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Felipe González: “Con la independencia de Cataluña nos íbamos a fastidiar todos”

Por José Antequera. Viernes, 18 de septiembre de 2015

Deportes

El personaje

Muchos piensan que ha dejado de estar activo, que solo es un florero decorativo, pero lo cierto es que Felipe González (Sevilla, 1942) nunca ha estado más en forma que ahora. Desde que abandonó la presidencia del Gobierno no ha parado de hacer política en la retaguardia, charlas, conferencias, congresos internacionales, asesoramientos para entidades públicas y privadas, artículos en prensa, entrevistas en radio y televisión… Felipe ya no es aquel joven de la chaqueta de pana con coderas y la melena agitándose a los vientos turbulentos de la Transición, ya no es el revolucionario que salió de la clandestinidad para hechizar a más de diez millones de españoles con sus ideas y su piquito de oro, ni el estadista que modernizó España y la sacó del africanismo, metiéndola en la Unión Europa y en la OTAN, ni siquiera el líder de perfil caudillista, ni el augur de los 800.000 puestos de trabajo que nunca fueron, ni el estadista que según muchos traicionó las raíces del socialismo vendiéndose al capital extranjero, ni el sospechoso Señor X lanceado por la prensa de derechas que manejó el PSOE con mano de hierro hasta llevarlo a la polémica renovación planeada en Suresnes. Hoy los tiempos han cambiado, ya no queda casi nada de aquella España de la Transición y Felipe es algo así como una sombra de la historia, un viejo gurú que habla con entera libertad de todo y de todos, que entra por una puerta y sale por la otra (la puerta giratoria y la de los foros de todo el mundo), sin pedir permiso a nadie, la voz cansada de un sector de la izquierda española que añora aquellas batallas, cuando la rosa y el puño hablaban y eran escuchados. “Es cierto que la comparecencia pública la dosifico y también es verdad que cuando digo algo pues se arma un cierto lío, lo diga de Venezuela o lo diga de la situación de España o de Europa. No es mi intención, es la misma intención que tenía hace cuarenta o cincuenta años”, asegura. Pese a todo sigue habiendo un Felipe que no ha perdido ese magnetismo personal que es capaz de llevarse al huerto a quien lo escucha, ni su fino sentido del humor sevillí, por mucho que se empeñe (y ahí peca de falsa modestia) en hacerse pasar por intrascendente. “Estoy montando un club de viejos caducos, que así se llama, para reunirnos de vez en cuando y hablar de tonterías, no de cosas serias”. En su última charla en la Casa de la Cultura de Avilés, durante los cursos de la Escuela de Verano de UGT –de la que Revista Gurb publica ahora los mejores extractos–, se reencontró con viejos compañeros de lucha, políticos y sindicalistas bragados y jóvenes imberbes con ganas de escuchar al gran patriarca, y allí habló de la globalización, de la crisis, del Estado de Bienestar, de la independencia de Cataluña, de inmigración y refugiados, de la izquierda que zozobra, de todo eso, en fin, que está por hacer en España y que quizá, quién sabe, ya nunca pueda hacerse.

[Resumen de la charla de González durante los cursos de verano de la UGT de Asturias]

Sobre la independencia de Cataluña

¿Qué si Rajoy y Artur Mas son interlocutores válidos para intentar encontrar un camino de diálogo y entendimiento en Cataluña? No lo creo. Yo creo, lo voy a decir con respeto pero no me interpreten obtusamente, yo creo que Mas hoy ya no es presidente de la Generalitat ni está hoy gobernando para los catalanes. Ya es el número cuatro de una lista que solo tiene un elemento de cohesión, que es lo que ellos llaman desengancharse de España, desconectarse. Eso es lo único que los cohesiona porque entre Mas, que es un conservador, y Romeva, que es mucho más comunista de lo que parece, pues el único elemento de cohesión es estar contra España. Pero es que el problema en el que se ha metido el señor Mas es que ha dejado de ser interlocutor, además de que no está cumpliendo con su función de presidente de los catalanes y primer representante del Estado en Cataluña, primer representante del Estado, insisto, que se ha comprometido a cumplir y hacer cumplir la ley y lo que propone es incumplirla. ¿Y es Rajoy un interlocutor válido? Pues si Rajoy hubiera sido un interlocutor válido hubiéramos avanzado en esto dos años. En algún momento, hace un año y pico, el señor Mas le propuso un diálogo con 23 puntos, digamos de reivindicación. Seguramente había seis, siete u ocho puntos, me da igual, sobre los que se podía negociar, o decir: eso se puede hacer; seguramente había otros seis o siete de los que se podría decir: oye, vamos a hablar de esto que es posible; y habría otros seis o siete puntos que de esos mejor ni hablar, no hay nada que hacer. Bueno, se podía haber abierto un espacio de diálogo.

