Alfredo Piermattei, Humor Gráfico, Número 36, Opinión, Tonino Guitián
Deje un comentario

Gigantes

Por Tonino Guitián / Ilustración: Alfredo Piermattei

Tonino Guitián

Tonino Guitián

Me parece a mí que se ha incurrido en extrañas exageraciones al hablar de la capacidad de los pueblos para absorber culturas ajenas. El periódico, el libro, el cine, el turismo y los intercambios de toda especie han facilitado el conocimiento y la tolerancia recíprocas de los pueblos sin despertar asombro y sin desencadenar hilaridad por algunas costumbres. Pero si tenéis “sentido del humor” como todo el mundo pretende tener, sabed que el humorismo no es una mercancía de exportación. Se altera con el cambio del aire. Los latinos en general tenemos cierta inclinación a ser jocosos, y cuando somos periodistas, artistas o “marchands d´esprit” creemos que nuestro esquema mental se ajusta al de nuestro prójimo. Grave error. Nuestro prójimo entiende por lo general solamente las frases compuestas por sujeto y predicado, no están acostumbrados a la alusión, a la alegoría, a la sátira ni están especialmente receptivos para captar los matices. El ingenio es apreciado únicamente por una minoría acostumbrada al juego de empatizar y comprender a los demás, cosa sin la cual no existe la risa.

El sentido del humor es el antídoto del racismo y la xenofobia. No existe ninguna formación para que la gente sepa qué es risible y qué no lo es, porque es un aprendizaje que se hace en casa y con los azares de la vida; sin embargo en bata y pantuflas, sin moverte de tu localidad y con un humor agrio con toques rancios puedes adquirir un rechazo a los extranjeros de aúpa. He conocido personas que, con un afán desmedido de convertir su vida y la de los demás en algo siniestro, viajan para poder asegurar ante su audiencia que los negros son unos vagos, que los chinos eructan, que los árabes se tiran pedos o que en tal país bajo tal régimen –del que son férreos antagonistas– se vive de pena y no usan champú sino jabón, que es de lo que está hecho el champú pero no lo saben.

Claro que también tengo alguna persona cercana que acude al psicólogo para convencerle de que los locos son los demás y que su actitud irascible e intolerante está plenamente justificada por las injusticias a las que está sometido. En general, lo que mueve a los xenófobos es un ideal tenaz de justicia que incline una balanza invisible que les perjudica. Hace poco recibí un mensaje en que se aseguraba que un alcalde francés se había negado a la petición de las familias de escolares musulmanes para retirar la carne de cerdo de los comedores. El mensaje se podría resumir con un “si no estás de acuerdo con nuestras costumbres, márchate”, antes de resolver el asunto pidiendo un poco de cordura ante las exigencias de cualquier Dios, que se supone que no entran en el sistema educativo francés. Con las peticiones de Dios no hay broma posible en ninguna religión, y aunque los distintos cleros han ampliado sus miras conforme el tiempo ha ido limando asperezas con determinadas tiranías, siempre existe un momento para mirar las sagradas escrituras y volver a las épocas medievales, temerosos de que mundo se acabe por haber ofendido a nuestros creadores. No creo que ningún niño pase síndrome de abstinencia o carencia de algún tipo por no comer carne de cerdo, así como tampoco creo que una familia no le pueda preparar al niño un bocadillo de pollo con tomate si su sacerdote les exige no comer productos porcinos. Pero como todos pagan por igual, se establece un agravio comparativo, que es como cuando tu cuñado le dice a tu hermana que en el reparto de la herencia a ella le corresponde la cornucopia y no el piano de cola: ganas de liar un pollo por mala leche, ausencia total de sentido del humor y deseo irracional de venganza no asumido. Por eso los perseguidos se multiplican y ya no existe una avanzada sociedad con la supremacía de humillar a las demás: existen cientos de sociedades idiotas perseguidas en su libertad, generalmente su libertad de hacer cosas irracionales. Por eso los cristianos se sienten perseguidos por los ateos, los ateos por todas las religiones, los de izquierdas por las derechas, las derechas por las izquierdas y ambos desprestigiados por los apolíticos; los musulmanes por los judíos, los judíos por los musulmanes y ambos, en su parte más ortodoxa de la fe, por el demonio del mundo moderno; los blancos excluidos por los negros, los negros por los blancos, los gitanos por los payos, los orientales por los occidentales, los del sur por los del norte, los del este por los del oeste, las provincias por las capitales, las capitales por los pueblos rurales, los de la montaña por los de la costa, los de las islas por los continentales, los de la lengua minoritaria por la mayoritaria, las mujeres por los hombres, los hombres por las mujeres, y los niños por unos padres egoístas que no les comprenden.

Falta de sentido del humor, que te hace comprender quién eres y poder reírte de ti mismo y, entonces y sólo entonces sí, de los demás porque son igual de graciosos, si te fijas bien, y con ganas de no renunciar al mal humor, que no es más que una deformación del complejo de inferioridad que te hace sentir deseos de ser como un gigante, cuando en el espejo se ve claramente que somos algo completamente diferente y sin embargo tan iguales que, a veces, damos asco.

*****

Si te ha gustado puedes visitar nuestra página oficial de Facebook.

Alfredo Piermattei

Alfredo Piermattei

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *