Alaminos, Humor Gráfico, Número 42, Opinión, Xavier Latorre
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¡Friday, friday!

Por Xavier Latorre / Ilustración: Jorge Alaminos

Xavier Latorre

Xavier Latorre

¡Vaya mesecito nos espera! Hoy es el dichoso Black Friday, un invento americano que sirve para ir haciendo boca con los gastos navideños bajo el reclamo de un ilusorio descuento. En España, este fenómeno ha arraigado hace unos 4 años y ahora ya es un tonto de esos de MediaMarkt el que no aprovecha las ofertas-trampa en los centros comerciales. Este viernes se ha ido estirando, y ahora ya cubre una semana entera. Los comercios y las grandes superficies seleccionan unos productos –incluidos lotes de pañales– y los ponen rebajados, llegando a situarlos a mitad precio. Las luces navideñas, en plena calle, nos advierten del peligro: estamos sometidos a una dictadura consumista. Al finalizar el año no reparamos en gastos. Hoy en la radio alguien recomendaba pedir un préstamo personal porque es, decía, más barato que dejar tiesa la tarjeta de crédito.

En el portal de la finca de Juan, el portero ha colocado, por su cuenta y riesgo, arbolitos con bolitas, espumillones colgantes y campanitas de pega en el ascensor. En su garita ha situado una ramita de acebo de plástico. El hombre luce una sonrisa empalagosa, quiere ser entrañable. Sin embargo, Juan y él son rivales políticos y futbolísticos. Una sola cosa en este mundo les une a los dos: les gusta con locura la vecina del tercero. Una hembra que les deja orbitando sobre un planeta llamado deseo, cuyas dos terceras partes están compuestas de babas. A veces con las luces de colores intermitentes, que ha colgado el portero en los espejos, Juan imagina que la vecina va a hacerles a él y al portero un pase de striptease privado.

Juan es funcionario del ayuntamiento de Madrid. Él no profesa la religión consumista, ya abjuró de esa fe ciega en las compras compulsivas. Como es un descreído aprueba la decisión de su alcaldesa. Esta mañana se ha levantado con un repaso en la radio de las ofertas del Corte Inglés dictadas por la voz de una señorita que ha interrumpido el repaso a los titulares y a la narración en directo (minuto y resultado) de los bombardeos indiscriminados de aviadores franceses sobre algunas zonas machacadas una y otra vez en Siria. Amazon, a la caza de nuevos clientes planetarios, ha puesto a currar en Polonia e Inglaterra a unos robots de 150 kilos de peso (los de carne y hueso acababan reventados) que recorren frenéticamente naves enteras para poder para suministrar objetos inverosímiles a todos los creyentes de la buena nueva económica. Esos compradores compulsivos olvidarán por unos minutos lo que ha menguado su sueldo y las horas de más que se pasan en la oficina.

Juan no comulga con ese credo. Los Reyes Magos le dejarán un cinturón para que se lo apriete un poco más todavía en enero. Algunos no rinden culto al regalo. Algunos no son seguidores de las marcas que escupirán los anuncios de la tele. Algunos no sienten la necesidad de ponerse de rodillas ante cualquier oferta descabellada. Hay televisores, le ha contado el portero a Juan, de 23.000 euros. No está nada mal. Los bombardeos deben verse como si estuvieras en un tejado del mismo Alepo.

En el ayuntamiento de la capital de España, donde trabaja Juan, su alcaldesa Manuela Carmena, ha quitado el belén, el nacimiento, el establo donde nació Jesús de Galilea. El mosqueo ha sido gigantesco; las críticas, desmesuradas. Al parecer, unos pueden robar impunemente y contratar con gentes del hampa de la red Gürtel o Púnica tranquilamente, porque luego se les perdonan todos los pecados. Mientras, la pobre Carmena por quitar esas pequeñas figuritas le han montado un cristo muy señor mío. Esta noche, a oscuras, cuando vuelva de tirar la basura, Juan le desmontará el tenderete al portero. Quiere que su edificio sea neutral esta Navidad. Cada cual, en su domicilio, que adore si le place al dios Zara o la diosa Ikea.

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Jorge Alaminos

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