FELIPE GONZALEZ

Lo que voy a decir ahora me duele decirlo pero es así: Rajoy todavía no ha respondido a ninguna de las 23 propuestas. Y vuelvo al principio, ¿es posible un consenso constitucional? Sí. Mucho más fácil ahora que hace 38 o 39 años, cualquiera lo puede comprender. Entonces nos sentamos para hablar. En mi caso, cuando empezaron las primeras conversaciones con el Gobierno, todavía estaba en libertad provisional bajo fianza y uno tuvo que dialogar con el que se podía considerar su cancerbero. Pues fue lo que hicimos. Hubo un proceso y veníamos de orígenes completamente distintos, no digo con ideas distintas, que es obvio, sino con percepciones de la realidad distintas. Gente que venía del sistema con mayor o menor comodidad, casi siempre bastante cómodos, y gente que estábamos fuera del sistema. ¿Cómo se puede decir que después de 37 años de convivencia que nunca habían existido en los últimos tres siglos no se puede dialogar para llegar a un acuerdo? Pues el paso atrás es que estamos en un choque de trenes entre los que están lanzados a una aventura que no tiene sentido ni objetivo y los que están falseando el funcionamiento de la democracia con éxito (la democracia no es solo tener más votos sino tenerlos con la legitimidad que da la ley y las reglas del juego). ¿Sería democrático que el cantón de Cartagena, que el pueblo de Cartagena, declarara la guerra a  Italia por el 90% de los votos tras una consulta? Hombre, parece que es democrático. ¿El noventa por ciento de los votos? Muy democrático. Pero no es legítimo, no tienen ningún fundamento competencial para hacerlo.

Hay una confusión con esto del derecho a decidir: ¿por qué no vamos a tener derecho a decidir?, se preguntan. Porque sobre lo que quieren decidir tengo yo el mismo derecho que Artur Mas y se lo explicaba en un debate de televisión, porque existe eso que se puede llamar destino compartido en un espacio público que se llama España. Y encima le van a dar pasaporte catalán a los valencianos, y a los baleares también y en un alarde de generosidad a los habitantes del sur de Francia les van a dar el pasaporte. Pues al pobre Mas le han hecho rectificar, no desde la convicción, sino desde la oportunidad, porque como diría un buen amigo mío: el hombre ha sido inoportuno hasta para regalar un pavo. Ya está repartiendo pasaportes y todo.

Yo desgraciadamente soy andaluz y no aragonés, que es lo que debería ser ahora para contestarle al señor Mas que si reclama la recuperación del reino de Aragón para romper aquella alianza del monta tanto, tanto monta, de Isabel y don Fernando, entonces el reino de Aragón podría ofrecerle ser parte del reino de Aragón como principado de Cataluña. ¡Que al menos tiene un sentido histórico que no tienen las tonterías que ha dicho su conseller de Justicia! Si es que queremos hablar de historia de verdad. Y no me quiero remontar a Pelayo, porque entonces… Yo trato de reconocer las cosas como son, y es que los nacionalismos tienen siempre un matiz expansivo. Es cierto. Ahora, yo, que he tenido mayorías absolutas, una, dos, tres legislaturas y una cuarta con minoría mayoritaria, no he aprobado más leyes cuando tenía mayoría absoluta sin el acuerdo de Convergencia i Unió que cuando no tenía la mayoría absoluta. Lo diré con mayor claridad: lo que era Convergencia i Unió, que ya no es, gracias a la fantástica tarea de Mas, ha ayudado a la gobernabilidad de España. Pero de verdad. Aún recuerdo una frase que en un momento de 1998 me dijo Jordi Pujol: “Oye Felipe, tú entiendes mejor a los catalanes y los catalanes te entienden mejor a ti, hay un afecto y tal; esta derecha castellana ni nos entiende ni nos quiere, pero le sacamos más que a ti”. El que quiera que saque conclusiones. He oído unas declaraciones del señor Aznar sobre un reciente artículo mío que he escrito en la prensa. Aznar dice es como si yo me hubiera ido a su terreno, pero no, si me he ido ha sido por equivocación, pero creo que no. Yo nunca hablé catalán en la intimidad, en todo caso. Pero lo que me preocupa no es que no haya otra respuesta para ese amplísimo porcentaje de catalanes huérfanos de referente que quiere una respuesta dialogada, clara, para atender su identidad. Y por eso vamos a llegar a las elecciones generales de diciembre sin una política de Estado en este asunto.

