Ángel Vilarello, Deportes
Deje un comentario

La refórmula uno

Por Ángel Vilarello

ANGEL_GURB

Ángel Vilarello

Efectivamente, siguiendo con la originalidad que me define, yo también fui uno de aquellos españoles que se aficionó a la Fórmula Uno cuando empezó a asomar por allí un asturiano con cuello de mamut. El zagal prometía, aunque nadie podría imaginar por aquel entonces que sería el mejor del mundo. Dos veces. Y nos vimos entonces, codo en barra, hablando con total aplomo, de cosas como el pit-stop, la pole position, o de si eran mejores los neumáticos blandos o los superblandos, evitando con una mirada de desprecio al listillo que te preguntaba ¿cuánto hace que no miras las ruedas de tu coche?

Uno estaba acostumbrado al fútbol, baloncesto, tenis y alguna que otra modalidad deportiva, principalmente si había algún español que destacase, cosas de este carácter patrio tan nuestro. Y llegó de repente esta jauría de ingenieros, corriendo como locos y empujando maletas en lo que supuestamente era una actividad de miles de millones; quizá por eso lo llaman el circo de la Fórmula Uno, aunque no estoy seguro. Hay muchas cosas  que no me encajan.

Ya lo decía un buen amigo, firme detractor de este desfile automovilístico: “no puede ser un deporte cuando se adelantan en la gasolinera”. Y claro, ante semejante argumento, poco había que decir. Pero cuando Alonso ya ganaba carreras y osaba adelantar a mitos como Schumacher, el resto carecía de importancia.

Resulta que este ¿deporte? es propiedad (tal vez no “oficial”, pero sí ejecutiva) de un octogenario que dispone las reglas a su antojo. Quizás realmente venga de aquí el apelativo de “circo”. Así que lo que un año es así, al siguiente es asá y ahora cambiamos los motores y prohibimos este cacharrito, añadimos un botón de hiperespacio y lo vendemos como nuevo cambiando el envoltorio. Yo opto por una Fórmula Uno tipo Mario Kart, para darle emoción, con misiles, motores a reacción, lechugas gigantes en mitad de la calzada, rampas para salir volando, cáscaras de plátano y por supuesto tortugas. Ahí dejo la idea.

Tras aquellos gloriosos años de don Fernando empecé a fijarme en ciertos detalles absurdos de esta disciplina, como por ejemplo cuando aseguran que en tal o cual circuito es casi imposible de adelantar. Que alguien me lo explique. ¿No estamos hablando de un deporte que premia la velocidad?¿No se supone que las normas se modifican para que haya más igualdad y se favorezcan los adelantamientos?

¿Y qué pasa con los equipos Red Bull? Me pregunto cuántas latas vende esta gente para mantener dos equipos de Fórmula Uno. ¿Será por eso que hay tantos suspensos y convocatorias en las universidades?¿Estarán los profesores sobornados por esta endiablada bebida energética en un conspiración mundial? Y puestos a delirar, ¿por qué no mezclan la Fórmula Uno con el Día Red Bull y son los pilotos con el coche los que saltan a la bahía? Éxito asegurado.

 Y así todo, se ha pasado otra temporada más de este, llamémosle curioso para no ofender a nadie, espectáculo. Me quedaré con la imagen de Fernando sentado en la silla de un comisario en el circuito de Brasil tomando el sol. Un gran resumen de lo que este año ha sido para el ruinoso matrimonio McLaren-Honda, que tal vez haya logrado batir el récord de abandonos tras dar el menor número de vueltas.

Pero no puedo culparles, yo también caí en sus mismos errores cuando era joven, y a mi coche le ponía pegatinas, y aunque no las llamaba “mejoras” como ellos, me parecía que llevaba un coche diferente, mejor, sobre todo si el adhesivo ponía “Turbo”; y de las llamas, ¿qué me dicen de las llamas? Ay, las llamas. Aunque las de Fernando estaban muy bien conseguidas, parecían de verdad. Vaya cracks. Eso pasa por fichar a genios de Star Wars en lugar de ingenieros de verdad, y claro, se les va la olla, y a poco que te descuides, te aparcan el Mclaren encima de un Ferrari. Qué guasa tienen.

Pero como no todo ha de ser malo, y siempre hay que quedarse con lo positivo, he de reconocer que al menos hay algo que agradecer con entusiasmo al señor Ecclestone, y es por bendecir este mundo con la presencia de su hija Tamara. God save the queen.

*****

Si te ha gustado puedes visitar nuestra página oficial de Facebook o Twitter.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *