Francisco Ortiz, Viajes
Comentarios 7

Smara, ciudad santa del Sahara

El Aaiún, ciudad del Sahara Occidental. Foto: andrez_1

Por Francisco Ortiz

Deportes

    Viajes

“Nómada seré toda mi vida, amante de los horizontes azules y cambiantes, de las lejanías aún inexploradas, pues todo viaje, aún a las regiones más frecuentadas y conocidas, es una exploración”.

Isabelle Eberhardt, Diarios íntimos (1902)

A mediados del otoño el tiempo parece pronto a cambiar. Siento entonces el fiero impulso de recuperar el verano y sentir de nuevo el calor, la levedad del ser y el llamado del adhan en los minaretes del sur. Entonces sé, de manera certera, que me va a bastar con una mochila vieja, un par de libros y dos mudas de ropa gastada y descolorida para hacer mi escapada.

Aunque Marruecos sea un destino favorito en España y muchas agencias profesionales te ofrecen excelentes experiencias, viajeras y turísticas, servidor ha visto demasiado de esos paquetes, organizados para dar una visión idílica y orientalista de una Africa dura y pura. En esta ocasión daremos un “giro al Infierno” para, si Allâh lo quiere, alcanzar un confín del país alauita y entrar en la zona prohibida, el Sahara ocupado.

Al sur de Marruecos el paisaje varía y se vuelve recio, áspero. No desmerece en nada adentrarse en el valle del Draa y conocer la ruta de las Kasbahs, la garganta del Todra y visitar la fortaleza de Ait Ben Haddoú. También existen los puestos avanzados o puertas del desierto como Zagora y Erfud, fundados por Francia y hoy destinos turísticos. Estas rutas son fascinantes y llenas de experiencias, pues uno se encuentra en los espacios abiertos del país del Sus, muy distinto del Marruecos de las ciudades imperiales. Pero en este caso vamos a arriesgarlo todo por seguir la costa atlántica y como en una road movie, ver pasar lugares perdidos en el polvo sahariano. Así, con un incierto rumbo, sin saber muy bien cómo, llegaremos a cobijarnos a la sombra de la ciudad santa de Smara.

Desde España se puede volar a Agadir, vía Casablanca, o pillar algún chárter. La opción terrestre es más lenta pero tiene la ventaja de ver país. Desde Tánger la blanca, la línea de tren nos conduce a Casablanca, pasando Arcila, Rabat y de allí a Safi. Muchos autobuses conectan a esta ciudad con Mogador. El viaje desde esta ciudad a Agadir ronda las tres horas. También se puede tomar uno de los grand taxis que conectan lugares cercanos.

Agadir, asomada al mar, tiene una bahía de reconocido atractivo. Si además de visitar el museo etnológico uno se siente tentado de pasear por el puerto o subir a una vieja kasbah entonces corre el riesgo de no continuar el viaje. Si preguntamos, tímidamente, por el Sahara, nos dirán que es ouvert, que adelante. La idea de recorrer las playas y olvidar el sur y sus peligros es toda una tentación para el viajero. ¿Qué hacer entonces?

Las opciones para llegar a El Aaiún son: contratar una excursión organizada, algo que se descarta por sí solo, hacer uso de autobuses públicos, cosa harto difícil ya en estas regiones, o bien alquilar un coche. Esto último se puede hacer con facilidad en Agadir, que es por lo que optamos finalmente.

A la mañana siguiente me encuentro dispuesto a partir al mundo con cualquier excusa. La luz es más pura al sur de Marraquech, más nítida, y todo parece nuevo, recién creado. Hamsa, el conductor, está habituado a recorrer las pistas saharianas y conoce el desierto. Su frente tiene el callo típico de hacer la oración tocando el suelo con la frente. Con él no tardo en ponerme a hablar de mi caza de pirámides olvidadas en Egipto, de los sufíes que beben vino, mientras alcanzamos Tiznit, a 90 kilómetros de Agadir.

El sol (al Shams) aprieta lo justo cuando paramos a estirar las piernas en Tiznit. Tiene murallas de barro rojizo y una acogedora medina. La Gran Mezquita recuerda a las de Malí, con sus ganchos saliendo del adobe. Luego de dos ardientes tés con dátiles vuelvo al camino. En ruta tenemos por delante más de 500 kilómetros hasta El Aaiún. Pasamos por Goulimine, por Tan-Tan, y es entonces en un giro a la derecha cuando aparece el mar, como un espejismo del desierto. Atrás queda el Ued Draa, la frontera del antiguo Marruecos. Los primeros camellos son visibles en la reverberante luz del mediodía. Para el viajero novato la oscilación térmica y los caminos que desaparecen de improviso pueden ser fatales.

