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Xavier Mariscal: «Ya nadie me llama, estoy sin trabajo, soy un mantero»

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 Entrevista

Por José Antequera. Viernes, 16 de octubre de 2015

El diseñador Xavier Mariscal (Valencia, 1950) ha pasado del cielo al infierno en el tiempo que se tarda en dibujar un boceto. Hace nada, al padre de Cobi, la mascota de los Juegos Olímpicos de Barcelona, le llovían las ofertas de todo el mundo, de Japón, Nueva York, París, y muchas las rechazaba «sencillamente porque no me interesaban». Hoy el teléfono ha dejado de sonar, el correo electrónico está vacío y su estudio creativo, en otro tiempo una factoría llena de artistas donde nunca faltaban bocadillos y cervezas, está en la más absoluta ruina. La crisis se llevó por delante el imperio Mariscal, como un vendaval imparable, y ahora el artista trata de reinventarse en otros proyectos como la película Chico y Rita que rodó con Fernando Trueba. «Me arruiné, no lo supe hacer, y al mismo tiempo tuve un desengaño amoroso y terminé en el psiquiatra tomando pastillas», asegura. Sin embargo, Mariscal dice sentirse ahora más libre que nunca para decir lo que piensa: «A este Gobierno tan franquista que tenemos no le gusta la cultura. Camps me decía: aquí está mi teléfono para lo que quieras, Rita sa cansó de invitarme al balcón del Ayuntamiento y de repetirme: aquí puedes hacer muchos negocios. Y yo le contestaba: Que no tía, que no, que no… Fue muy fuerte lo que pasó aquí ya desde Zaplana». Esta semana Mariscal pasó por la sala La Rambleta de Valencia, donde mantuvo un interesante cara a cara con la periodista Mariola Cubells. Allí contó cómo fueron sus primeros años en Valencia, su aventura en la Barcelona olímpica por la que sigue conduciendo «a toda virolla» en su vieja Vespa, que es lo único suyo que le queda ya y que ha puesto a nombre de su hija para que no se la quite Hacienda. «¿Que si vivo dejando pasar la vida? Qué remedio, estoy contemplativo porque no tengo trabajo, nadie nos llama ya, soy un mantero».

Hábleme de la relación con su padre. Ha dicho alguna vez que se pasó dos años contestándole solo con monosílabos: sí, no, sí, no… Debió ser una relación complicada…

Yo iba de rebelde porque él había sido falangista y de la División Azul. A mi casa venía José María Pemán y hacían teatro y cosas. Tenga en cuenta que éramos muchos hermanos, comunistas, pasotas, queríamos cambiar el mundo.

Creo que once…

Sí, primero empezamos con el punto de la adolescencia y después ya las manifestaciones en la universidad, panfletos, todas esas historias, los Beatles, todo el rollo de la música, del rock and roll, los guateques, los pantalones Levi’s, empezar a dejarte el pelo largo… Todo eso era un enfrentamiento muy brutal con mi padre, muy brutal. Por una parte, él intentaba ser lo más democrático y lo más liberal posible pero al mismo tiempo todos sus valores, valores de moral, de sexo, de todas esas cosas, se imponían. Eran muy católicos nuestros padres, nuestro colegio era muy católico también. Un día el padre de un amigo íntimo nos cogió los discos de los Beatles y los rompió. Eran música del demonio.

¿Marcó de alguna forma su relación paterna su manera de entender el arte, el dibujo?

No. Solo que era un enfrentamiento brutal. Nosotros queríamos otro tipo de vida, otro tipo de manera de ser y ellos estaban anclados en, digamos, la ideología franquista, en algo muy tradicional.

Empezó dibujando en el colegio. Sus compañeros le encargaban dibujos y usted se los daba altruistamente…

¡Cómo vas a cobrarlos! Los co cobrarlos cuando ya eres bastante mayor y comienzas a vivir de esto. Lo más normal es que cuando empiezas le haces un dibujo a un amigo, a la abuela, a la gente. Si eres buen dibujante el éxito es que te pidan los dibujos, que te los quiten de las manos. De todas formas tengo una sensación de fracasado total porque nunca he dibujado bien y a mí me gustaría dibujar bien…

Gutiérrez, Villalonga, Quesada, aún recuerda aquellos compañeros de la infancia, del colegio…

Sí, me acuerdo de ellos…

Pero se le ha echado en cara que rompió con Valencia para irse a Barcelona a triunfar.