Acuerdo de financiación autonómica

Nunca hubo un acuerdo de financiación autonómica, nunca, ni en 12 años de Gobierno, ni antes, ni después de estar yo en el Gobierno, que no fuera aceptado por la Generalitat catalana. Ni uno. En ninguno han votado en contra. Lo repito, en ninguno. Todos han sido un desastre para Cataluña, pero todos los han votado; por tanto, sería bueno decirle a los catalanes que su Gobierno siempre lo ha votado y en muchos casos hablando antes. Esto es parte del problema del choque de trenes, no hagamos figuras que no se corresponden con la realidad porque convienen a nuestro argumento. Y diré una cosa que también es difícil de decir, y más en estas circunstancias: las decisiones que ha tomado el PP no son de política de Estado, sino de votos, y jugar con temas del futuro de España como espacio público compartido a cambio de saber cuántos votos más o menos, a mí no me parece el camino que debe tomar Rajoy. España se puede gobernar un rato sin contar con los catalanes, contando con los catalanes, con los catalanes que yo puse a hacer la ley del sistema nacional de salud o la reforma del sistema de Defensa, etcétera. Pero es muy difícil gobernar contra Cataluña, eso entra en crisis tarde o temprano. Gobernar de esta manera es tanto como decir que si los catalanes consiguen la independencia van a sufrir no sé cuántos males. Y los no catalanes, habría que añadir. Y todos. Ahí nos vamos a fastidiar, y mucho, todos. Algunos dicen: Ya verán lo que van a pasar los catalanes si se independizan de España. Es verdad que hay un desequilibrio, que aportan más de lo que ingresan porque son ricos. Salvo en el sistema de pensiones. La famosa caja única tiene unos efectos curiosos: cuando llega una crisis, las comunidades, las sociedades, los territorios que han tenido mayor nivel de renta, mejores ingresos salariales a lo largo del tiempo, tienen pensiones más altas; y cuando la caja no es suficiente hay una transferencia de los que tienen menos a las pensiones más altas, que es lo contrario de lo que ocurría en época de bonanza, que la transferencia era de aportaciones de las rentas más altas hacia rentas menos altas. Ahora la paradoja es la contraria. Pero claro, de eso no se habla. Yo quiero romper una lanza por esto. ¿Se ha desviado el nacionalismo catalán hacia una aventura independentista? Pues sí. ¿Han ayudado a la gobernanza de España? Sí. Sí y sí en democracia. Y el que diga lo contrario está mintiendo. E incluso, repito, ha ayudado a la gobernanza de la España del señor Aznar cuando aprendió a hablar catalán en la intimidad.

Crisis económica y rescate de la UE

Tengo mucha curiosidad por saber por qué nos mienten tanto y todo pasa tan desapercibido. Ahora resulta que somos el país que más crece de Europa porque hemos hecho las reformas que había que hacer, pero nunca se dicen cuáles son ni cuántas, simplemente se dice las reformas. Del desastre de país que dejó Zapatero al motor de Europa que más crece. Y no es verdad. Ni es verdad que no seamos un país rescatado, somos un país rescatado en un rescate low cost, como las compañías aéreas actuales. Hay rescates totales y rescates low cost. Nosotros somos low cost, pero los hombres de negro de los que hablaba el ministro de Hacienda Montoro, siguen viniendo por aquí, porque claro, hay un acuerdo de intenciones en ese rescate low cost que tenemos que cumplir igual que los griegos, que los portugueses o los irlandeses.

