Artsenal, Editoriales, Humor Gráfico, Número 38, Zumbador
Deje un comentario

Editorial: Cataluña, una sociedad cada vez más dividida y fracturada

Ilustración: Zumbador / Artsenal. Viernes, 2 de octubre de 2015

Deportes

   Editorial

Junts Pel Sí ha ganado el plebiscito por la independencia de Cataluña en número de diputados, pero ha perdido en número de votos. Lo han reconocido hasta los más acérrimos soberanistas de la CUP. Pese a que resulta evidente que hay un avance general de las ideas separatistas, esta es la realidad matemática incontestable a fecha de hoy: 47,74 por ciento de votos favorables a la ruptura con España frente al 50,62 por ciento a favor de seguir manteniendo a Cataluña como parte del Estado español. De esta manera, la independencia a la que el bloque soberanista quiere llegar en el plazo de 18 meses, tras una suicida hoja de ruta, se antoja un ejercicio de cerrilismo político que no puede conducir más que a aumentar la crispación en la sociedad catalana y a profundizar en la herida y la división. Ni el presidente de la Generalitat, Artur Mas, ni su cabeza de lista Raul Romeva (un político peculiar que llegó a protestar ante la Comisión Europea por el pisotón que el jugador del Real Madrid Pepe propinó a Messi durante un partido de fútbol) han aceptado con deportividad el resultado que impone esta realidad algebraica. Ambos persisten en su cerrazón e insisten en construir un nuevo Estado catalán donde una mitad de la población imponga su sistema y su régimen políticos a la otra mitad. Tanto uno como otro cometen el error de obviar que Cataluña es mucho más que una dialéctica maniquea que se debate entre el sí y el no, entre españolistas y nacionalistas. Si algo han demostrado las elecciones del 27S es que la sociedad catalana es mucho más plural y más compleja de lo que se pensaba en un principio y que entre el blanco y el negro caben múltiples tonalidades y matices, múltiples formas de pensar entre los catalanes. No debe extrañarnos por tanto que al día siguiente de conocerse los resultados electorales ya hayan aparecido las primeras contradicciones y disensiones internas en el bloque independentista. Así, al portavoz de la CUP, Antonio Baños, le ha faltado tiempo para declarar con rotundidad que no prestará sus 10 escaños para hacer presidente a Artur Mas, ni siquiera tras conocerse que el TSJ de Cataluña ha decidido solicitar su imputación por haber impulsado la consulta soberanista del 9N. “No queremos corruptos ni recortadores”, asegura un Baños que está demostrando que hasta el momento, y paradójicamente, es precisamente la CUP el único partido que parece  mantener una coherencia lógica en toda esta historia (pese a que su apuesta es romper con todo, con España, con el sistema capitalista y con cada cosa que huela a antiguo régimen corrupto). Ante esta situación tensa que se vive en el bloque soberanista, no lo tendrá fácil Artur Mas para hacer realidad su sueño de convertirse en el president fundador del nuevo Estado catalán. Más bien al contrario, cada día se le ve algo más cerca del banquillo del juzgado que del trono del Palau de la Generalitat. Él mismo, al conducir a su partido hacia el abismo independentista, ha cavado su propia tumba personal y política. Para los historiadores quedará resolver el enigma de por qué un partido de derechas, burgués y de orden, que siempre había contribuido a la estabilidad del Estado español, aunque catalanista, ha decidido echarse en brazos de Esquerra Republicana de Catalunya y de los anticapitalistas de la CUP (una unión tan antinatural como la ósmosis del aceite y el agua) y emprender una loca aventura que no conduce a ninguna parte. Habrá que ver hasta qué punto la crisis de Convergencia y los escándalos que salpican a su padre político, Jordi Pujol, han empujado al honorable a tomar decisiones tan arriesgadas y lejanas de lo que hasta ahora había sido el ideario político de su partido.