No rompí con Valencia, digamos que yo lo que necesitaba era salir de un entorno donde todo era como una especie de incubadora, donde se vivía maravillosamente bien. Valencia es como una señora divina, acogedora que te da cariño, que te da caloret (y lo siento por la expresión pero es que siempre me ha gustado). Yo vengo de una familia muy burguesa, de clase media muy alta, y vivíamos como en una burbuja. Yo me crié con un ama que llevaba cofia y uniforme y tenía mucha más relación con el ama que con mi madre. Mis padres nos querían, nos adoraban, pero primero era el papá y la mamá y luego nosotros, y al mismo tiempo había una distancia entre padres e hijos que hoy en día es totalmente lo contrario. Yo mismo tengo una relación con mis hijos completamente diferente a la que tenía con mi padre porque era otra mentalidad y otra época. De modo que vivir dentro de esa incubadora, dentro de un mundo donde todos los amiguetes eran buenísimos, guapísimos, fantásticos, donde todo era un ambiente muy estético, era como una burbuja. Valencia siempre ha tenido un nivel estético fantástico: las bandas de música, toda la gente arreglada por la calle, es como Cuba en ese aspecto, ellas se pintan, ellos dicen: me voy con los amigos ¿me cambio el pantalón, qué te parecen estos zapatos? Solo para ir a un bar a tomar unas copas. Y las chicas siempre muchísimo más arregladas, claro. En Valencia éramos muy pijos y no valorábamos el trabajo, todo lo contrario de Barcelona, que es una ciudad dura, durísima.

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Alguna vez ha hablado del barrio del Carmen con sus bares, el Bar Capsa, todo aquel ambiente de ebullición, de efervescencia, de la movida. Hubo como una gran explosión y luego se difuminó un poco.

Hombre, todo cambia, todo evoluciona, y yo no soy un nostálgico, no creo que aquella época fuera ni mejor ni peor. Podemos hablar de la prehistoria, cuando yo tenía veinte años, en los setenta, cuando hice el taburete Duplex y empezaron a florecer miles de proyectos, Montesinos y todo el mundo de la moda, la Ruta del Bacalao, todas las discotecas, toda la música preelectrónica, el chumba chumba, el bakalao y esas cosas… Florecieron multitud de bares alrededor de la Malvarrosa. Ahora quieres ir a uno de esos sitios y ya no está o está cambiado. Sí que ha habido una época larguísima que ha sido como una travesía en el desierto, cuando el PP consiguió la Generalitat y luego también el Ayuntamiento de Valencia. Desde mi punto de vista ha sido una época muy muy dolorosa, muy triste. Yo un día se lo dije a Zaplana directamente a la cara: usted representa todo contra lo que yo he luchado en mi vida. Piensas que después de Zaplana ya no puede haber nada peor y viene un personaje como Camps. Toda esa época es dolorosísima y estamos hablando de hace nada. Camps me decía: aquí está mi teléfono, para lo que quieras. Rita Barberá se cansó de invitarme al balcón del Ayuntamiento y me decía: aquí podrás hacer muchos negocios. Y yo les respondía: no tía, no, que no… Ha sido muy fuerte lo que ha pasado aquí desde Zaplana.

Es como si el gobierno del PP borrara aquella ola de modernidad y todo pasó a ser mediocridad.

Pues tampoco sé decirte, siempre hablo desde mi punto de vista. Yo siempre he vivido en una burbuja y sigo viviendo en una burbuja. Me protejo mucho, siempre me digo: quiero dibujar debajo de una mesa. Mi trabajo requiere mucha concentración, por más que parezca que es un trabajo fácil son muchas horas de esfuerzo y mucha dedicación, que además me gusta y me fascina, soy alguien que pasa horas y horas dibujando, trabajando. Aunque toda mi vida he viajado muchísimo, he dado la vuelta al mundo bastantes veces, hay pocos países en los que no haya estado. Hay una zona de Rusia y algunos países asiáticos como Bielorrusia o como se llame, esos que están al norte de la India tocando Mongolia, esos no los conozco. Y luego está América Latina, que es la gran maravilla. Nunca me he sentido extranjero en ningún país de América Latina, me la conozco entera, menos Bolivia, aunque dentro de poco voy a ir y también a Nicaragua.