10-II-08 F.G. VISTALEGRE

Irlanda en el año 2010 perdió 24 puntos de producto bruto, España perdió 4. El déficit de Irlanda, lo que le faltaba para equilibrar el presupuesto, era el 32 por ciento del producto bruto. Se había hundido en esa crisis económica, después de ser una crisis financiera, porque no olvidemos que lo que se produjo fue una implosión del sistema financiero global, que funcionaba como un casino sin reglas, arrastrando a la economía real. Incluso Alemania perdió más que España en el año 2009. Pero las consecuencias fueron para todos. ¿Cuál es el momento actual? La previsión de la economía española es del 3 por ciento o del 3,1 por ciento. No está mal, pero la previsión de crecimiento de la economía irlandesa es del 6,1 por ciento. La prima de riesgo de ese país que perdió todo su sistema financiero está en 68 puntos básicos, la de España en 134. Pero el parámetro más doloroso de todos, que es el paro, en Irlanda este año es del 9,5 por ciento; en España, según datos de la EPA, es del 22 y pico por ciento. En Portugal, que sería el otro país de rescate pleno, la tasa de desempleo es del 12. Pero más allá de esos detalles debemos ponernos en situación porque escuchamos cosas que tienen poca consistencia, como que el éxito de España es por las reformas, que acaba de corroborarlo Rajoy en Alemania con Angela Merkel, pero nunca nos dicen qué reformas. Nunca. Por tanto tendremos que averiguar qué reformas han producido este efecto, que un país rescatado totalmente como Irlanda y un país salvado del rescate, como dicen gracias a la acción del Gobierno, tengan cifras tan distintas. Ya digo que incluso Portugal, que lo está pasando muy mal, tiene la mitad del desempleo que nosotros.

Globalización y desigualdad social

Pero vuelvo al principio: la preocupación estratégica que deberían tener los sindicatos y los partidos políticos progresistas debería ser cómo podemos recuperar posiciones en la lucha contra la desigualdad para recuperar un cierto rumbo. Porque lo que llamamos la economía de la globalización está fuertemente financierizada, muy dependiente por tanto del sistema financiero, y no de la economía productiva o de la economía real, como se está demostrando en estos momentos por la crisis China, la que nos afecta a todos. Miedo a China porque crece mucho y miedo a China porque pueda fallar. Todo el mundo está asustado. Cuando crecen al diez por ciento los chinos todo el mundo se asusta y se preguntan hasta dónde van a llegar o con qué se van a quedar los chinos. La economía está fuertemente financierizada y esa es la razón de que en 2008 todo se hundiera, cuando se movían capitales equivalentes al doble del producto interior bruto español en menos de 72 horas, y que eran capitales que no se quedaban en la economía real, que iban y venían. Pues en esa economía globalizada fuertemente fnancierizada, como digo, el gran problema general del mundo, no solo de Europa, es la desigualdad en la redistribución de la renta.

España se puede gobernar un rato sin contar con los catalanes y contando con los catalanes, pero es muy difícil gobernarla contra Cataluña

El país teóricamente más exitoso de la UE, que es Alemania, es un país que desde hace 16 años vive en una práctica congelación salarial. Ha evolucionado el producto bruto, han evolucionado los beneficios, pero los salarios siguen teniendo el mismo valor cambiario que tenían en 1999. Pero eso que pasa en Alemania pasa además en Estados Unidos, que también ha tenido mucho éxito en la lucha contra la crisis. Y pasa en Dinamarca, pasa en China, o sea, esto pasa en la economía de la globalización financierizada con más peso que la economía real y con una redistribución de la renta o del ingreso muy desigual cuando la economía tiene éxito, es decir cuando crece. La desigualdad en la redistribución del ingreso es compatible con la disminución de la pobreza. Algunos se engañan por eso y piensan: es que la pobreza ha bajado, lo que ocurre con frecuencia en América Latina, de un 37 a un 25 por ciento. Y es verdad, es un dato cierto. Bajando la pobreza, teniendo más empleo, habiendo incorporado a una clase media-media o media-baja a un porcentaje mayor de la población, la distancia en la distribución de la renta, entre los que más reciben y los que menos, sigue creciendo. Por tanto está en el modelo actual. Incluso en el modelo más exitoso de Estados Unidos el gran desafío que tienen y que comprenden es que la distribución del ingreso obtenido es crecientemente desigual. Bueno, pues ese es nuestro desafío: ¿cómo se combate la desigualdad?.

China

Eso que llaman la Europa social, ¿cómo se podría expresar? El modelo europeo que está en derribo es el modelo de la economía social de mercado. No se engañen, se corresponde con una época, posguerra mundial, años 50, años 60 (nosotros llegamos mucho más tarde) pero se corresponde con un momento histórico y con una época que ya no es. Era la época en que Europa, Estados Unidos, Japón, incluso Canadá, decidían cuánto valían las materias primas y cuánto valían las manufacturas en el mundo. Las materias primas porque ellos eran los grandes compradores, los grandes consumidores, y decidían el precio; y las manufacturas porque ellos producían las manufacturas y ellos les ponían los precios que querían. Es lo que los brasileños llamaban en los años 60 la economía dependiente de los países en desarrollo. ¡Todo eso se acabó! El 74 o el 75 por ciento del producto bruto mundial dependía de esas tres áreas económicas, ahora no depende ni el cincuenta. El cuarenta por ciento de ese producto bruto mundial ya depende del mercado chino. Las cifras asustan.

Ahora la potencia acreedora, también de Estados Unidos, se llama China. La que tiene capacidad financiera para comprar tres billones y medio de dólares de deuda americana

Las relaciones de intercambio se han transformado completamente. Ahora el precio de las materias primas no las deciden esos grandes países industriales, ahora decide más la capacidad china, las necesidades agroalimentarias y energéticas chinas. Y lo mismo pasa con las manufacturas. Se ha desplazado la actividad industrial, eso que nos obsesionaba hace unos años y todavía nos duele de la deslocalización, buscando costes más baratos, más competitivos, hacia países emergentes. Eso fue lo que convirtió a China hace veinte años en lo que llamaban la fábrica del mundo y todavía hay algunos despistados que consideran que China es la fábrica del mundo, que también lo es, pero además es una potencia tecnológica, desde luego demográfica, desde luego militar y sobre todo es una potencia financiera. En el mundo siempre ha habido, es lógico, como ocurre en el conjunto de las relaciones humanas, una potencia hegemónica sobre nosotros. Incluso cuando era bipolar (bloque capitalista, bloque comunista) Estados Unidos era la primera potencia y lo sigue siendo. ¿Cuándo empezó a serlo? Cuando las anteriores potencias empezaron a ser deudoras de Estados Unidos. Después de los dos trances que produjo el nacionalismo europeo, que de nuevo renace, en la primera y la segunda guerra mundial, Estados Unidos se convirtió en la potencia acreedora de las viejas grandes potencias europeas. Ahora la potencia acreedora, también de Estados Unidos, se llama China. La que tiene capacidad financiera para comprar tres billones y medio de dólares de deuda americana, o 650.000 millones de euros de deuda europea es China. Ese es nuestro gran acreedor. Por tanto seguimos con la pregunta: ¿ha cambiado la realidad global? Sí.

Movimientos antiglobalización

Alguna vez le digo a la gente joven que el rechazo de los movimientos a la globalización como fenómeno que ha llegado para quedarse, y que se parece en parte al rechazo de la santa madre Iglesia del siglo XIX frente a la industrialización y a lo que creían el diablo de las máquinas, se basó en un diagnóstico con un error de análisis, que después no han querido corregir: que la globalización es un invento del imperialismo americano para buscar una nueva forma de hegemonía frente a los países en desarrollo. Durante los últimos años, pero sobre todo durante los años de la crisis, lo que ha demostrado este fenómeno que llamamos globalización, que tiene detrás una revolución tecnológica sin precedentes, es que ha alterado el crecimiento de la riqueza mundial, hablo en términos regionales y territoriales, y probablemente lo ha alterado para siempre.

El mayor error de los movimientos antiglobalización ha sido creer que la economía global beneficiaba a EE.UU cuando ha beneficiado a países emergentes

Por tanto, a quien más ha aprovechado la globalización, y todavía no hablo de seres humanos, que también, sino en términos de naciones, de territorios, ha sido a los países emergentes. Ha sido a China, ha sido a la India, ha sido a Indonesia, ha sido a Turquía, ha sido a América Latina con algunos despropósitos. Esos son los que se han aprovechado más del fenómeno de la globalización, a diferencia de lo que fue la era industrial, cuando los que de verdad la aprovecharon fueron las grandes democracias occidentales, las europeas y Norteamérica. Ese fue el gran error de los movimientos antiglobalización. Crecieron exponencialmente, no había una sola reunión de un organismo internacional, como el G7, el FMI, que no estuviera acosado por fortísimas movilizaciones. Llegaron a un punto de inflexión y desaparecieron (no digo que no hayan) porque el análisis venía de un foco excesivamente ideologizado que no les permitía ver el cambio que se estaba produciendo en la economía global en favor de los emergentes en términos de crecimiento y en perjuicio de las economías más desarrolladas. Eran los países centrales y no los periféricos los que estaban soportando la crisis de la globalización. Esto es todo lo que está pasando estos días y que sigue siendo verdad.

