Humor Gráfico, José L. Castro Lombilla, Lombilla, Número 39, Opinión
Comentarios 4

Carta a Gurb

Por J.L.Castro Lombilla

J. L. Castro Lombilla

J.L.Castro Lombilla

Estimado Gurb:

No sé si será verdad aquello que Jean Cocteau dijo en una ocasión de que la muerte entra por los espejos; de lo que no tengo duda es de que entra por la pantalla del televisor (ese espejo fiel de la degradación humana), ya que el otro día, viendo bailar a la vicepresidenta del Gobierno, yo me morí… de risa. Bueno, de risa no, me morí de la risa, literalmente. Y es que, de igual forma que las epidemias de peste que asolaron Europa en la Edad Media inspiraron aquellas danzas macabras con las que los moralistas acoquinaban al personal, la peste preelectoral que está devastando el continente neuronal de nuestros políticos ha provocado otra iconografía tan bailarina como aquélla, aunque más acojonante, ésa es la verdad, en la que, al grito de ¡tonto el que no bote!, nuestros más insignes próceres se han lanzado a hacer las televisiones como antes las folclóricas se iban a hacer las Américas.

Y aquí me tienes ahora, Gurb, muertecito perdido y con toda una vicepresidenta del Gobierno clavada en el cerebro. Porque, ésa es otra. Al reírme tanto viendo cómo Soraya Sáenz de Santamaría ponía en práctica esa demagoga estrategia con la que su partido pretende ganar payaseando los votos que no ha sabido conservar gobernando, me ha pasado aquello que decía Molière defendiendo el teatro cómico de que en la carcajada se abre la boca pero también el cerebro, y en el cerebro se clavan los clavos de la razón. Mas hete ahí que yo, vaya por Dios, como por no llorar me he reído tanto, se me ha abierto el cerebro una barbaridad y, además de la razón, también se me ha clavado doña María Soraya Sáenz de Santamaría Antón, vicepresidenta, ministra de la Presidencia, portavoz del Gobierno, retículo endoplasmático y dos o tres cosas más… Y dime ahora qué hago yo con esta señora bailoteando todo el día en mi cerebro interfiriéndome los pensamientos.

Esta mañana, sin ir más lejos, cuando más a gusto estaba pensando en la idiosincrasia rabanera de nuestra clase política, la danzarina presencia de doña Soraya bailando el cancán vino a eclipsar tan alto pensamiento. Y aunque se movía con maneras de vedette del Moulin Rouge, las cosas como son, yo me sentía incomodísimo, pues levantaba las piernas tan bien levantadas, con tanta gracia y donaire, que no pude evitar verle hasta los trienios. ¡Y eso sí que no, Gurb! Yo al Gobierno se lo consiento todo; no me importa que me amordace con sus leyes y hasta tolero por patriotismo bancario su torticera reforma laboral; pero que doña Soraya me enseñe sus trienios… ¡no! ¡Hasta ahí podríamos llegar! ¡Los trienios, no! ¡No, Gurb, no, los trienios no, no, no…!

Tuyo afectísimo:

José Luis Castro Lombilla

*****

Si te ha gustado puedes visitar nuestra página oficial de Facebook o Twitter.

4 Kommentare

  1. Como es habitual, vuelves al bordado ¡¡Enhorabuena!! Aprovecho para expresarte mi malestar, causado, precisamente después de contemplar atónito como tan alto cargo político demuestra tan poca falta de respeto ante una sociedad atenazada por la prolongada crisis y las pseudosoluciones que se empeña en poner en valor la cúpula del gobierno de España ¡¡¡Ainssssss… qué dolor!!!
    Por cierto, amigos Lombilla y Cisterna, pronto nos veremos…

  2. Maria Eugenia dicen

    Me ha divertido mucho el post. Pero si por allá llueve, por acá, en mi país, no escampa. Es que por los votos se hace de todo… lo de menos es el ridículo. Gracias por compartir.

  3. Lombilla dicen

    Gracias, Paco. A la “viuda alegre” del Gatoto lo tengo en busca y captura, y cuando lo coja…
    Abrazos y pésames, claro.

  4. Paco Cisterna dicen

    En corto y con acierto. Muchos trienos de escritura atesoras.
    En un aparte: Me he quedado viudo, Pepe Lui.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *