Jesús Cruz Álvarez, Viajes
Deje un comentario

Londres es un teatro y el Globe su catedral

The Globe, donde Shakespeare estrenó sus obras, en plena función. Foto: Steve James

Por Jesús Cruz Álvarez. Viernes, 16 de octubre de 2015

Deportes

Viajes

William Shakespeare, como prestigioso conocedor de las profundidades sensibles del alma humana, nunca dudó del carácter efímero de la vida y la hipocresía esencial que inspira al perpetuo baile de máscaras en el que cada uno interpreta, como puede, su rol asignado. No es, pues, de extrañar que fuese él mismo quien sugiriera, entre sus compañeros de la Lord Chamberlain’s Men, el lema Totus mundus agit histrionem (todo el mundo es un teatro) como divulgativo mensaje de bienvenida del recién inaugurado The Globe, un imponente teatro alojado en el bankside del Londres de finales del siglo XVI en el que el propio Shakespeare vería representada muchas de sus obras.

El dramaturgo de Stratford utilizaría una locución similar en el libreto de Como gustéis (All the world’s a stage), que se publicaría en 1599, tan sólo un año después de la inauguración del nuevo teatro, en una muestra más de su certidumbre en el paralelismo poético entre el mundo del escenario y todo aquello que acontecía a su alrededor, en el territorio de lo real. Y lo cierto es que la heterogénea clase de vecinos que por la época moraban Southwark, la zona que se extendía en la otra orilla del Támesis y que ahora acogía el primer teatro más allá del centro, bien podía haber dado numerosas ideas al genio para componer algunos de sus dramas. Sin duda, poco tenía que ver con el ambiente cosmopolita y renovado que se respira en la actualidad. Se trataba más bien de un barrio de dudosa reputación donde proliferaban los burdeles y todo tipo de recintos destinados a actividades claramente ilícitas para la mentalidad puritana de la época, incluido el teatro.

Quizás por ello, la compañía teatral The Lord Chamberlain’s Men decidió encomendar al arquitecto Cuthhbert Burbage, hermano del popular actor que encabezada al grupo, Robert Burbage, la construcción de este nuevo teatro que se inauguraría un año más tarde con la representación de Julius Caesar. No obstante, ni siquiera la lejanía respecto a la zona noble de la capital del imperio eximió a la compañía de la persecución de los puritanos en su cruzada por la defensa de las buenas costumbres. Tras algunas prohibiciones puntuales e incluso una reconstrucción forzada por un incendio producido en 1613, el Globe terminaría siendo derruido bajo el peso de la fe en 1644, en plena guerra civil entre los liberales y los conservadores liderados por Oliver Cromwell.

Una herida abierta para una ciudad en la que se respira el teatro en cada esquina que finalmente sería cicatrizada gracias a la determinación del actor y director de cine norteamericano Sam Wanamaker, quien lideró el proyecto de reconstrucción de una réplica fiel del antiguo Globe tras recaudar más de 10 millones de dólares y entusiasmar a los londinenses con la apertura del nuevo teatro a tan sólo 200 metros del original. El edificio abriría sus puertas en junio de 1997, cuatro años después de la muerte de Wanamaker que, a pesar de no ver acabado el proyecto de su vida, entró merecidamente con letras doradas en la historia de la ciudad. De hecho, a comienzos del 2014 se inauguró el San Wanamaker Playhouse, un recinto cerrado alojado en el propio Globe que recrea un teatro del siglo XVII y que permitirá la representación de obras durante todo el año a la luz de las velas.

Glob01

Una imagen de The Globe, catedral del teatro londinense. Foto: Micheo.

Todas estas derivas históricas y otros muchos datos de interés en torno al Shakepeare’s Globe, tanto el antiguo como el nuevo, son el principal atractivo de las visitas guiadas que se organizan cada día por el interior del teatro a cargo de amables jubilados que trabajan como voluntarios. No obstante, si lo que se desea realmente es sentir esa atmósfera única que desprende esta nostálgica joya semicircular, lo más aconsejable es asistir a la representación de una de las numerosas obras que jalonan la programación de verano por un precio irrisorio (para Londres) de 5 euros, eso sí, de pie. No importa que no se domine el inglés como para entender cada uno de los diálogos (o la obra en sí misma, dado que es inglés antiguo); el encanto se halla en la proximidad con los actores (a los que casi puedes tocar), en la vibrante y auténtica sonoridad sin artilugios, en el olor a madera barnizada, en esa magia indescriptible que desata la sensación de ser transportado al siglo XVI sin más nexo de unión que el propio teatro.

Un tipo de teatro, valga decirlo, muy alejado de las modas de musicales que pueblan los carteles de la mayoría de los escenarios londinenses. Aquí no hay lugar para potentes montajes de sonido, ni efectos visuales, ni una mercadotecnia que termina por asfixiar a la obra en sí, que queda relegada a una posición secundaria. Cuando un espectador franquea las puertas del Globe, está a punto de asistir a una función basada en libretos con siglos de antigüedad y representados sobre un número ilimitado de escenas. Se trata, al fin, de un teatro que nos devuelve al núcleo de un arte que bucea en los recovecos del ser humano sin más instrumentos que el ingenio literario de un artista y la presencia simbiótica de una compañía que se transmuta. En la capital inmortal del teatro, nadie puede eludir la visita obligada a su catedral.

1 de octubre de 2015

*****

Si te ha gustado puedes visitar nuestra página oficial de Facebook.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *