Artsenal, Editoriales, Humor Gráfico, Igepzio, Número 38
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Editorial: El escándalo del escarabajo

Ilustración: Artsenal / Igepzio. Viernes, 2 de octubre de 2015

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   Editorial

Hace apenas una semana, el mundo de las finanzas temblaba al estallar el escándalo de la Volkswagen. Varios modelos de uno de los mayores fabricantes alemanes de coches excedían los límites legales de emisiones contaminantes. Los ejecutivos de la compañía, en un harakiri mediático sin precedentes, confesaban sus culpas ante las televisiones de todo el mundo y la estupefacción de millones de ciudadanos. ¿Cómo pudo haber sucedido? El caso se destapó por casualidad, cuando un ecologista, Peter Mock, intentaba demostrar que los controles de gases emanados de los vehículos europeos eran menos exigentes en Europa que en Estados Unidos. El usuario analizó dos modelos de Volkswagen, el Jetta y el Passat, así como un BMW, llegando a la conclusión de que los dos coches germanos emitían niveles de óxido de nitrógeno muy superiores a los permitidos. Alertada la EPA (Agencia de Control Medioambiental de los EE.UU) Volkswagen tuvo que reconocer que había instalado un software capaz de detectar que el coche era sometido a un control de contaminación para que el nivel de emisiones se mantuviese dentro de los límites legales. El sistema se apagaba cuando el vehículo era usado con normalidad, pero entonces ya contaminaba entre 10 y 40 veces más de lo permitido. Más de 11 millones de coches salieron al mercado bajo estas condiciones fraudulentas, contribuyendo a incrementar los niveles de contaminación en las ciudades. El caso ha sorprendido en todo el mundo, ya que nadie se esperaba que una firma del prestigio y el potencial económico de Volkswagen fuera capaz de caer en semejantes triquiñuelas para ahorrarse un dinero que debía ser destinado a cumplir la normativa medioambiental europea. Llegados a este punto, nos preguntamos qué hubiera sucedido si en lugar de ser la insigne y flamante Volkswagen la implicada en este escándalo mundial hubiera sido cualquier empresa española, como por ejemplo la Seat. Sin duda, a estas horas ya estaríamos hablando de chapuza nacional, de hundimiento de la marca España y de otros tópicos en los que solemos caer los españoles, muchas veces debido al histórico complejo de inferioridad que arrastramos desde hace siglos. El chanchullo de la Volkswagen viene a confirmar que cuando se trata de hablar de corruptelas y picarescas, nadie queda a salvo, ni siquiera los avanzados, eficientes y opulentos alemanes, santo y seña de la vanguardia empresarial europea. Ahora nos encontramos con que, de la noche a la mañana, millones de consumidores de toda la UE han quedado en shock al comprobar que el coche que tenían en el garaje no era el sofisticado y fiable ingenio alemán resistente a prueba de bomba que les habían vendido, sino más bien un coche del montón fabricado por unos supuestos técnicos superespecializados y vestidos con monos de la Nasa pero que al final no pasaban de ser unos mecánicos de barrio que se dedicaban a trucar motores, unos tuneadores de baja estofa que no pasarían un examen de calidad en cualquier ITV española. A los pobres europeos, traumatizados por la crisis económica y política, por la pérdida de valores y por su egoísmo  endogámico ante la oleada de refugiados que huyen de Siria, solo les faltaba perder la confianza en el poderío y la eficacia alemana, que era el estandarte que lucían con orgullo cuando viajaban a Estados Unidos, Japón o China.

igepzio volkswagen

¿Qué dirá ahora Angela Merkel cuando tenga que darle un tirón de orejas al Gobierno de Rajoy y la patronal española por no aplicarse a fondo en la innovación, la investigación y el desarrollo tecnológico? Está visto que ya nada es lo que era en la vieja Europa, ni su fortaleza moral y política, ni su poder estratégico en el mundo, ni siquiera la Volkswagen, supuesta empresa avanzadilla de la tecnología y la innovación. En esta economía globalizada, la UE corre el riesgo de quedar reducida a poco más que un rincón del planeta, bello por sus monumentos y su cultura, pero débil a la hora de competir con otras economías emergentes como la china, que en los últimos años está fabricando más y mejor que nosotros. El caso Volkswagen debería llegar a los tribunales y que la Justicia caiga sobre los culpables con todo el peso de la ley porque está en juego no solo la marca alemana, sino el sello de calidad de los productos europeos y la subsistencia de nuestra propia economía. El capitalismo salvaje al que nos han llevado algunos hombres de finanzas de Europa que han propugnado la economía del todo vale con tal de ganar dinero debe ser sometido a los más rigurosos controles de calidad. Los estados miembros deben intervenir e investigar si el caso Volkswagen no es sino la punta del iceberg y aclarar si otras prestigiosas marcas de automóviles han caído también en la reprogramación electrónica de las emisiones de gases, el camino más sencillo y barato para modificar el rendimiento de un motor, pero una práctica a fin de cuentas tan deleznable como ridícula. Alterar un dispositivo en un coche para ahorrarse un dinero a costa de contaminar el medio ambiente puede que no suponga un riesgo serio para la seguridad de los conductores y los ocupantes de los coches manipulados pero sin duda es el colmo de una forma chapucera de trabajar y el símbolo de la mediocridad empresarial. Volkswagen se enfrenta ahora al enorme desprestigio para su imagen y a una pérdida de casi 26.000 millones de euros en Bolsa, más las sanciones en las que pudiera haber incurrido. La ley debe actuar de oficio de inmediato. Está en juego el prestigio de la maltrecha economía europea.

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1 Kommentare

  1. Benito dicen

    Lo peor está por llegar, porque ahora el que elimine la rutina del ordenador de a bordo de su coche y ya contamine siempre muchísimo, ¿qué va a pasar en las ITV? ¿Lo echarán para atras? ¿lo dejarán pasar? lo simpático de la situación es que lo razonable sería que te cambiasen el coche por otro nuevo. porque dejar circular 11 millones de turismos que contaminan 40 veces más ¿quién lo asume? Espero que no estén pensando en el consumidor…. ¿O si?

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