Tiznit

Tiznit está entre el Sahara Occidental, el océano Atlántico y la cordillera del Atlas. Foto: Be_am25

Al llegar a Tarfaya tengo la boca arenosa y el pelo salitroso. Las sebkhas (lagunas saladas) y el viento incipiente ofrecen a mis sentidos una desolación sin igual, sideral. Es aquí, en el cabo Juby, donde un agente comercial británico, Donald McKenzie, se estableció en 1875 fundando una factoría. Hoy perdura la llamada Casa de los Ingleses de Tarfaia. En 1895 fue vendida. Este ha sido siempre un puerto donde recalaban los barcos canarios, alemanes y griegos. Cuesta imaginar la febril actividad en este ralo lugar en mitad de la nada. Hoy en día Tarfaya ofrece un par de hotelitos con encanto y se puede pescar, hacer recorridos en todoterreno y visitar las sebkhas.

En el camino a El Aaiún la playa ofrece un espectáculo dantesco: varios barcos varados en la orilla. Sin pensarlo le pido a Hamsa que detenga el vehículo y bajo a la playa. Son restos del contrabando, de la resaca oceánica, del destino. Pero un golpe de viento me acuchilla con arena suelta y decido desandar el camino. Atrás quedan los ojos secos de óxido, las cabinas vacías donde municiones inútiles sirven de nido a los peces.

La carretera junto al mar nos conduce, al cabo de 115 kilómetros, a la capital del Sahara ocupado, El Aaiún (“Las Fuentes”, en árabe). Fundada por España en 1928, la ciudad se sitúa en el cauce seco del Saguia al Hamra. Tiene un aeropuerto con vuelos regulares a Marruecos y Canarias, y alcanza una población de casi 200.000 habitantes. Por estar en pleno desierto, El Aaiún ofrece mucho calor a mediodía y un frío que pela de noche. Si sopla el siroco, entonces aumenta el riesgo de locura. Por las calles se puede ver alguna túnica azul celeste de los hasania, la etnia sahariana, pero abundan los patibularios rostros bereberes. Aquí ha traído Marruecos gentes ajenas a esta tierra generosa, y no pocos viven de espiar a los saharianos. La República Saharaui sigue exiliada en Argelia mientras tanto, en un conflicto eterno.

Pero en este paraje de camiones militares y torvas miradas no se me ha perdido nada. Llevo prisa por alcanzar mi destino, la bendita Smara. En 1971 se tardaba seis horas de viaje a bordo de un microbús. En 2015 y con ayuda de Hamsa, espero cubrir en menos tiempo los 240 kilómetros que separan ambas ciudades. De modo que decimos adiós a Laayún y nos adentramos en la tierra sahariana. Atrás queda la frenética actividad de la capital colonizada.

Esmara, santa y mártir

En 1952 el antropólogo español Julio Caro Baroja realizó una investigación sobre la vida tradicional nómada en el Sahara Español, publicando Estudios saharianos en 1955. Las caravanas del desierto, las gentes y las relaciones sociales, la estructura económica y cómo no, la historia de Smara, están descritas en este minucioso libro. Con él en la mochila alcancé las últimas dunas de este arrastrado viaje.

¿Por qué es santa Smara? Hay una tradición islámica en el Magreb de culto a los santos o walis. La gente peregrina a las tumbas de aquellos “íntimos de Allâh” para recibir la baraka. Es parte de la religiosidad popular, aunque no sea del gusto de los musulmanes ortodoxos. En Smara tenemos enterrado a uno de estos santones, Ma el ‘Ainin.

Pero vayamos a lo primero, al topónimo. Smara significa “lugar de juncos”, y al ser la zona rica en pastos y agua, en el cauce del Ued Zeluán, era un lugar ideal para hacerlo santificar. Además, tiene una ubicación muy estratégica, bien escogida, por estar lejos de la costa pero situada para controlar las caravanas que iban del Adrar hacia el Norte marroquí, a Ued Nun. Cerca de allí nomadeaban las gentes de la cabila Ergeibat.

6806446896_2f82872db1_z

Smara y es una zona rica en pastos y agua, en el cauce del Ued Zeluán. Foto: Alba Repossi.

Luego de la expedición Cervera en 1886 a la sebkha de Iyil, trazados los primeros mapas por científicos españoles, y viendo el avance colonial en el Río de Oro, el sheij Muhammad Ma el ‘Ainin decide fundar Smara en 1888. A sus 68 años este santón de gran carisma ofreció sus servicios al sultán de Marruecos creando un centro estratégico en el desierto. Con ayuda de sus hijos Sidati y Taleb Jiar abrieron 50 pozos, plantaron un palmeral de 200 ejemplares datileros y un campo de cereales. En once años miles de nómadas de las cabilas Uled Delim, Arosién y Filala ayudaron al clan a construir Smara. A lomo de los camellos llegaban los materiales, incluyendo armas y municiones. Da una idea de esa baraka de El ‘Ainin la gran cantidad de gente acampada en tiendas. La actividad era febril, y la liberalidad del sheij era proverbial.