Los historiadores deberán analizar el giro brusco de Mas hacia el independentismo. La corrupción y el desplome de su partido explicarían su comportamiento

Mientras tanto, el PP, que ha cosechado una vergonzosa e histórica derrota con 11 paupérrimos escaños en el Parlament, sigue encastillado en su posición maximalista de no entrar a discutir nada que se refiera al conflicto catalán, de no negociar, de no plantear alternativas ni soluciones prácticas al problema. “Lo que se ha iniciado en Cataluña es una nueva legislatura autonómica y mientras yo sea presidente del Gobierno ni voy a hablar de la unidad de España, ni de la soberanía nacional, ni de la igualdad de los españoles”, ha sentenciado Rajoy en una muestra más de dogmática intransigencia y ceguera política que solo conduce a que el fuego soberanista se siga propagando como un incendio en una gasolinera.

artsenal

Cada vez que abre la boca el premier gallego sube el número de secesionistas en unos cuantos miles de personas más. Es como si cada palabra que suelta por su boquita arrojara un poco más de leña a la ardiente hoguera catalana. ¿Qué pretende Rajoy, seguir por este camino inútil otros cuatro años más? ¿Qué intenta, que lleguemos a las elecciones catalanas de 2019 con un porcentaje de independentistas todavía mayor, quizá del 50, del 55 o del 60 por ciento? ¿Es que no piensa hacer nada mientras tanto, es que no va a quitarse la venda de los ojos? ¿Cuál es el porcentaje independentista que se ha trazado el presidente del Gobierno español como línea roja para sentarse a negociar con Junts Pel Sí? Hasta Aznar ha tenido que darle un tirón de orejas al advertirle de que por ese camino, y con esa estrategia del avestruz, solo llevará al PP al desastre, no solo en Cataluña, sino en las elecciones generales que se celebrarán a finales de año en España. Es momento de decirle al presidente que se debe sentar a dialogar con el bloque soberanista, que debe abordar viejas reivindicaciones y aspiraciones de los catalanes como el concepto de nación integrado en la Constitución, la configuración de Cataluña como un Estado federal y la reforma del sistema de financiación, más acorde con lo que los catalanes aportan al conjunto del Estado.

Las primeras contradicciones en el seno del bloque soberanista no han hecho más que comenzar. La unidad entre la derecha catalana y la izquierda es antinatural

El fracaso cosechado por el PP es directamente proporcional al éxito rotundo de Ciudadanos, el partido de Albert Rivera e Inés Arrimadas, esa jovencita con aspecto de avezada y encantadora universitaria que ha logrado la friolera de 750.000 votos en su primera participación como candidata a la Generalitat, algo nunca visto en un partido de centro derecha españolista. La cifra es aún más espectacular si se tiene en cuenta que ha arrebatado Nou Barris, el área más pobre de Barcelona, a los partidos de la izquierda. Ni siquiera el PP en sus mejores años logró semejante resultado y Rajoy haría bien en analizar esta circunstancia porque de cara a las elecciones generales tiene un grave problema con el partido de Albert Rivera, quien ya se cuelga la medalla de que ha sido “Ciudadanos el que ha evitado la ruptura de este país”. Y razón no le falta. Toda la razón que no lleva el PSOE. “El único partido capaz de garantizar la unidad de España y los derechos de los catalanes es el PSOE”, ha afirmado su líder, Pedro Sánchez. Pero los catalanes parece que ya no confían en el PSC, un partido que se identifica con el más de lo mismo, como demuestra el hecho de que su representación en el Parlamento autonómico quedará limitada a 16 diputados, tres menos que en 2012, en el peor resultado de su historia. Tampoco Podemos, a través de Catalunya sí que es pot, parece haber seducido a los ciudadanos catalanes, quizá porque han visto en Pablo Iglesias otro caudillo castellano llegado de Madrid que quiere inmiscuirse demasiado en los asuntos políticos catalanes. Lo cierto es que, tal como se esperaba, las elecciones no han conseguido sacar a Cataluña del laberinto en el que se encuentra y en los próximos meses el embrollo seguirá liándose aún más. Ya solo se habla de independentismo; ni el paro, ni la crisis, ni los recortes, ni la corrupción parece importar a nadie. El independentismo es el fetiche al que se han agarrado todos los líderes políticos, enzarzados en una guerra ruidosa por ver quién hace valer sus ideas y posiciones. Ya todo es enrocamiento, bloqueo, inmovilismo. Cuando el único camino, tanto para unos como para otros, no puede ser más que el diálogo sereno y sensato. Sentarse a hablar de tú a tú, con transparencia y lealtad, olvidando rencores y viejas rencillas históricas. Algo que parece tan fácil. Y que a la vez resulta tan difícil.

*****

Si te ha gustado puedes visitar nuestra página oficial de Facebook.

ZUMBADOR

Zumbador

Artsenal

Artsenal

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *