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Homo naledi: ¿Hemos encontrado el eslabón perdido?

Recreación del Homo naledi, un hallazgo que revolucionará la teoría de la evolución.

Por José Antequera. Sábado, 12 de septiembre de 2015

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Los científicos creen que puede ser el eslabón perdido que andábamos buscando, la pieza clave que faltaba en el proceloso rompecabezas de la evolución humana. Lo han bautizado como Homo naledi, una nueva especie de homínido, y su hallazgo ha sido catalogado como el mayor descubrimiento antropológico de las últimas décadas. Un equipo multinacional de expertos ha descubierto esta nueva especie desconocida hasta hoy en la cueva Rising Star, a 50 kilómetros al noroeste de Johannesburgo (Sudáfrica). Los restos estaban a unos 90 metros de la entrada de la cueva, en una gruta accesible sólo a través de una rampa tan estrecha que fue necesario un equipo especial de personas de corta estatura y muy delgadas para internarse en la galería y recuperarlos. Los organizadores de la expedición pusieron anuncios en las redes sociales solicitando voluntarios que reunieran esas cualidades físicas, además de no sufrir claustrofobia, y que estuvieran interesados en participar en el proyecto. Finalmente, todo el equipo de expedición a la cueva se formó íntegramente con personal femenino capaz de acceder a la gruta. Para llegar hasta los huesos había que recorrer la angosta galería, trepar por una pared y colarse a través de una grieta estrechísima. Todo ello en medio de la más absoluta oscuridad.

Los fósiles desenterrados en Rising Star pertenecen a al menos 15 individuos, e incluyen múltiples restos de todo el esqueleto. Además de reordenar de nuevo el árbol genealógico de la evolución, el Homo naledi arrojará luz sobre los orígenes del hombre y ayudará a comprender mejor cómo pensaban nuestros ancestros, ya que se han encontrado cuerpos enterrados intencionadamente en la cámara de la cueva, lo que supone que podrían manejar ciertos conceptos abstractos como la idea de la muerte y el más allá. Hasta ahora se creía que estos ritos funerarios eran realizados solo por seres humanos evolucionados, pero el descubrimiento del naledi parece apuntar a la idea de que homínidos cientos de miles de años más antiguos que el Homo sapiens ya practicaban enterramientos. De ahí la importancia del hallazgo. En lo que parecen coincidir todos los expertos es en que estamos ante el conjunto de huesos de una sola especie de homínidos más importante de cuantos se han descubierto hasta ahora en África.

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Esquema de la Cámara Dinaledi, donde fueron hallados los huesos.

“Los fósiles aún no se han fechado. La condición no mineralizada que tienen los huesos y la geología de la cueva han impedido una datación precisa”, asegura el doctor John Hawks, de la Universidad de Wisconsin-Madison. “Podrían haber estado allí hace 2 millones de años o hace 100.000 años, posiblemente, conviviendo con los humanos modernos. Nosotros todavía no tenemos una fecha, pero estamos tratando de averiguarlo. Si resulta que el Homo naledi es viejo, digamos más de 2 millones de años, eso supondría que estamos ante el primer homínido del que tenemos constancia a través de algo más que un fragmento óseo aislado, ya que algunos de los esqueletos se conservan intactos”, añade Hawks. Por otro lado, si resulta que el Homo naledi es joven, es decir menos de un millón de años de edad, “esto demostraría que diferentes tipos de seres humanos primitivos coexistieron al mismo tiempo, entre ellos el sapiens, en el sur de África”. En ese caso, ello significaría que el Homo naledi sobrevivió hasta hace relativamente poco tiempo, igual que hizo el Homo floresiensis (hombre de Flores) en Indonesia, que también combina cerebro y dientes pequeños. En cualquier caso, el descubrimiento resulta de una importancia trascendental para la paleoantropología.

En cierto modo, el Homo naledi se parece a los simios más primitivos del árbol evolutivo, pero con algunos elementos sorprendentemente humanos. De entrada, ya no eran simples chimpancés erguidos, eran más estilizados que los simios, por lo que se piensa que pudieron quedarse a medio camino entre los australopitecos y el Homo erectus, una especie ya plenamente humana. El naledi tenía un pequeño cerebro del tamaño de una naranja media (alrededor de 500 centímetros cúbicos) sobre un cuerpo muy delgado de apenas metro y medio de estatura. Pero donde más nos parecemos a ellos es en las manos y en los pies, que “son prácticamente indistinguibles de los de los humanos modernos”, añadió el doctor William Harcourt-Smith, del Lehman College y City University of New York.