Ayer en su charla hablaba de Etiopía, un buen lugar para perderse…

Me parece que es un buen lugar.

¿Pero para esconderse o para trabajar allí?

No, para conocerla, para dibujarla, para hacer una crónica. De África conozco Marruecos, Argelia, Senegal, Mali, Níger, Burkina…

Hay otros viajes menos divertidos y apasionantes, como el viaje al infierno. Cuénteme cómo lo pasó cuando tuvo que cerrar su estudio por suspensión de pagos. ¿Cuándo se dio cuenta de que el negocio se le iba de las manos?

No sé decirle con exactitud, me arruiné, no lo supe ver. Cuando llegó la crisis lo primero que me dije a mí mismo fue: bah, vaya tontería. Lo que dijo Zapatero. Creo que todo empezó a ir mal una primavera a partir del 2008. Pensé: bueno, no importa, siempre nos ha salvado algún proyecto de China, de Japón, de Corea, de Brasil. Ya pasará, ya saldrá algo. Pero no. Nunca en el estudio habíamos despedido a nadie, tener que romper esa norma, ver que no había dinero para pagar las nóminas y además verlo cuando ya era un desastre, o sea, no saber verlo venir…

¿Cuántas personas trabajaban allí, en su estudio?

Debíamos ser unos cuarenta. Éramos como una familia. Había muchos sofás, bocadillos, cervezas, no teníamos un horario, había gente que entraba a las ocho y otros a las doce, y siempre había internet y teléfono gratis. Fijos éramos unos treinta, pero hubo que hacer un ERE de esos, tuve que empezar a hablar con abogados, se me cruzó también con una historia de desamor y entonces tuve que acudir a un psicólogo, tomar pastillas… Entré en una depresión muy gorda y bueno, poco a poco vas saliendo de la depresión, pero claro, de la depresión, no de lo otro, no del problema con el trabajo. Sigo estando en una situación precaria, precaria económicamente, con problemas de vivir el día a día. A mí no me importa, sé vivir perfectamente con nada, tengo amigos, puedo vivir en sus casas y no soy nada consumista, pero tengo hijos y eso es lo que te pesa mucho. Quieres que a tus hijos no les falte de nada, quieres pagarles un colegio que esté bien y que en el futuro, si quieren, puedan ir a la universidad, o si tienen que ir al extranjero puedan ir. Para mí es necesario, somos europeos, debíamos hablar mínimamente tres, cuatro o cinco lenguas, pero bueno… Por una parte lo que me pasó fue una ducha de humildad, que está muy bien, pero también es un poco angustioso en el sentido de que está cambiando mucho la sociedad. Yo creo que siempre he tenido mucha suerte, he sido muy mimado, he tenido buenísimos proyectos en mi vida, muy bien pagados, y todo el dinero siempre lo he distribuido, por decirlo de alguna manera, entre la gente que trabajaba en el estudio. He tratado de ser lo más generoso posible y nunca he hecho un apalanque. Ahora la Vespa que tengo la he puesto a nombre de mi hija para que no me la quiten y es la única propiedad que tengo. Una moto para pasear por Barcelona. Y no sé qué más quería comentarle…

El problema con el estudio…

Te tienes que reinventar absolutamente, ese es el problema, hablas con Fernando Trueba para hacer una película o con el mismo Andreu Buenafuente. Y te preguntas qué está pasando. Yo tenía una tienda, abría la persiana y llegaba la gente diciéndome: oiga, por favor: ¿me podría hacer esto o lo otro? Y muchas veces me lo pedían hasta tres veces por favor: oiga por favor, por favor, por favor, y yo rechazaba bastantes trabajos en el sentido de que no eran interesantes o porque yo no era la persona adecuada para resolver aquel problema de diseño que me planteaban. O no sé, rechazaba trabajos para El Corte Inglés porque nunca me ha interesado, creo que es una de las empresas más nefastas que pueden existir en este país, aunque hay muchas. Pero vaya, El Corte Inglés, que ha tenido secuestrado a todo el mercado español durante mucho tiempo y lo único que ha ofrecido es mierda… Bueno… da igual, es una empresa muy machista, muy borde, franquista cien por cien, muy pepera, etcétera, nunca me ha enrollado trabajar para ellos…

