Humor Gráfico, Iñaki y Frenchy, Juanma Velasco, Número 40, Opinión
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En estado de inmediatez

Por Juanma Velasco / Viñeta: Iñaki y Frenchy

Juanma Velasco

Juanma Velasco

Vivir así es casi como morir de amor. Supone un permanente estado de excepción de los sentidos, en particular del sentido de la paciencia. Este estado permanente de excepción electoral informativa sólo puede satisfacer a los amantes del sado y a una superpoblacion de periodistas que compiten entre sí para hacernos saber quién es el más rápido, el más mordaz, el más sumiso, el más octavillero o el más funambulista.

Quizá, si improviso en la reflexión, el exceso de mensajeros puede ser un factor desestabilizante de la democracia, máxime en los tiempos en que una mayoría llevamos a un fotoperiodista incorporado con una publicación diaria que llevar adelante en nuestros muros de Face, de Twitter o de cualquier otra red social.

La abundancia de medios ha propiciado que vivamos en un constante estado de inmediatez. La caza de declaraciones vacuas ante los micrófonos se ha convertido en una epidemia que nos idiotiza más todavía. Para ilustrar la prevalencia de la idiotez informativa, sirva el muestreo que TV3 realizó, con motivo de las últimas plebiscitarias catalanas, preguntando a los votantes a ras de urna sobre el sentido de su voto y que sirvió para que a las 20.30 horas se pudiera obtener una aproximación de los resultados, que luego resultó no ser demasiado rigurosa, cuando sobre las 21 y poco de la noche ya se comenzaron a facilitar los primeros resultados oficiales. Ello le debió suponer a la cadena catalana un desembolso de recursos añadido o puede que como les sobra personal, les mitigaran el ocio inventándose tareas.

Qué decir de las persecución a los futbolistas para que declaren dos frases hechas pataleando la sintaxis, o de las múltiples entrevistas que requieren a los políticos para que acaben, todos y cada uno, respondiendo, también en demasiados casos maltratando la lengua castellana, aquello que tenían planeado declarar con independencia de la pregunta.

Quizá la felicidad consista en no estar sobreexcitado fruto de estar sobreinformado, en dedicar más tiempo a mirar a las nubes que a fotografiarlas con el móvil, en dejar de querer estar para, en su lugar, querer ser. Quizá la felicidad, una de sus variantes cuanto menos, consista en leer más reposado menos textos, en buscar fabricarse una reputación en sabiduría más allá de la que presta el mero acumulo de información yuxtapuesta.

No me convencen estos tiempos en los que el prepartido y el pospartido, del siglo, de la década o de la jornada, duran miles de horas informativas mientras el propio partido transcurre en una o dos, según deportes.

No me motivan estos tiempos donde la propaganda, la cháchara y el exceso acaban por moldear a las mayorías, compuestas de individuos que, pese a la sobreinformación, son mayormente lerdos a la hora de analizar los hechos desde una óptica que no provenga de opiniones ajenas. Que sí, que eso lo sé yo seguro, que lo han dicho por la tele…

No se trata de matar al mensajero (quizá sí de reducir su número) para justificar la banalidad, pero sí convendría introducir en los colegios la asignatura de cómo tener criterio propio sin recurrir al canal 24 Horas. Pero precisamente, para que ocurra lo contrario, para confeccionar sociedades todavía más amorfas, la enésima ley de Educación retira prácticamente la filosofía, reduce a la música a la mínima expresión y las fuerzas devotas del crucifijo y la mantilla se resisten a que la religión se reduzca a las enseñanzas de los catequistas en los años previos a tomar la comunión.

Se me ha ido el hilo del inicio, prometo reflexionar más centrado en la próxima entrega. Vivo sin vivir en mí porque llevo ya un tiempo escribiendo, aislado de la realidad, y me habré perdido cientos de publicaciones del Face y alguna declaración, casi siempre de guerra, de Artur Mas o del lelo de Rajoy.

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IÑAKI Y FRENCHY

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