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Jon Sistiaga: “Couso fue asesinado, nosotros fuimos los daños colaterales de la guerra de Irak”

Sistiaga, en uno de sus reportajes para el canal de pago Movistar Plus. 

Por Redacción de Gurb / Foto: Movistar Plus. Viernes, 27 de noviembre de 2015

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  Entrevista

Aquel fatídico día en el Hotel Palestine de Bagdad, Jon Sistiaga (Irún, 1967) vio morir a su amigo, el cámara de Telecinco José Couso. Y desde entonces, toda su vida cambió para siempre. Fue como si le borraran el pasado. Ya nadie hablaba de sus reportajes por el mundo, ni de las semanas frenéticas que estuvo cubriendo la guerra de Irak en compañía de su equipo de reporteros. Pasó a ser el superviviente, el periodista convertido en noticia, el amigo de la víctima, el otro lado del espejo. “A partir de ahí se borró todo mi pasado, daba igual que hubiera estado un montón de días con los talibanes, que hubiera estado con las FARC, pasas a ser el que sobrevive, como si no hubiera hecho nada más en mi vida anterior”, asegura. Sistiaga sigue creyendo que los soldados que iban en aquel carro de combate norteamericano dispararon a conciencia, a sabiendas de que podían causar bajas civiles. “Aquello fue un asesinato, nosotros fuimos los daños colaterales”, insiste. Hoy, con la cicatriz de aquella tragedia en el recuerdo y la amarga convicción de que los asesinos de Couso siguen sueltos, Sistiaga se dedica a otros proyectos televisivos de investigación, como la serie de documentales que emite Movistar Plus, y que se acerca a grandes conflictos humanos ocultos de todo el planeta. “Trabajando en esta cadena he tenido la oportunidad de elegir temas que no fueran de actualidad candente, hago reportajes que nos ayuden a reflexionar sobre realidades a veces ignotas, o poco conocidas, o simplemente olvidadas, temas que te puedas trabajar en profundidad, como el exterminio de los elefantes en África o la persecución de los homosexuales en Uganda”, afirma. Ayer, el reportero pasó por el centro cultural La Rambleta de Valencia, donde la periodista Mariola Cubells, charló con él ante un público expectante. Un cara a cara donde, por cierto, no quiso echar más leña al fuego de su reciente polémica con Bertín Osborne.

¿Eres consciente de que has tenido suerte en la vida?

Lo sé, tengo muchísima suerte y toquemos madera. El periodismo, como cualquier otro oficio, tiene sus fundamentos y sus herramientas de trabajo que aprendes. Primero tener preparación, que no te pillen; luego tener algo de idiomas, aunque yo con mi inglés macarrónico me muevo bien por el mundo; y tener ambición bien entendida, no ser un trepa, sino que te guste algo y querer llegar a ello. Pero por encima de todo hay una cosa fundamental que hay que tener, lo más importante, y creo que es un don que no todo el mundo lo tiene: la flor en el culo. Si no tienes la flor en el culo no vayas a la guerra. Y soy afortunado, porque la tengo. Tienes que tener suerte pero tienes que estar en el sitio trabajando.

Hay un punto de inflexión en tu carrera, cuando mataron a tu compañero José Couso…

Pues verás, te voy a contar cómo fueron los minutos previos. Digamos que yo lideraba el equipo de Telecinco, éramos siete personas. Hubo un ultimátum y nos reunimos los siete en la habitación. Se suponía que Sadam Husein tenía armas químicas, gas sarín, ántrax. Vimos cómo teníamos que ponernos el casco, el chaleco antibalas, la máscara antigas… Al final, de los siete que estábamos, cinco decidieron irse, pero cinco personajazos del mundo de los corresponsales de guerra, con una experiencia tremenda en guerras, en Chechenia, en Afganistán. Esa gente no aguantó la presión, tenían familia, hijos. Jose y yo decidimos quedarnos. Y nos quedamos realmente solos, fue una situación emocional muy intensa. Los diez mil euros que teníamos para todo el equipo, la cadena nos los cedió para nosotros dos. Lo primero fue ir a comprar provisiones, decenas de botellas de agua, comida. Cuando nos dispararon yo ya sabía de alguna manera lo que me esperaba. Recuerdo que le tapé la cara a Couso para sacarlo y él me dijo: no puedo respirar. Entonces yo le insistí: Jose, que abajo hay muchas cámaras que están grabando. Y él me respondió: es verdad. Él sabía que de haber estado abajo, cubriendo la noticia, ¡hubiera grabado como los demás! Entonces nos vimos al otro lado del espejo, yo me vi como víctima, como amigo de la víctima, como familiar de la víctima. Sabía todo lo que se me venía encima. Y para suerte o para desgracia estábamos en una cadena de televisión, que era Telecinco, que se había posicionado en contra de la guerra. Nos habíamos convertido en los periodistas de referencia sobre el terreno y la historia terminaba así de mal. Al volver al hotel, yo me encuentro con que tengo que gestionar toda esa situación, tengo que sobrevivir y tengo que informar. A los tres días logré los papeles necesarios para evacuar el cadáver. Y a partir de ahí se borró todo mi pasado, daba igual que hubiera estado un montón de días con los talibanes, que hubiera estado con las FARC, pasas a ser el que ha sobrevivido, como si no hubiera hecho nada en mi vida anterior. Algunos compañeros, después de lo de Couso, no volvieron a salir en su vida a ningún otro conflicto, algo que era perfectamente entendible por el estrés postraumático, por lo que sea. Y luego estuvo la utilización que se hizo de su muerte por ciertos sectores, en Estados Unidos, y en general. Yo seguí con mi trabajo, lo viví todo no como un accidente de trabajo, porque aún hoy sigo estando seguro de que aquello fue un asesinato. No fueron a matar a Couso, pero fueron a darle a la cámara de la Agencia Reuters que estaba funcionando en directo. Todas las cadenas del mundo pinchaban aquella señal, fuera Telecinco, la CNN, Al Jazeera o Canal 9, y había que acabar con aquella señal. José Couso, los heridos, la gente que estábamos allí, fuimos las víctimas colaterales de aquella operación militar. Yo seguí con mi trabajo porque decidí hacerlo. Nadie va obligado a ninguna guerra, todo el mundo va voluntario, por más dinero o por menos. Por tanto, luego no podemos exigir cosas que no están en la letra pequeña. Si yo me voy mañana a Siria y me secuestra el ISIS no voy a exigir a mi gobierno que vaya a pagar ni que mande a tres agentes del CNI a que arriesguen sus vidas por mí. Si lo hacen y me liberan no voy a decir que no, está claro, pero no puedo exigirlo. Si me preguntas si voy a ir a Siria ya te digo que no, es un lugar donde trabajar es imposible.

Pero alguien tiene que ir…

¿Y qué queremos hacer, mandar a la gente a morir allí? Información de allí está saliendo. Ahora mismo en Raqqa, que es el bastión de Estado Islámico, no solo hay un movimiento clandestino que se está cargando a gente de ISIS, sino que hay otros movimientos que están sacando información, una quintacolumna. Entonces, si yo fuera director de algún medio, ¿mandaría allí a periodistas, a un lugar donde yo mismo no iría? ¿Para que? Para que aparezca un tío vestido de naranja o de negro a cortarte la cabeza. Eso es lo que va a pasar. Al final, para informar desde un búnker o desde un hotel en la octava planta de un hotel. Eso no tiene sentido. Entonces ya veremos cómo conseguir las fuentes, cómo contratar a alguien al que le estemos pagando y que pase la información, pero ahora mismo ese es un lugar donde no se puede ir a trabajar.

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El reportero, ante decenas de colmillos de elefante que son vendidos en el mercado negro chino.

¿Por qué eres reportero, en qué momento de tu vida decides serlo?

Creo que fue una colisión de elementos que hicieron que yo me convirtiera en reportero. Yo tenía un tío, mi tío monta un restaurante, el restaurante está en una zona desolada pero le ponen un periódico enfrente. Entonces todos los periodistas iban a almorzar, a comer, y yo, que tendría 16 años y estaba en tercero de BUP, trabajaba allí sirviendo comidas. Un día se produjo un acontecimiento, sería allá por el año 84. Estaba sirviendo una comida, yo sabía que todos los que estaban allí sentados eran miembros de la redacción y entró un tipo de un periódico que se llamaba La voz de Euskadi, que pretendía ocupar un espacio entre El Diario Vasco, demasiado tradicional, y el Egin, muy abertzale, muy de izquierdas. Ese tipo entró a la hora de la comida y dijo: han matado a Casas. Acababan de asesinar al senador socialista Enrique Casas los comandos autónomos anticapitalistas. Todos se levantaron, dejaron sus platos de alubias, y salieron corriendo hacia el diario. Vi una redacción en ebullición, con el director dando órdenes, tú a la Policía, tú a la diputación, tú a la casa del pueblo, tú habla con los del PNV. Y entonces pensé: yo quiero dedicarme a esto. Me encanta, me dije. Hablé con mi tío y mi tío habló con el director y dos semanas después ya estaba trabajando en el periódico…

¿En dos semanas?