Ha dicho que el nacionalismo es negativo, que la tierra, de ser de alguien, es de los árboles. ¿Hay crispación en Cataluña?

Lo primero, donde hay más crispación es en los diarios, en los medios de comunicación que no son de Cataluña, yo no soy nada nacionalista, no creo en la independencia porque hasta ahora esa idea se ha gestionado muy mal y además la ha gestionado un señor que lo que le podíamos decir, así, en plan suave, es que es un trilero, un tramposo que juega siempre con las cartas marcadas. Ese es el señor Artur Mas, el político de la ideología de los recortes, quien más recortes ha hecho, el que se ha subido a este carro de la independencia que es un movimiento muy popular, que nace de la calle, y que ha intentado manipularlo todo lo que ha podido. Pero son unos muy malos gestores. Todo se ha hecho fatal, no se puede gestionar una independencia de un país con estas prisas y estas locuras y buscando siempre un enemigo que son los otros, los que nos están jodiendo la vida, cuando no es verdad. Puedo entender, aunque no comparto, que haya muchísima gente que está luchando o le encantaría tener un nuevo estado independiente; puedo entender perfectamente todos esos sentimientos de no ser comprendidos desde el Gobierno central y de lo que es Castilla. Desde allí nunca ha habido una sensibilidad y un entender qué está pasando en otros lugares, en la periferia, como puede ser Galicia o el País Vasco o Cataluña o Valencia o Baleares o incluso Andalucía. Desde ese centro hay un no querer entenderlo o simplemente rechazarlo. Bueno, ahí está la anécdota de Jordi Pujol y Marta Ferrusola inaugurando una exposición en Madrid y aquellas señoras detrás de ellos murmurando y diciéndose: ¿tú crees que cuando lleguen al hotel seguirán hablando catalán? Esa anécdota explica muy bien cuál es esa actitud y esa desinformación y ese no querer entender nada. Esas generaciones de España que no hablan otro idioma más que el español, escuchan hablar portugués o francés y se preguntan: ¿Y eso qué es? ¿por qué le llaman al queso formatge? ¿por qué son tan raros? ¿por qué hablan chapurreando? ¿por qué hablan de esta manera? O se preguntan qué es eso de what is this, fíjate tú, qué cosa más rara, cómo hablan los ingleses. Son mentalidades muy anacrónicas, muy de no saber que estás en un mundo donde cualquier africano que no sabe ni leer ni escribir habla cuatro o cinco idiomas. Y luego dicen: mira tú el negro este que viene a quitarnos al trabajo. Pues sí, oiga, ese negro habla más idiomas que usted, señor Rajoy, por decir algo…

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Y luego el inmigrante seguramente tiene la mente más abierta que ese señor o señora rancios…

