Alfredo Piermattei, Humor Gráfico, Número 41, Opinión, Tonino Guitián
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Los hijos de puta

Por Tonino Guitián / Ilustración: Alfredo Piermattei

Tonino Guitián

Tonino Guitián

Nacionalismos. Me han contado que los del Centre de Cultura Contemporania 9 octubre dicen que soy españolista. Qué necios: soy francófono, anglófilo y con ese ruso que todos llevamos dentro. Mi padre de Lugo y mi abuelo del Cabañal. Cuando la gente confunde la educación con la hipocresía se incurre en muchos errores.

La ciencia. Si hay algo que siempre me sorprende de los que se llaman a sí mismos escépticos y amantes de la ciencia es que ignoren que la ciencia, como la poesía y como la vida, está hecha fundamentalmente de dudas y de certezas a gran escala aleatorias.

Los hijos de puta. La primera semana del estreno de la obra Los hijos de puta, de Vicente Marco, ha sido muy buena, porque a Marta Valverde la quiere todo el público por su manera de ser, natural, divertida, con su toque de seria picardía; porque Zenon Recalde conoce el paño como la palma de su mano; porque Vicente Marco escribe textos dúctiles que se dejan interpretar de mil formas; y porque la gente ha acudido con muchas ganas, especialmente cuando llaman al público para entrar en la sala: “¡Los hijos de puta! ¡Los hijos de puta!”.

Sobre el escenario. Ayer, Marta Valverde se dio cuenta de que todo el público que ha estado viniendo estos días a vernos al Microteatro de Madrid es guapísimo. Y es cierto, yo empiezo a sospechar que no es público real, sino que alguien los contrata para que pensemos que viene mucha gente a vernos y que todo nuestro público son como modelos de moda y arte.

Dinero. Se supone que un mayor número de multimillonarios generaría un mayor movimiento de inversiones, luego de trabajo. A no ser que su capital no fluya y revierta en inversiones bursátiles o inmuebles.

Números. El problema con las estadísticas fáciles es que se pueden usar para justificar lo que se quiera.

Ricos y famosos. Los datos sobre “millonarios” de la  Revista Forbes son los que usa la industria financiera para clasificar a sus clientes potenciales en más o menos interesantes: con más o menos potencial de negocio y beneficio para el banco. Y se definen como personas con más de un millón de euros en activos financieros, como los activos de Rita, que no posee bienes.

Desigualdad. En un país en que la riqueza ha estado tradicionalmente en activos inmobiliarios, decir que ha crecido el número de ricos en el porcentaje que sea, sin medir el valor de los inmuebles (solo mide activos líquidos invertibles o movilizables a muy corto plazo que es lo que le interesa a la Banca Privada), no tiene ningún sentido. Pero sirve para decir que los ricos son cada vez más ricos y justificar desde un punto de vista ético ciertas políticas.

Capitalismo. Lo que sí es cierto es que las políticas de la FED y del BCE (más que las de los Gobiernos que siguen endeudándose por encima de lo que cualquier buen gestor y el sentido de la prudencia recomendarían), lo único que hacen es que los activos financieros suban de valor y así los que tienen activos financieros son los únicos beneficiados. Todo con la esperanza de que ese 1% o 10% con mayores ingresos y riqueza mantenga sus niveles de gasto, ya que el resto no puede. De esta manera parece que la máquina de la economía no se para. Claro que habría que saber si gastan más en naranjas valencianas o en bolsos de marca.

Otro crack. Todo esto solo nos lleva a otra burbuja (ahora de activos financieros en lugar de inmobiliarios) que acabará explotando, y entonces sí que los de siempre lo vamos a sufrir. Y por desgracia, aún más que en la del año 2008.

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Alfredo Piermattei

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