Sí, me pusieron en la sección del horóscopo…

Espera, ¿inventándotelo?

Sí, por supuesto.

Los horóscopos se los inventan en todos los medios…

Claro, yo pregunté: ¿y esto cómo se hace, quién lo hace? Y me contestaba el jefe: no sé, hazlo tú. Entonces le preguntaba a los diez o doce periodistas que había por allí, cada uno nacido en un mes, y uno me decía que era Aries y le dolía la vesícula y yo ponía: Aries, ten cuidado con el dolor del bajo vientre y con el frío. Bueno, y a partir de ahí empecé los estudios de periodismo, no fui a clase apenas, hice la carrera jugando al mus en la cafetería y aprendiendo cuatro fundamentos del oficio.

¿Y cómo era ese periodismo del año 84 que describes y cómo es el periodismo de ahora?

El periodismo, como todas las profesiones, ha fluctuado y ha sufrido el embate de eso que podemos llamar la modernidad, la modernidad entendida como la llegada de las redes sociales, de las nuevas tecnologías y las nuevas formas de comunicar. Y el periodismo no ha resistido ese embate. No estamos hablando del salto de la máquina de escribir al ordenador, sino del ordenador a las redes sociales y a internet y sobre todo a la inmediatez en cualquier evento comunicativo. Gran parte del periodismo no ha sabido adaptarse ni mecánicamente, ni logísticamente, ni sobre todo éticamente. Muchos no han sabido ver que el periodismo tenía los mismos cuatro o cinco fundamentos de siempre, aquello de lo que hablaba Chesterton, que decía que el periodismo consiste en contarle a la gente que se ha muerto un general que la gente no sabía que estaba vivo. El periodismo que se basa en las cinco preguntas de quién, cómo, cuándo, dónde y el por qué. Ese sigue siendo el fundamento del periodismo pero en estos momentos se ha olvidado completamente. No todo el mundo se ha olvidado, porque sigue habiendo lugares donde se hace muy buen periodismo, pero en este país nos hemos acostumbrado a escuchar a presidentes que nos hablan en pantallas de plasma y claro…

Me gustaría saber tu opinión sobre ese programa en el que salía tu amigo Bertín Osborne y el candidato a presidente del Gobierno Pedro Sánchez mientras que Mariano Rajoy estaba en un programa deportivo en la radio, comentando un partido. Me gustaría saber cuál es tu reflexión…

A mí no me importa que salgan en la tele, estamos en periodo electoral y el presidente tiene que ir al programa de María Teresa Campos porque tiene que pillar votos de todos los caladeros. ¿Qué publico ve Qué tiempo tan feliz el sábado a las siete de la tarde? Ahí hay un caladero de votos. Mujeres de cierta edad, tradicionales, lo que quieras… Bertín tiene tres o cuatro millones de espectadores de TVE también de un público muy determinado y ahí tienen que ir a pillar. A mí no me importa que lo hagan pero María Teresa no va a poner en ningún aprieto al presidente ni a Pablo Iglesias con sus preguntas. Entonces el espectador tiene que saber que va a ver un programa blanco, que va a ver un programa dulce, que va a ver un programa casi de cocina, como es el de Bertín, todos quieren ver su cocina y saber si sabe hacer zumo de naranja y dónde está la zumera, que parece que Pedro Sánchez no sabía dónde estaba. Eso mola, pero no es un programa de entrevistas, no es un programa donde vas a conseguir poner en evidencia al personaje entrevistado. No le van a preguntar sobre cuestiones comprometidas, como quién está filtrando tal o cual dossier desde el Gobierno, o si nos quedamos en el Líbano o no. Pero ya te digo que no me disgusta que los políticos vayan a ese tipo de programas, como tampoco que vaya Obama o Hillary Clinton para que se parodie a sí misma delante de una señora vestida de camarera que dice ser Hillary Clinton. Pero son programas muy acotados y de entretenimiento.

¿Y en qué momento decides que vas a salir al mundo y vas a contarnos lo que pasa como corrresponsal de guerra?