Yo nunca lo he vivido así, yo nunca he tenido el ADN nacionalista, me preguntan si soy valenciano, bueno pues sí, pero yo no considero que haya que luchar por una nación que se llame Valencia o que se llame Paísos Catalans, para nada, no me interesa ese tipo de discurso, me interesa luchar por conseguir una Europa que realmente sea mucho más integrada y con una organización política mucho más racional. Por ejemplo: ¿cómo es posible que todavía no tengamos una embajada en Buenos Aires que se llame Unión Europea? Y cuando vas a la embajada española en Buenos Aires encima hay otras diez embajadas en la misma calle ¡y todas son europeas! De Bélgica, de Holanda, de Francia, de Alemania y de Italia. Eso es un despilfarro. ¿Y cómo que no tenemos aún un ejército común, pequeño, con muchos espías? Y todas las enormes fortunas que nos gastamos en tanques y en aviones y en municiones y en mantener un número bestial de soldados en todos los ejércitos europeos… Todo eso se podría unificar, crear un ejército preparado para el futuro, sobre todo para la guerra tecnológica. ¿Cómo no existen todavía televisiones de la Unión Europea o canales de distribución de cultura, de literatura, de arte, de imagen, de todo lo que es cultura europea para que puedas decir: ostras, pues estos holandeses mira qué cosas están haciendo, por ejemplo? O mira, acabo de ver un documental alemán muy interesante. Y que esos programas lleven subtítulos en todas las lenguas para que la gente empiece a acostumbrarse a manejar idiomas. Y sobre todo hacer un gran esfuerzo con presupuestos pagados por nosotros para plantar cara a los productos culturales americanos. Pues no se hace, simplemente no existe. Desde Cataluña mi estrategia para conseguir no un Estado, porque no creo que haya que crear un Estado más, sino una región más independiente y con una serie de valores más identitarios y con más autonomía, sería romper con todos los centros de poder que todavía están vigentes en Europa y crear una nueva presidencia con una distribución más federal.

¿O sea la Europa de los pueblos?

Sí, sí, a mí cuando me hablan de Estados no creo que sea el futuro ni mucho menos…

Ha llegado a comparar la Diada con la época de Hitler ¿se arrepiente?

Sí, hace dos o tres años, yo lo dije de una manera que para mí es suave, de una manera más escéptica, y creo que no fue acertado porque las palabras… yo siempre tengo problemas con las palabras porque son muy traicioneras. Cuando yo le digo a un amigo oye, cabrón ¿qué tal estás? le estoy queriendo decir a ese amigo que le veo muy guapo. Y para otra persona es un insulto y realmente se enfada muchísimo. En ese tema de Hitler y todo eso de los nazis hay que ir con mucho cuidado porque no es verdad lo que dije, fue una exageración bestial, la Diada es una fiesta de abuelitos, de familias, de niños, y sobre todo de gente muy pacífica, muy ordenada y muy cariñosa, que están con el coco comido, desde mi punto de vista, desde mi manera de ver las cosas, por una tontería enorme, y con todo el respeto hacia ellos. Pero es que para mí el nacionalismo es algo muy primitivo, esa es mi opinión, aunque esa manifestación no tiene nada que ver con los nazis de Hitler, que tenían unas ideas y una violencia realmente peligrosísimas. No hay nadie más educado que toda esa gente que sale a manifestarse en Cataluña en la Diada, ni más disciplinada, ni más cariñosos, monos, simpáticos, agradables, y no es gente nada violenta para nada. Hay una pequeñísima minoría de brutos salvajes que la misma masa los para los pies y les dice: oye, oye, pareu, pareu, què esteu fent? Siempre hay grupos de tarados pero es un 0,01 por ciento. El nacionalismo tiene un nivel infantil, primitivo.

La visión que nos llega de Cataluña es que está fracturada al 50 por ciento pero: ¿es tan simple la realidad catalana o es algo más compleja?

Más compleja. Lo que se tiene que hacer y se debería haber hecho ya desde hace tiempo es un referéndum. Hace un año, durante un cena de bastante gente, de repente una mujer de mi edad que tiene una productora de vídeo dijo: hombre, es que estos ocho años de Rajoy nos han matado y nadie dijo nada hasta que yo comenté: pero oye, es que ocho años no han sido, no llevamos ni cuatro. Pero la percepción de que es un Gobierno tan franquista, tan de derechas, con un sector ideológico tan nefasto, corrupto, mentiroso y horroroso está ahí. Después de Aznar parecía que no podía haber nada peor, pues creo que este señor Rajoy es todavía peor.

A veces creo que es una derecha más casposa y folclórica que franquista. Se lo digo por esos bailes de Soraya, esos chistes malos que a veces suelta el presidente del Gobierno…

No he visto lo de Soraya ni sé de qué me habla, y no sé muy bien quién es Soraya, no leo los periódicos, no veo la televisión, me la trae floja… Tenemos un  Gobierno franquista, parece que Franco no se ha muerto todavía, es el espíritu de una derechona fuerte y salvaje a la que no le gusta la cultura.

