Francisco Cisterna, Gatoto, Humor Gráfico, Número 36, Opinión
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La ruta del ahora

Por Francisco Cisterna / Viñeta: Gatoto

Francisco Cisterna

Francisco Cisterna

La última frontera no es una nave rumbo a Marte ni una sonda surcando los confines siderales, ni siquiera una partícula divina clavada en el altar de la ciencia: un mundo sin fronteras es el próximo horizonte próximo de la utopía. Una revolución más allá del fracaso proletario tripulada por los desheredados de la Tierra, capaces de anegar los mares con sus almas arrojadas a las olas de plata y azul. Un desastre tan cercano, tan ineludible, tan inabarcable, que desubica nuestra conciencia mediopensionista de ciudadanos Champions League. Tal vez, un horizonte impuesto por las circunstancias, desbordado prematuramente en sus fronteras por los hechos: fruto tardío que hoy recogen los nietos de los que sembraron simientes de tempestad en medio mundo y levantaron fronteras de papel acorazado a la puerta de sus casas.

No es un suceso anecdótico de la historia événementielle, sino un postulado religioso de la naturaleza egoísta de los hombres: un horizonte gris surcado por cayucos y pateras que navegan en un mar de ahogados; un desierto transitado por “espaldas mojadas” apuñalados por la espalda; un sendero de coca rallada que asciende hasta Nuevo Méjico concurrido por transidos “mochileros” de países que se han pasado de la raya; una granada de mafias bandoleras apostadas a lo largo del camino con machetes que cortan de raíz el éxodo de la miseria. Un continente que se le viene encima a Ronald McDonald’s Trump, y otro que navega a la deriva mediterránea de los viejos puertos de la Europa vieja. Un mundo de clandestinos que hace repicar en nuestra conciencia las campanas que Hemingway tomó prestadas a John Donne.

¿Dónde están la voluntad, la capacidad y las estructuras necesarias para trascender la caridad apostólica? ¿Cómo abordar tanta inverecundia histórica sino subvirtiendo el sistema? Y lo más importante: ¿Llegará a tiempo la vacuna prometida por el devenir utópico? Muchas preguntas directas y pocas respuestas que superen, a medio plazo, los cuidados paliativos: política interna, política de fronteras y alguna medida acordada con calzador; declaraciones de principios, vaselina diplomática, sostente mientras cobro… y mientras tanto, el fantasma del nacionalismo excluyente enarbolando la bandera del sistema, reforzando los cimientos de la raza, la cultura de la privadísima propiedad, y los chivos expiatorios de vagos y maleantes que vienen a clausurar el maltrecho Estado del Bienestar. Este discurso, conocido pero efectivo, puede ser un aliviadero silente de la tensión acumulada. Al fin y al cabo, el voto es secreto, y la carne del ahora, débil. El ahora es la ruta y la encrucijada, la dicotomía bipolar que nos exige conjugar deseos y realidades en ese ahora de crisis sinfónica de larga duración. Una crisis cuya magnitud elepé se presiente en el aire con la misma fatalidad que un asmático presiente la espesa bruma londinense.

El tren llega a la terminal, la población deviene clandestina y se oculta en los sótanos del PIB. Australia es una isla, un continente inaccesible. Las placas tectónicas se mueven, se reagrupan. Pangea no es una utopía cantada por los geólogos. Milímetro a milímetro, avisan, la Tierra volverá a sus fronteras naturales. Pero antes, las razas, los colores, se mezclarán en un arcoíris dérmico donde los negros no serán tan graves ni los blancos serán tan puros. Las revoluciones culturales serán biológicas y las razas puras, un Parque Jurásico. ¡Hakuna Matata, mi cuate!

Y si no es así, si dudamos lo más mínimo, regresemos a la socorrida construcción y empecemos a levantar muros de hormigón que retrasen nuestra inaplazable decadencia. Al menos, encontraremos trabajo… ahora.

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Gatoto

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2 Kommentare

  1. MARAVILLOSO. Es todo un honor poder acompañarte, con mi viñeta/ilustración. Enhorabuena, excelente y bello texto, amigo Francisco.

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