestión del fútbol. Y por no aburrirles en exceso, termino esta esquela deportiva con el que tal vez sea la mayor caso de acusación de dopaje realizado jamás, que afecta al grueso del atletismo ruso. Que ascazo.

Parece obvio que poco a poco uno va perdiendo interés por este circo mediático sin límites. Ya ni siquiera me sirve de terapia ir a ver partidos de niños pequeños, donde lo que más se oye, aparte de las salvajadas de algunos padres, son las claras e inconfundibles instrucciones del entrenador (yo los llamo “estropeadores”) para que le pasen el balón al “bueno” y así ganar el partido. Lamentable pero cierto. Y a partir de esa semilla inculcada en los primeros años, luego crecen comportamientos que nos hacen echarnos las manos a la cabeza y preguntarnos cómo ha sido posible, a la vez que nos olvidamos que por aquel entonces, cuando el niño empezaba a iniciarse en el deporte fuimos cómplices tolerantes ante comportamientos poco edificantes. Pero no se preocupen, que nuestro carácter latino tiene solución para esto: echarle la culpa a otro. Y con todo ello, la locomotora sigue a toda pastilla, pero estamos despedazando el tren.

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