O sea que son más peligrosos de lo que parecen…

No es que sean peligrosos, es que simplemente representan una España de Franco con todo lo que conlleva, con una ideología, con una manera de defender todos los intereses económicos de la derechona clásica, de la España del amiguismo, yo te paso, tú haces, y el control que pueden tener de empresas como Telefónica, de las grandes compañías, de las puertas giratorias, ahí está el caso de Rato, de Bárcenas, de toda la financiación ilegal, de todo un tinglado montado para, a través de proyectos con dinero público, hacer negocios con los amigos de tal o cual empresa, y esta empresa al mismo tiempo me hace un favor a mí, dinero, y en fin, así todo…

Mafiosillos de baja estofa…

Vamos a ver, los franquistas eran mafiosillos de baja estofa, pero es que detrás hay una ideología también, una ideología católica, apostólica, y encima están en contra de este pobre señor que han puesto de Papa. Lo importante para acabar con esto de una vez es plantear un referéndum en Cataluña. Y antes de eso, sobre todo, que Artur Mas explique de una vez qué quiere decir un Estado nuevo que se llame Cataluña o una República. ¿Qué quiere decir esto? Pero no está por la labor. Que lo explique para que lo podamos entender y discutir entre todos, qué cosas buenas tiene esto, qué cosas malas, qué podemos conseguir con una gestión de una manera y con un acuerdo con el Estado español y con Europa. Y luego votar y ya está.

¿Ve preocupación entre los catalanes?

A la gente lo único que nos preocupa es nuestra familia y poder llegar a final de mes. Lo otro está superamplificado y los periodistas le dan una importancia tan fuerte a los políticos sobre lo que dicen o dejan de decir o hacer, que lo están sobredimensionando. Yo tengo temporadas de desenchufarme de todo eso y realmente ni lo noto; a la gran mayoría de la gente lo que le preocupa son los temas de su entorno cercano. Todo esto de la independencia ha sido como una cortina de humo, venga el monotema…

Y en un mundo cada vez más global, encerrarse en eso, no parece muy lógico…

Bueno, hay gente que eso le interesa y le pone mucho y lucha por eso, y me parece muy digno. Pero si se hiciera el referéndum se vería si lo que quiere la gente es realmente un Estado que fuera la república catalana. Fríamente hay que tomar esa decisión, qué gestión es la mejor para el ciudadano en general, o sea, para la mayoría. Si me convencen, yo mismo sería el primero en decir: yo creo que sí, que es mejor que haya un nuevo Estado que se llame Cataluña.

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Con la de trabajo que lleva a sus espaldas, ¿no le molesta pasar a la historia por ser el padre de Cobi, la mascota de las Olimpiadas de Barcelona?

Eso es normal, lo normal no es que te paren y te digan qué maravilla el taburete dúplex, o he estado en Londres y he visto cosas tuyas que me parecen fantásticas. La mayoría de las personas no conocen los trabajos gráficos. Igual tú has estado en un restaurante para el que yo he diseñado la carta y no te has enterado. Son trabajos anónimos y en un pueblecito como puede ser Barcelona o en un país tan pequeño y poco culto como España pues la gente se fija en ti y te dice: ¡es el papá de Cobi! ¡Cobi, Cobi, Cobi! Y bueno, ahora ya no me dicen tanto lo de Cobi y me hablan de Chico y Rita, que es un trabajo que no es como un cartel para una feria o un concierto que duran una semana y tienen un alcance mucho más pequeño. Una película tiene una alcance muchísimo más grande que otros tipos de trabajo que hago.

Tuvo que ser toda una experiencia ser nominado a los Oscar…

Trabajar con Fernando Trueba fue un regalo. Es una persona excelente, maravillosa, muy inteligente y aprendes mucho. Chico y Rita existe por Fernando Trueba. Primero está Fernando Trueba, luego Fernando Trueba, luego Trueba y luego estoy yo.