El hallazgo fue anunciado por la Universidad de Witwatersrand, la National Geographic Society y la Fundación Nacional de Investigación de Sudáfrica, y publicado en la revista eLife. A grandes rasgos se podría describir al Homo naledi como similar en tamaño corporal y peso a un pequeño ser humano moderno, con las manos y los pies de apariencia humana. Si lo viéramos caminar por la calle hoy día nos llamaría sin duda la atención. Sin embargo, su pequeño volumen endocraneal es similar al de los australopitecos. Es decir, estamos ante una curiosa mezcla de rasgos morfológicos de simios ancestrales y de homínidos más modernos, más evolucionados y próximos al Homo sapiens, por lo que algunos científicos hablan ya de esta especie como el eslabón perdido de la humanidad. La dentadura es más pequeña y simple. En comparación con Homo habilis, Homo rudolfensis y Homo erectus, los dientes de Homo naledi no sólo son de menor tamaño, sino que presentan una morfología notablemente más sencilla. Homo naledi carece de la poderosa masticación que tipifica al australopiteco y al paranthropus.

El cráneo del Homo naledi no cuenta con la típica cresta bien desarrollada que caracteriza al australopithecus garhi o al paranthropus y difiere del resto de especies en múltiples rasgos craneales, lo que lo distingue de todos sus parientes cercanos. A su vez, el volumen endocraneal de todos los especímenes de naledi es claramente pequeño en comparación con otras especies de homo. Tanto entre los miembros masculinos como en los femeninos oscila entre los 465 y 560 centímetros cúbicos (muy parecido en dimensiones al del australopiteco). La talla cerebral se encuentra aún muy lejos de los 1.200 centímetros cúbicos de un Homo sapiens.

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El cráneo de un nadeli muestra sus rasgos morfológicos de primate.

También presenta un toro supraorbital bien definido, rasgo simiesco sin duda. Además, la mandíbula es notablemente más grácil que la de los paranthropus y los dientes postcaninos de un tamaño menor que los de sus parientes ancestrales, lo que le otorga una cualidad de homínido más adelantado que los primates. No obstante, posee una mandíbula menos acentuada que la nuestra. En la dentadura, el canino inferior es distinto al del hombre moderno, así como las proporciones molares, que “no muestran la reducción de algunas de sus piezas, como en el Homo sapiens”. En general sus dientes se describen como similares a los de los primeros homínidos conocidos. Estos rasgos mandibulares llevan a pensar que debió quedarse a medio camino entre el simio y el homo y que desapareció antes de llegar a alcanzar un nivel de desarrollo similar al sapiens en la escala evolutiva.

Pero las mayores sorpresas morfológicas del nadeli se pueden encontrar en sus manos y sus pies, unas extremidades no vistas hasta ahora en ningún otro homínido y que se acercan bastante al Homo sapiens. Sin duda tenía el dedo pulgar oponible necesario para manejar objetos. También muestra un pie semejante al del ser humano, aunque un poco más plano. Estos aspectos que le hacen guardar cierto parecido con el sapiens contrastan con otros que lo diferencian de nosotros: así, el tronco, hombros, pelvis y fémur son ciertamente austrolopitecinos. Su masa corporal es similar a la de un cuerpo humano pequeño, con un peso medio de unos 45 kilos. La morfología general del naledi lo coloca sin duda dentro del género homo, superado el estadio del australopiteco y cerca de otros géneros de homínidos tempranos, pero claramente diferenciado. Es un ser distinto en lo que se refiere a la locomoción, la manipulación de utensilios y la masticación. El aspecto de las extremidades inferiores sugiere un rendimiento mejorado del sistema locomotor a la hora de emprender una marcha para caminar. La configuración de la muñeca, pulgar y palma de la mano apuntan a que logró una mayor capacidad de manipulación de utensilios en relación con los australopitecinos, mucho más toscos en este aspecto.

Markus Bastir, investigador austríaco que trabaja en el proyecto, ha participado en el análisis del tórax del Homo naledi utilizando tecnología 3D para reconstruir esa parte de su cuerpo a partir de los fragmentos de costillas, vértebras y otros fósiles hallados en la cueva Rising Star. “Nuestros resultados indican que la columna vertebral y el tronco eran muy primitivos, como los de un australopiteco”, explica. “Además, las falanges de sus dedos eran curvas, una adaptación para trepar a los árboles”. Esta mezcla de rasgos es única, lo que les hace distintos de los Homo habilis (hasta ahora considerados los primeros miembros del género Homo) y dignos de que se les considere una nueva especie de homínido, explica el científico.

Todos los fósiles fueron hallados en la Cámara Dinaledi (la palabra naledi significa estrella en el idioma sesotho, de ahí el nombre de la nueva especie) en octubre de 2013. Durante un período relativamente corto de excavación, el equipo recuperó una extensa colección de 1.550 restos de casi todos los elementos del esqueleto, incluyendo algunos cuerpos casi completos, así como fragmentos más pequeños que serán objeto de estudio en los próximos años. Lo que los antropólogos tienen claro es que lo que tienen entre sus manos no pertenece a ninguna especie de homínido ya conocida. El material fue recuperado en dos expediciones de campo. Los fósiles del naledi están prácticamente intactos, sin que presenten dentelladas de animales carroñeros ni traumatismos de ninguna clase. Quien quiera que los dejara allí lo hizo conscientemente, para enterrarlos u ocultarlos.

