Artsenal, Editoriales, El Koko Parrilla, El Petardo, Humor Gráfico, Número 39
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Editorial: Bailando hacia el desastre

Ilustración: El Koko Parrilla/El Petardo/Artsenal. Viernes, 16 de octubre de 2015

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  Editorial

El Partido Popular se encuentra ante el momento más difícil de toda su historia. Los duros recortes por los que ha apostado en la última legislatura, aún en contra de la ciudadanía, los graves casos de corrupción que le acechan (llámense Bárcenas, Gurtel, Púnica y otros) y el hundimiento del bipartidismo en España amenazan con desbancar a los populares del Gobierno en las próximas elecciones generales que se celebrarán el 20 de diciembre. Por si fuera poco, ha emergido en la escena política un nuevo partido de centro derecha, Ciudadanos, que de la mano de Albert Rivera e Inés Arrimadas está erosionando fuertemente al PP y le está arrancando votantes día tras día. Ciudadanos, con paciencia y tesón, ha sabido plantear una estrategia de oposición inteligentemente diseñada y canalizar el hartazgo de la ciudadanía ante las políticas austerísimas del Gobierno. Sus líderes, sobre todo Rivera y Arrimadas, tienen pinta de buenos chicos, preparados, modernos, con una pátina moderada, joven y limpia que está calando en buena parte del electorado a costa de la imagen dura y rancia que desprende el Partido Popular. La trayectoria siempre ascendente de los últimos meses de Ciudadanos (que ha culminado con su gran éxito en las pasadas elecciones catalanas) contrasta con la caída en picado del PP y ya se puede decir, a falta de solo dos meses para las elecciones, algo que parecía impensable hace un año: que se ha situado como alternativa seria de Gobierno. En las últimas elecciones autonómicas al Parlament de Cataluña el descalabro de los populares fue monumental y paralelo al auge del partido de Rivera, lo que supone un negro presagio de cara a los comicios que se avecinan.

El último sondeo de Metroscopia revela que si hoy se celebraran las generales, el PP y el PSOE se situarían en un empate técnico al 23 por ciento del sufragio, solo dos puntos por encima de Ciudadanos, que aún tiene por delante dos meses más para seguir creciendo en intención de voto. De esta manera, la mayoría absoluta parece irremediablemente perdida para el Gobierno y en los minutos finales a Rajoy solo le queda aguantar el resultado y no perder el partido, o lo que es lo mismo, no perder la Moncloa, ese palacio presidencial que parece ocupar como apartamento en propiedad después de que haya alojado en él a su padre enfermo, eso sí, a gastos pagados por todos los españoles. El hundimiento del Titanic popular parece solo cosa de tiempo y mientras las gaviotas abandonan el barco, al Ejecutivo no se le ocurre otra estrategia que ponerse a inaugurar carreteras y pantanos, como en los peores tiempos del franquismo, o sacar a bailar en un programa de televisión a la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría o interrumpir el pleno del Congreso de los Diputados para, en un acto descarado de patrimonialización del Parlamento español inédito en nuestra joven democracia, emitir un vídeo propagandístico en el que se compara a España con una enferma terminal a la que los cirujanos del Gobierno rescatan de la muerte gracias a una eficaz intervención quirúrgica. Elegir un hospital como escenario para representar el símil del milagro económico tampoco ha sido una decisión afortunada, ya que es precisamente este Gobierno quien ha dejado la Sanidad hecha unos zorros a fuerza de recortes y más recortes. Pero si bochornoso es usar el Congreso de los Diputados para emitir un vídeo de propaganda electoral aún lo es más cerrar ese acto con unas cervecitas y unos canapés para sus señorías del Grupo Parlamentario Popular (ni siquiera tuvieron la elegancia de invitar al tapeo a otros compañeros de hemiciclo) una metáfora perfecta de lo que entiende el PP por democracia: un lujo asiático para disfrute de unos pocos, un  guateque elitista alejado de la realidad social en el que los populares se dan a la dolce vita y se ponen morados de birras, tintorro y pinchos de tortilla mientras el pueblo se ajusta el cinturón y sufre los rigores del austericidio. Burdas metáforas aparte, tal puesta en escena, convertir el templo de la democracia en una bulliciosa taberna, los vídeos caseros, los bailes forzados, las cervezas, las ocurrencias y los chistes malos del presidente, no solo se antojan una estrategia bisoña, inocente e inútil para mantenerse en el poder, sino que ponen aún más en evidencia la sensación de desconcierto que reina en el Gobierno, la imagen de ridículo esperpéntico en la que está sumido el gabinete de Rajoy en esta última etapa de su sombrío mandato. Por si fuera poco, dimite la presidenta del PP vasco, Arantza Quiroga, mientras Aznar sigue prodigándose en apariciones públicas (mayormente para darle rejonazos a Rajoy) y el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, concede una polémica entrevista al diario El Mundo para echar una palada más de tierra sobre el Gobierno moribundo: “Hay compañeros que sienten vergüenza de ser del PP“, ha dicho sin despeinarse el responsable de las cuentas públicas en un extraño ejercicio de sinceridad poco conocido hasta hoy en el ministro. Se despachó a gusto Montoro en la citada entrevista, no solo porque dio rienda suelta a su egolatría y a su ausencia total de autocrítica al sacar pecho de unos supuestos brotes verdes económicos que no son para tirar las campanas al vuelo precisamente, sino porque arremetió sin dudarlo contra el propio José María Aznar, acusándole de entorpecer las tareas de gobierno con sus airadas y reiteradas opiniones y de dedicarse al “business” más que a la política. “Que deje de dar lecciones desde fuera. Que no moleste, si quiere ayudar, que entre en el quirófano, porque estamos operando“, le ha aconsejado Montoro al expresidente en un claro aviso para que cese en su actitud hostil hacia Rajoy. “Montoro es un cachondo y un guasón porque ha estudiado en Bilbao y en Harvard”, replicó Margallo evidenciando aún más la profunda división que existe en este Gobierno del PP enfrentado entre montoristas y margallistas. Con sus declaraciones, el ministro de Hacienda no solo ha agudizado la crisis en el partido a poco más de dos meses para las elecciones generales sino que dinamita toda la estrategia de Rajoy basada en querer aparentar unidad y cohesión en un PP fracturado por la corrupción y las rencillas internas.