Pero da la sensación que fue una cinta fifty-fifty…

Bah, pero yo no podría hacer una película como esa sin Trueba, él es el que sabe plantear un lenguaje cinematográfico, un guion, que a mí siempre me pareció bastante flojo y me lo sigue pareciendo, pero es un guion que funciona y que plantea una banda sonora, unos encuadres, una manera de mover la cámara, etcétera. El trabajo de Fernando es muy complejo, unos actores, un doblaje, elegir una música. Calibrar por ejemplo que aquella canción dura un minuto veinte y luego se corta con otro plano y se mete otro, es algo muy sofisticado, muy difícil, y él lo hace como alguien que va con zapatillas por su casa, con una generosidad, una tranquilidad increíble; es un sueño trabajar con alguien como él.

Pero tuvo el problema de la distribución, los distribuidores no confiaron en la historia porque no creían que fuera rentable.

Claro, porque el cine de animación hoy se considera un mercado para niños. La última película de Pixar que fui a ver en horario nocturno me encontré con que la gran mayoría de espectadores eran un poco frikis, no había niños allí. Gente como tú o como yo, frikis, raritos, porque tú eres rarito, no sé si te has dado cuenta. No sé si tú si fuiste al cine a ver Chico y Rita

Bueno, la vi en vídeo, me dejaron la película…

Se la prestaron, claro, y la gran mayoría que la ha visto la ha visto en plan pirata, seguramente es su caso y no se atreve a decirlo…

Para nada, ya le digo que me dejaron una versión original…

Pues es una película para verla en una gran pantalla…

Claro, siempre hay que ir al cine, pero qué le vamos a hacer, te coge el día tonto en casa, pones el vídeo y la ves. ¿Cómo ve el mercado del arte en España?

Pues esa pregunta que hacéis los periodistas es para que vayáis a una escuela de periodismo y os recicléis. ¡Yo qué coño sé! ¡no tengo ni puta idea! Y además, tal como formulas la pregunta, en plan garrulo ¡es para meterte la grabadora por el culo…! (Suena el teléfono móvil, contesta y habla. Luego cuelga) ¿Por dónde íbamos?

Pues me iba a meter la grabadora por ahí…

Perdone que me exprese en esos términos, usted es inteligente, pero es que vivimos en un país que es muy inculto. Vale que España no es tan analfabeta como después de la guerra y en la posguerra pero sí que es un país muy inculto. Y además partidos que llegan al Gobierno como el PP ayudan mucho a ello. La sociedad siempre necesita diseño y cada vez más porque son sociedades muy sofisticadas. El diseño está en todas partes, mejor o peor, en esta cafetería en la que estamos, por ejemplo, hay diseño, cómo se ilumina, cómo se distribuyen las mesas, qué tipo de materiales utiliza, mobiliario…

Se lo preguntaba por si hay una crisis de creatividad y todo se fía ya al ordenador.

Qué va, ese es un lugar común, se crea igual con un lápiz que con un ordenador, las nuevas generaciones de creativos son cada vez mejores, saben más, están más preparados, si tienes hijos o sobrinos los ves que están mucho más informados, más preparados, son más inteligentes, más guapos, más altos, siempre vamos a mejor.

En su conferencia dijo que está en un momento contemplativo de su vida, que se está dejando ir…

Eso era una manera de decir que no tengo trabajo, estoy más contemplativo porque no hay nadie que me llame y entonces tengo que contemplar las nubes porque no tengo trabajo. Cosa que me parece bien; la putada es cuando llego a final de mes (sonríe). Entonces tanta contemplación es dura porque la vida es dura y hay que pagar las pilas de la batería (dice señalando la grabadora del periodista).

¿Qué me va a contar a mí? Yo también tengo mis momentos contemplativos…

Claro, y es difícil porque te tienes que plantear: ¿y ahora qué hago? Supongo que tú te planteas: ¿qué hago ahora que no tengo trabajo, monto un periódico digital? Yo abro la tienda y ya no viene nadie, tengo que ir a la calle a poner una manta en el suelo para poner ahí sombreros y cosas, para ver si la gente viene y me compra. Y además, como soy ilegal, tengo que tener unas cuerdecitas atadas a la manta para cuando llegue la Policía tirar y hoop… salir corriendo.

Entonces es usted un mantero…

Soy un mantero.

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José Antequera

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