Aitana Castaño, Humor Gráfico, LaRataGris, Número 42, Opinión
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La guerra silenciosa

Por Aitana Castaño / Ilustración: La Rata Gris

AITANA CASTAÑO

Aitana Castaño

Estrategias bélicas. Las radios y los periódicos de EEUU apenas informaron de avistamientos o explosiones en territorio yanqui de los globos bomba que les lanzaban desde Japón durante la Segunda Guerra Mundial. La Oficina de censura de los Estados Unidos le había pedido a los medios de comunicación que no lo hicieran. Así, los japoneses nunca sabrían a ciencia cierta de la efectividad de sus ataques y, con un poco de suerte, hasta desistían de enviar más globos bomba. La treta censora fue todo un éxito que siguió siendo usada por los servicios de inteligencia en más de una ocasión y en más de una guerra. Se denomina “apagón informativo” en castellano; “media blackout” en inglés y, la que más me gusta, “silenzo stampa” en italiano. Pues algo así es lo que está ocurriendo, y va a ocurrir en los próximos días, en Bruselas. Se va a hablar muy poco de todo lo que pasa, de todo lo que se avanza (o no) en la investigación, de todo… A ver si en plena era tecnológica lo logran.

In memoriam. Recuerdo a Ernest Lluch en San Sebastián con el micrófono en mano gritar a los que le gritaban: “Gritad, gritad, porque mientras gritáis no mataréis”. Conocía a Ernest Lluch de escucharlo en la radio, en la tertulia de sabios en la que también estaban Santiago Carrillo y Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón. Lo escuchaba en las tardes de los lunes, en el mismo aparato de radio en la que escuché el 21 de noviembre de hace hoy 15 años que le habían pegado dos tiros en el garaje de su casa y que su cuerpo había estado dos horas tirado en el suelo, hasta que un vecino lo descubrió. Yo estaba en Madrid, de pie junto a mi diminuta cama, sola, en la habitación del piso en el que estudié buena parte de la carrera, en el mismo lugar en el que tres años después descubrí que había otros terrorismos a los que tampoco nos acostumbraríamos. Hoy no pude (tal vez no quise) ver ese vídeo en el que Ernest Lluch grita, justo un mes antes de que lo asesinaran: “Gritad, gritad, porque mientras gritáis no mataréis”. Pero sí puedo, y sí quiero, pensar que también a estos los derrotaremos, con la palabra, como él siempre defendió.

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