Para realizar su gran obra este llamado Sultán Azul construyó en Smara una alcazaba o kasbah, una mezquita (que quedó inacabada) y las primeras casas. Con ayuda de Hamad uld Ali, maestro constructor de Fez, se levantó la cúpula, el almacén y otras partes de la alcazaba. También vinieron albañiles marroquíes y maestros como Hayy Ali el Usdi. Para 1902 Smara estaba ya levantada, terminada. Desde este asentamiento ejercía Ma el ‘Ainin de califa para el Sultán. El santón fue responsable de intrigas que resultaron en la muerte de varios españoles. Queriendo declarar el yihad a los europeos, a Francia, en 1910 el sultán alauita le retiró su apoyo. En 1913 Francia ocupó y destruyó Smara, la ciudad martirizada. Resulta una ironía del destino que en esta ciudad se fundó el Frente Polisario, en 1973. Dos años después, en 1975, Marruecos ocupó la ciudad y ocasionó el primer éxodo a Argelia. Ciudad martirizada por dos veces.

Alcazaba de Smara

Alcazaba de Smara

Hoy en día se puede visitar el conjunto de la kasbah de Smara. Tiene unas dimensiones impresionantes. El conjunto es una construcción de estilo hispanomorisco, con algunos elementos mauritanos e influencia de las casas ricas de Marraquech. La parte principal es un cuadrilátero amurallado. Su entrada principal es Bab Heyen, que da al sureste. Es un gran arco. Tiene sólidas puertas y garitas. También tiene un muro paralelo al muro principal. La fachada tiene dos atalayas en los ángulos. La puerta oriental es Bab Sarg; la puerta oeste es Bab Sahel. Ambas tienen arcos de medio punto.

Al entrar hay a la derecha un tugurio para esclavos. A la izquierda queda el baño del sheij, con una cúpula. Un gran patio y un edificio central, con la puerta pintada en verde (el color del Islam). A los lados de la puerta hay baldosines. Dentro hay un gran salón, cubierto por la cúpula. La decoración no vale gran cosa, sólo algunas líneas verdosas y amarillas. Quedan algunos suelos de mármol eso sí. El salón dispone de cuatro cámaras: el tesoro, el dormitorio del sheij, el despacho y la biblioteca.

Otras cuatro construcciones son las mansiones de las cuatro esposas oficiales de Ma el ‘Ainin, aparte de las concubinas y sirvientas. Cada mansión tiene además un cuarto para la esclava (a menudo negra).

Los materiales empleados, la piedra seca y el barro, los baldosines, la cal, son más bien pobres. El diseño y las decoraciones son claramente marroquíes y en ocasiones pastiche de estilos. Los interiores no resisten el paso del tiempo y el aire es enrarecido, denso.

En el exterior se puede respirar y mirar la calle, los niños. Junto a la kasbah quedan edificios de los tiempos coloniales: los cuarteles del Tercio legionario, las oficinas del gobierno y de la policía territorial. La Smara actual es un damero sin encanto, olvidada por todos. Me llevo de aquí la sonrisa de una niña llamada Yaratullah, que lleva dos barras de pan entre sus brazos. Y, al mirar hacia el Oriente, recuerdo un poema de otra niña, de 14 años, Fátima Abdelsalam:

Smara, eres la cuna feliz de mis abuelos,
Santa entre las santas, Smara.
Caduca está tu gloria
pero no de mis sueños alejada.

15 de octubre de 2015

*****

Si te ha gustado puedes visitar nuestra página oficial de Facebook y Twitter

Francisco Ortiz

Francisco Ortiz

7 Kommentare

  1. Andrés dicen

    El nombre de El Aaiún podría traducirse como “los manantiales o las fuentes” . Escrito en Hassaniya…¡¡¡no en árabe!!”

  2. Andrés dicen

    De verdad que ha estado usted dentro de la Zaouia Ma-el-Ainin?. No me lo creo .

    El lenguaje ya veo que es muy técnico, como “tugurio” de esclavos. Muy técnico.
    Mansión de concubinas?
    Decoración… “líneas verdosas y amarillas”, muy técnico tambien.

    No sigo…

  3. Andrés dicen

    No suele usted contestar ya veo.
    ¿Y usted escribe libros?….espero que mejor documentados que este artículo.
    Conteste algo…
    Un saludo.

  4. patxiga dicen

    Es verdad, la fotografia mo es de Tiznit ni en sueños…

  5. ANDRES dicen

    Me gustaría una contestación.
    Gracias.

    Andrés Manrique.

  6. ANDRES dicen

    Comete usted muchos errores….

    1.-desde cuando Tiznit esta en el Sáhara Occidental?
    2.- qué es esto que Ma el Ainin ejercía de califa del Sultán?
    3.- el Frente Polisario se fundó en Smara?
    4.- El Aaiun fundada por España en 1928?
    5.- las fotografías no son ni de Tiznit ni de Smara. Esta segunda pertenece al campamento de refugiados en Tinduf, llamado Smara, pero no es la ciudad. Usted no ha estado en Tiznit si no no pondría esa fotografía.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *