Humor Gráfico, Javier Montón, Luis Sánchez, Número 41, Opinión
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Fauna de biblioteca

Por Javier Montón / Ilustración: Luis Sánchez

Javier Montón

Javier Montón

Un escalón por encima del cliente habitual de los casi extintos videoclubs y varios por debajo de los asiduos del spa, ahí reclama su espacio la fauna de la biblioteca. De la biblioteca municipal, que también aquí hay clases. Este tipo de instalaciones vienen a ser el refugio de los ociosos de clase media. Cualquiera puede verlos con sólo asomarse a su sala de lectura. Decenas de jubilados, ciudadanos de edad indeterminada, solterones, adolescentes, viudas y ‘ninis’, desfaenados casi todos, comparten unas sobrevenidas ansias de lectura que la generosa oferta de la biblioteca les ayuda a saciar. Todas las revistas que jamás se les ocurriría comprar las devoran con ferocidad desde la primera plana a la contraportada. Su temática o contenido son indiferentes. Ya se puede extender en la nueva hornada de arquitectos escandinavos (‘Arquitectura viva’) o consagrar su esfuerzo editorial a difundir las bondades etnológicas de los ‘bous de carrer’ (revista ‘Aplausos’), analizar una por una todas las plantillas de la NBA y sus posibilidades para esta temporada (‘Gigantes’) o hablar de las tendencias del otoño-invierno en la moda masculina. Eso es lo de menos. El genuino usuario de biblioteca municipal no discrimina, toca todos los palos. Le delata su alma renacentista y aspira al saber enciclopédico. Así, engulle artículos, párrafos y análisis de fondo con la avidez de un menesteroso de la información, a menudo combinando varias revistas a la vez, primero un artículo de aquí, después aquel reportaje de allá. Los hay también que dicen que acuden allí a estudiar. Suelen ser los mismos que se compraban el Penthouse por los artículos de opinión. La abundante oferta que brilla a su alrededor, esas estanterías atiborradas de diarios, revistas, magazines y suplementos, profusión de texturas, tintas y colores hasta agotar el Pantone, exige una capacitad de concentración tan sobrehumana que cuando con suerte se alcanza ya no quedan fuerzas para entregarse a los apuntes.

Tal y como ocurre con las edades, tampoco hay homogeneidad en la indumentaria del lector profesional de biblioteca. Ni siquiera el chándal está vetado si se ojea periódicos deportivos o diarios populares. Las visitas de esta guisa a la zona noble, allá donde descansan las publicaciones especializadas en diseño, filosofía, literatura y pensamiento, eso sí, provocarían en la concurrencia un mohín de menosprecio apenas disimulado. Es curioso que la ropa deportiva, que se hizo un hueco inamovible en los videoclubs durante su época dorada hasta convertirse en tendencia, y que también se suele admitir en saunas, spas y otros masajes especializados, aunque preferiblemente de marca, esté mal vista en las bibliotecas. En las municipales, recuerden, hablamos siempre de las municipales. Porque en las bibliotecas universitarias, por ejemplo, esta indumentaria supondría directamente la expulsión del recinto sin posibilidad de réplica.

Ya pueden reflejar las encuestas y estudios sociológicos que en España se lee poco; parece indiscutible. Pero se lee muy variado, incluso publicaciones que no existen, revistas cuya tirada se reduce a un ejemplar, justo el que va a parar a la biblioteca. Allí puedes consultar los números más recientes de Nueva Electrónica, Restauro, Arquitectura y Diseño, Numen, Album, Artecontexto, Mètode, ADE Teatro, Di*, Exit, Investigación y Ciencia, Explogista, Natura 2000, Exit y sus hermanas Exit Book y Exit Express, Melómano, Ópera actual, Infoconstrucción, Eventos, Le Monde Diplomatique (no es un mito), Revista de Humanidades, L’Illa, Clarín, las fascinantes Memorial de Artillería y Memorial de Caballería, Mundo Iranio (inquietante y trufada de páginas), Litoral, Revista Española de Derecho Militar, Boina negra (para machos de pelo en pecho), la amena Notario del siglo XXI y Lápiz, simplemente. Y decenas y docenas más. Tantas revistas, gacetas y monográficos, que cualquiera puede no sólo leerlas sino también aspirar a escribir en ellas. Pero no las busque en los quioscos porque no le tomarán en serio. Parece indiscutible que en España no se lee mucho, pero… ¿y lo que se hojea? En ese campo estamos a la cabeza.

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Luis Sánchez

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