Bueno, pues como todo joven periodista, llegas a la Facultad con muchas ganas de hacer grandes cosas, de viajar mucho, pero luego hay un proceso de aprendizaje y de descubrir tus capacidades. Creo que eso ocurre en cualquier otra profesión, sabes si vas a ser un buen fontanero, un buen ingeniero, un buen jurista o un buen carnicero, y poco a poco vas alimentando tu recorrido. Yo tenía muy claro dónde quería llegar y qué es lo que quería hacer y fui poco a poco labrándome ese presente que tengo ahora. Aprendiendo inglés, yéndome a Estados Unidos a trabajar, intentando hacer un máster en relaciones internacionales que abandoné al año, luego con la primera tesina. Fui formándome para tener un sostén que sujetara el andamiaje de lo que yo quería ser. Hoy, cualquiera puede irse a hacer un viaje a Tanzania, que le pille un atentado y enviar una crónica. Otra cosa es que pueda seguir manteniendo la información durante una semana porque tenga los contactos necesarios para llamar a gente, o porque sepa contextualizar, quién ha atacado, cómo ha atacado, esa es la diferencia entre una persona que es periodista y otra que no lo es.

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¿Y qué te lleva a hacer documentales en África sobre la caza de los elefantes para Canal Plus?

Trabajar en Canal Plus es un lujo porque te permite hacer un periodismo clásico, un reportero que va, se mete hasta dentro, lo huele todo, sobrevive y vuelve con todo lo que tiene y monta un documental. Desafortunadamente esto en España solo se puede hacer ahora mismo en Canal Plus, en Movistar Plus. Es una cadena que vive del abonado, alguien que paga por tener lo mejor, lo más premium, o lo más diferenciado, distinto o reflexionado. No es un consumo rápido. El de Canal Plus es un espectador que graba todo y si no, lo ve al día siguiente en Youtube, es un espectador que a mí particularmente me gusta, porque se esfuerza en ver algo, en ver un producto. ¿Qué me lleva a mí a hacer un documental como éste? La reflexión que hacemos durante cuatro o cinco horas en Canal Plus va dirigida a un público muy informado y muy implicado. Trabajando en esta cadena he tenido la oportunidad de elegir temas que no fueran de actualidad candente, hago reportajes que nos ayuden a reflexionar sobre realidades a veces ignotas, o poco conocidas o simplemente olvidadas, temas que te puedas trabajar en profundidad. Por ejemplo, ahora mismo en África, y gracias al auge de la economía china y de esos ricos chinos que intentan aparentar que tienen mucho dinero y que entre ellos se compran ferraris, se mata un elefante cada quince días por sus colmillos. Se está devastando la colonia de elefantes, un elefante que además es un animal maravilloso, inteligente. Los científicos están sorprendidos de sus capacidades cognitivas, de que reaccionen como humanos, de que sufran cuando un pariente está enfermo, de que hagan funerales cuando un miembro de la manada ha muerto. Y todo porque hay un montón de furtivos que se dedican a ir a por ellos. Este tipo de reportajes moviliza a todo espectador que tiene cierto grado de sensibilidad personal, ecológica, todo aquel que tenga una mascota, un perro, un gato, un conejo, va a sentir que va a querer ayudar en lo que pueda porque hay oenegés y activistas que están peleando allí, in situ, para conseguir que el Gobierno ponga más guardias en las reservas naturales, para lograr que el Gobierno chino prohíba el tráfico de colmillos.

¿Y todo esto por los millonarios chinos?

Sí, es sabido que desde hace dos o tres años ha vuelto a rebrotar el mercado del marfil, básicamente en China, en Singapur y en Corea del Sur, pero sobre todo en China. La nueva clase rica china necesita ostentosidad. Entras en el despacho de un empresario chino y lo que tiene colgado en la pared son dos pedazos de colmillos de elefantes enormes. ¿Esos cuernos cuánto cuestan? Pues doscientos mil dólares cada uno y ello supone que el tío que mata al elefante se va a llevar cuatrocientos, y cuatrocientos dólares a un tipo de África le soluciona el año. Esto a nosotros, en España, nos parece una cosa un poco lejana pero hay portadas de The Guardian, de The Independent, de The New York Times que hablan de las matanzas de elefantes. Elefantes masacrados. Y movilizan a su público, a sus lectores. En España es impensable, a no ser que El País saque un día en su portada un elefante despanzurrado al que le han quitado los colmillos vivo. Porque son así los furtivos, como son ilegales y tienen que trabajar rápido van con una motosierra y les cortan los colmillos cuando aún están vivos para llevárselos rápidamente. De modo que hay otro tipo de periodismo que se hace fuera, en el mercado anglosajón, en el mercado francés, donde creen que estas cosas son importantes y movilizan a la gente. Y ese es el periodismo al que yo me quiero acercar, no al periodismo tertulianero de aquí. Afortunadamente a través de las redes sociales me ofrecen cosas que antes los periodistas no teníamos. Yo no mantengo un contacto habitual con los seguidores, pero sí ves lo que te llega y ves que hay una enorme satisfacción entre la gente que sigue lo que emites y que se siente concienciada. Algunos te confiesan que han llorado. La próxima película que está preparando Angelina Jolie va sobre esta historia. Es la vida de Richard Leakey, uno de los grandes paleontólogos de este siglo, el que descubrió el eslabón perdido entre el homo erectus y el sapiens. Este señor dio la orden a sus rangers de tirar a matar a todo el que se viera con un rifle en la reserva natural. Una decisión muy discutida pero que consiguió parar el comercio de marfil que iba para Japón en los años ochenta. Se morían las chicas japonesas por llevar un pendiente de marfil. Al final, el poder que tienen Angelina Jolie y Brad Pitt va a ser mucho más eficaz a la hora de sensibilizar al público chino que cualquier campaña que pueda llevar a cabo cualquier oenegé. Entonces, como periodista tengo la satisfacción de ser uno de los que denuncian estas situaciones, luego ya vendrá la buena gente, los activistas, a pelear por los derechos de los elefantes, pero mi labor termina ahí. Hacemos un documental para denunciar la persecución de los homosexuales en Uganda porque ha habido una reforma del código penal para condenarlos a muerte por ser homosexuales agravados, es decir, no solo se les mata por ser homosexuales sino ¡por ser muy homosexuales! Nunca conseguí que el tipo que había hecho esa modificación legal me explicara cómo se llegaba a ser muy homosexual. Y conseguimos que a través de una plataforma solidaria recogiéramos 350.000 firmas para que el Gobierno español llevara una petición a la UE denunciando esta situación. También hemos hecho un reportaje sobre los diez terroristas ecológicos, medioambientales, más peligrosos del mundo, desde gente que había echado bidones y bidones con basura nuclear al Adriático, hasta gente que había deforestado media Amazonia, y tienes la satisfacción de que al día siguiente de hacer el reportaje han detenido a uno de ellos en Mombasa.

Yo no sé si tendría valor para hacer todo eso…

Soy miedoso, tengo un miedo de la hostia. Yo en las guerras me cago de miedo. He conocido compañeros sietepechos que parecían no tener miedo a nada. No, no, cuando un tipo puesto de grifa hasta arriba quita el seguro del kalashnikov y te pide la cámara hay que decirle: todo lo que tú quieras, la cinta, la cámara, lo que quieras, y adiós muy buenas. El miedo es fundamental para este trabajo, un miedo que no te bloquee. Lo principal con tipos de estos es no mostrar miedo pero sí respeto. Si no es así, te apabulla, ya sea un miliciano, un yihadista, o un narco. No te deben ver acojonado, no te deben oler el miedo. Estas canas que ves me salieron el primer viaje. En una guerra tienes que aprender que ni eres un héroe, ni eres un valiente, que todo forma parte de la suerte y que tienes que desarrollarte unas capacidades de empatía para tratar con la gente, ya sea con el vicepresidente de Honduras o con cualquier otro. Empatía para que el personaje diga lo que tú quieres que diga y para salir de allí con la cinta, ¡porque si no, no te sirve de nada! En ese universo con tipos malos malosos de alguna manera hay ciertos códigos invisibles. Cuando has atravesado esa línea roja de un territorio en conflicto dominado por milicianos, de un barrio dominado por los narcos, de una zona controlada por la milicia, si has tenido los huevos de entrar, te sitúas de alguna manera en un código no escrito de cierto respeto. Y tú lo percibes. Con estos tipos malos no hay nada mejor para un periodista, como herramienta de trabajo, que apelar a su ego, son gente con una vanidad desmedida, una soberbia que les da el poder de decidir sobre la vida y la muerte de la gente, el poder de decir: mátame a este ahora mismo. Y si apelas a ese ego, a esa vanidad, aunque sea solo por salir vivo de allí, te lo ganas. Es importante que no huelan tu miedo, no tienes que transpirar nada, no puedes bajar la guardia, y estás ahí apelando a su ego, a su vanidad. Ten en cuenta que hoy en día saben perfectamente quién eres, ya no vale soltarles la acreditación, darles un nombre de un enlace, lo saben todo de ti. Y puede ser peligroso porque como ciudadano español eres moneda de cambio, por ejemplo, para un secuestro.

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