El Koko Parrilla, Humor Gráfico, Número 40, Opinión, Tonino Guitián
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Un gran dedo desconocido en el culo

Por Tonino Guitián / Viñeta: El Koko Parrilla

Tonino Guitián

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Hace unos días Alfonso Alonso declaró a La Razón que “los casos del Partido Popular son de épocas del pasado”. Y no le falta razón en pasar página alegremente: los jueces siguen siendo elegidos por el gobierno y la ley anticorrupción sólo sanciona al pequeño corrupto. El único “pero” que se le puede poner a tan optimista visión de la responsabilidad desde las altas instancias es que es muy oportuno crear leyes absurdas para estos delitos contra el estado si luego no se materializa una voluntad real de querer acabar con ello.

Le apoya el presidente del Gobierno en la trivialización de uno de los asuntos que más nos preocupa a los españoles, añadiendo que “España no está corrompida, tiene corruptos que están saliendo a la luz”. Me encantan los juegos semánticos, así que digamos también con retranca: “España no tiene sol, tiene gente que se tumba bajo las sombrillas” , “En España no hay sequía, hay medidas restrictivas de agua para solucionarla” y también “En España no hay gilipollas, hay quien se cree las cosas que digo y vive muy feliz”. Además, los políticos ya ni siquiera son imputados, son meros investigados: como si fueran una tribu exótica tropical extinta.

Es cierto que bajo el gobierno del PP ha habido más de 1.600 detenidos y de 437 investigaciones en tres años, pero también que han sido denunciadas por los partidos de la oposición después de mucho tiempo –el necesario para intentar su prescripción–, con enormes trabas desde sus inicios, con duras represalias para los testigos, hechas por la labor policial, de oficio, sin demasiada ayuda, escondidas las pruebas por todos los implicados secundarios que temen por su seguridad laboral y que finalmente, el resultado de estas investigaciones concluye en distinciones honoríficas por su cargo –ya sea un exministro, un banquero o una folclórica– que la gente no comprende ni aprueba porque sospecha que el dinero no se nos va a devolver jamás. No sólo agravando la crisis, sino enriqueciendo a los que menos lo merecen sin que se aplique un castigo ejemplar.

Dos años de prisión ha sido el veredicto que se dictó el pasado jueves 22 de octubre contra cuatro ex-directores de la banca regional española NovaCaixaGalicia, acusados de haberse provisto de paracaídas dorados cuando el estado financiero estaba al borde del caos.

No irán a prisión, porque no tienen antecedentes penales, a condición de que restituyan los diecinueve millones de euros (3.161.334.000 de pesetas) que percibieron de manera indebida y que nuestra justicia cree que se saldan con 75.000 euros de multa cada uno y la devolución de 14 millones de euros.

No es necesario decir que a cualquiera le entran ganas de robar con tales sanciones. Un poco de vergüenza por salir en los medios, un pequeño tirón de orejas, un blindaje, una puerta giratoria, un puesto de recompensa en una multinacional, la vida resuelta, la piscina en el chalet con jardinero marroquí que mea entre los setos porque no le dejamos entrar al baño de la casa alicatado con mármol, la cuenta en Suiza de la que –si tenemos amigos en Hacienda– nos avisan que nos pueden meter un puro, y a correr.

Y de poco sirven los sermones de la responsabilidad social corporativa, o las medidas legales que se vayan acoplando a la sociedad, o las cualidades cristianas que todo el mundo se pasa por esa parte tan conocida o la filosofía que ya no se estudia, si el modelo que recibimos es el de calcular ventajas personales contra desventajas comunes.

La historia se ha dado la vuelta y, en contra de lo que digan los periódicos, los radicales, los antisistema, los que están haciendo como ISIS pero con los valores y las instituciones del país, son los mismos que claman contra el manifestante, el punki, el que se quejaba por los desahucios, por las preferentes o por el accidente ferroviario donde nunca la justicia encontró más culpable que el maquinista. Lo peor que es que las elecciones están a la vuelta de la esquina y todos saben que este desamparo de los ciudadanos también les conviene. Al final votaremos todos con un nudo en la garganta, la nariz tapada y un gran dedo desconocido metido en el culo. A no ser que Zeus se apiade y después de este tronco que nos ha enviado como presidente, nos mande a una serpiente para que se nos coma a todos, por quejarnos.

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PEDRO EL KOKO PARRILLA

El Koko Parrilla

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