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Lugar que ocupa el nadeli en el árbol de la evolución humana.

Los hallazgos de fósiles de homo temprano y australopitecos se han incrementado notablemente en los últimos 15 años, y esta acumulación de datos está ayudando a entender nuestros orígenes como especie. Durante décadas se pensó que las adaptaciones al medio de los seres primitivos surgieron como paquetes únicos, incluyendo el crecimiento del cerebro, la manipulación de herramientas, el aumento del tamaño del cuerpo, la dentición más pequeña y una mejor especialización a la hora de recorrer largas distancias andando o corriendo. Sin embargo, ahora empezamos a entender que tales adaptaciones aparecen en diferentes combinaciones y en diferentes muestras fósiles. Los análisis llevan a pensar que el aumento del tamaño del cerebro y del cuerpo no se produjo de una forma sincronizada. Naledi presenta una combinación de características distintas, es como un mecano fabricado con piezas de diversas especies.

Los científicos creen que muchos más fósiles de Homo naledi permanecen todavía enterrados en la cámara. “Con casi todos los huesos del cuerpo representados varias veces, naledi ya es prácticamente el miembro fósil más conocido de nuestro linaje”, dijo el profesor Lee Berger, de la Universidad de Wits. “La combinación inusual de caracteres que vemos en los cráneos y esqueletos naledi no se parece a nada que hayamos visto en cualquier otra especie de homínidos tempranos”, insisten los científicos. “Se comparte algunas características con los australopitecinos (como Sediba, Lucy, la señora Ples y el Niño de Taung), y otras características son claramente de homo. Es algo totalmente nuevo para la ciencia. Algunos rasgos del naledi son similares a otros homínidos tempranos, pero el torso es de simio y el cerebro muy pequeño. Sin embargo, los pies y las manos son parecidos a los de los humanos”, dijo el profesor Paul Dirks de la Universidad James Cook. “Se trata de una mezcla de características primitivas y funciones evolucionadas. Lo cual demuestra que había diferentes especies de homínidos vivos en diferentes momentos que combinan todo tipo de características. La Naturaleza estaba experimentando”, asegura.

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Uno de los esqueletos hallados en el interior de Rising Star.

Pero donde sin duda se encuentran las mayores sorpresas es en el comportamiento de la nueva especie, ya que pudo haber practicado rituales simbólicos exclusivos de los humanos. La Cámara Dinaledi ha estado siempre aislada de otras cámaras y nunca se ha abierto directamente a la superficie. Los investigadores recalcan que los huesos no presentan marcas de carroñeros o carnívoros ni erosión por haber sido arrastrados por agua en movimiento. “Llevaron a estos seres dentro de la cámara. Esto demuestra que fueron enterrados allí deliberadamente. Hemos explorado cada escenario alternativo, incluyendo la muerte en masa, un carnívoro desconocido, el transporte de agua desde otra ubicación, o la muerte accidental en una trampa mortal, entre otros. Tras examinar cada posibilidad, nos quedamos con la única que podía ser plausible: la eliminación intencional, la ocultación de los cuerpos en una especie de enterramiento”, dijo el doctor Berger. Esto sugiere la hipótesis de una forma de comportamiento ritualizado que anteriormente se consideraba exclusivo de los humanos. Los fósiles hallados pertenecen a bebés, niños, adultos y personas de edad avanzada en lo que podría ser un santuario de una tribu naledi. En cualquier caso quedan abiertos muchos interrogantes: ¿Pudo una especie de cerebro tan pequeño tener conciencia de lo que supone enterrar a sus congéneres? ¿Cómo llegaron al interior de la gruta en la más completa oscuridad? ¿Por qué no se han podido datar los fósiles para determinar su fecha de antigüedad? ¿Pudieron usar el fuego para iluminarse y llegar hasta allí? De momento, parece que el naledi se resiste a mostrarnos la verdad de un enigma cada vez más complicado de resolver: ¿quiénes somos, de dónde venimos?

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2 Kommentare

  1. El primer candidato a eslabon perdido fue hallado por uno de los grandes buscadores, Eugene Dubois , que entre 1886 y 1895 descubrio restos que el mismo describia como “una especie intermedia entre los humanos y los monos”. Lo llamo

  2. Salvador Benincasa dicen

    Amigos:
    Gracias por toda la explicación plausible hasta el momento.
    Lo que me tiene intrigado, a causa de mi ignorancia, es el porqué no se han podido datar los restos, ¿a qué se debe?
    Además, ¿en qué se basan para hablar de “enterramientos”?, ¿no es posible que fuesen aislados lejos de los carroñeros, para comérselos? ¿o tal vez, todo lo contrario, ante lo incomprensible de la muerte los protegieron de los efectos externos pensando en que se levantarían pese a la “visión” de la descomposición?
    También, si su mano presenta el pulgar hábil… ¿se han encontrado restos de utensilios?

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