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Y en medio de todo este gallinero ingobernable, al presidente del Gobierno solo se le ocurren disparates, como soltar incoherencias en entrevistas radiofónicas matutinas, sacar a bailar en televisión a su vicepresidenta más fresca, adolescente y dicharachera, o usar el Congreso para montar vídeos autopublicitarios acompañados de barra y grifos de birra, cerveza a raudales, como si el Parlamento fuera una verbena de pueblo en la que solo faltaba soltar la vaquilla con los cuernos ardientes para que corriera por el Salón de los Pasos Perdidos, o aun peor, el Toro de la Vega. Más de un diputado de la bancada popular (Rafael Hernando, sin ir más lejos) se calaría la boina con el palillo de dientes, y se echaría sin problemas al ruedo, como un cazurro más, para darle un capotazo y una lanzada al pobre morlaco, tales son las costumbres bárbaras de esta derechona vintage.

El bailoteo juvenil de Soraya, sus tímidos pasos de rumba y salsa (aunque poniendo sus caritas más picardiosas) no le servirán de nada al PP para mantenerse en el poder. El ciudadano asiste con estupor al espectáculo bochornoso de un Gobierno en las últimas al que ya no le funcionan ni sus montajes propagandísticos ni sus mentiras sobre una supuesta salida de la crisis que solo ven unos pocos privilegiados mientras el grueso de los españoles siguen sufriendo los rigores de los contratos precarios, los salarios raquíticos, el paro y el no poder llegar a final de mes. Si el Partido Popular espera ganar las elecciones a base de videos de baratillo y de espectáculos televisivos vodevilescos más o menos jocosos está sin duda en un grave error. El pueblo ya no traga con montajes de política basura. El pueblo está harto y quiere un cambio real, una reforma del Estado de arriba abajo. Ciudadanos pisa los talones al PP. Rajoy debería quitarse la venda de los ojos. Debe tomarse en serio la fuga de votos de su partido hacia la formación de Rivera, claro preludio del más que probable castigo electoral que se cierne sobre las huestes de Génova 13. Pero, lejos de reaccionar, ellos siguen bailando sobre su propia tumba, dándole al vino y a la cerveza, haciendo bolos televisivos y jactándose de sus falsos logros y sus propias mentiras. Pues más dura será la caída.

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PEDRO EL KOKO PARRILLA

El Koko Parrilla

El Petardo

El Petardo

Artsenal

Artsenal

1 Kommentare

  1. Lombilla dicen

    Enhorabuena. A ver si pronto somos nosotros los que bailamos sobre la tumba de este Gobierno “siniestro total”…

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