Empleo y desempleo. Las políticas de Merkel

Alemania empezó a hacer una serie de reformas cuyo fundamento, y lamento decirlo (lo diré dentro de unos días cuando vaya allí), fue una devaluación sistemática de las rentas salariales. Las pocas ganancias de competitividad relativa que ha tenido Alemania no han venido por la innovación o la investigación, no ha sido por un gran espíritu emprendedor o por iniciativas que podían tener sentido. No no, han sido sobre todo por procesos de devaluación de las rentas salariales. Pero centrémonos en España. No se obsesionen con las consecuencias, aunque sé que los sindicatos están muy afectados, de la parte formal, legal, de la reforma laboral. Con o sin reforma laboral, la destrucción masiva de empleo junto a la precarización de ese empleo, más allá de la reforma (a la que por cierto los jueces no han prestado demasiada atención, han hecho lo que han querido con la reforma, no lo reprocho) la única contribución de esas reformas al rebrote de la economía española en términos de competitividad ha sido la devaluación salarial. Porque aquí no se ha gastado ni un euro más en innovación, sino muchos menos. Aquí no se ha mejorado la calidad de la formación profesional, sino todo lo contrario. Al resto de los factores –y lamento decirlo porque parece que aguas la fiesta cuando ellos dicen que está mejorando la economía, que está creciendo el empleo (aunque no estén creciendo los ingresos de la seguridad social, ¿por qué será?), que las exportaciones mejoran– hay que añadir la precarización del empleo y la devaluación salarial. Ese escenario no es solo nuestro. El salario mínimo en Irlanda, ya que he hablado de Irlanda, es aproximadamente el doble que el de España (unos 1.460 euros).

Socialdemocracia y Estado de Bienestar

Y pese a que esta es la situación y estos son los datos, sigue el problema pendiente de encontrar una respuesta socialdemócrata, progresista, como quieran, para intentar que cuando se produce el crecimiento en la economía de la globalización no sea tan desigual y que cuando se ajusta con los recortes no sea aún más desigual. He dicho que no vengo a hablar de Pablo Iglesias y no voy a hablar de Iglesias, pero sí doy estas cifras: Grecia ha perdido 30 puntos de producto bruto con la crisis, nosotros 10, todo en periodo de crisis. Pero claro, los 30 puntos se han repartido en Grecia de manera bastante desigual. El 60 por ciento de la población griega ha perdido más de la mitad de su riqueza personal, de su producto bruto por habitante. Y el 25 por ciento han perdido el 60%. La catástrofe no ha sido igual para todos. Entonces vamos a intentar ser optimistas, vamos a ver cómo crecemos, con qué modelo productivo nos quedamos, qué se puede hacer en adelante y sobre todo qué políticas para recuperar la idea de una nueva economía social de mercado o de una Europa de Estado de Bienestar, de una Europa cohesionada.

Inmigración y refugiados

No hace falta decir que tenemos una situación dramática de envejecimiento de la población que hace muy difícilmente sostenible el sistema, una situación que es difícil cambiarla. Y ahora nos encontramos con la presión migratoria que tenemos, no ya de inmigración económica, sino de refugiados políticos. El que se va de Siria no se va por razones económicas, que puede que también, se va porque lo matan, porque se muere, porque no pueden vivir. Es un flujo que resulta difícil calcular tal como está la situación en el mundo árabe pero probablemente haya en el mundo árabe musulmán 20 millones de personas dispuestas a irse, con ganas de irse, con necesidad de irse. Pues Europa necesita esos veinte millones de personas por lo que decía antes del crecimiento demográfico. De aquí a 2050, Europa tendrá una parte insostenible de su población de eso que ahora de manera cursi llaman la tercera edad. Yo debo estar ya en la tercera edad y media, o casi en la cuarta. Hay un componente en el nacionalismo que es irracional, Europa no va a producir los 20 millones de habitantes que necesita de aquí a 2050, va a tener menos, por tanto alguien los tiene que aportar gente que se necesita para sostener el sistema.

Diré más, hoy en la vieja Europa, en los países centrales de la Europa occidental, no podrían pagar las pensiones si no hubieran tenido un 10 o 12% de población inmigrada. Los inmigrantes despreciados y zaheridos por Marie Le Pen y por el otro, y por el Albiol y por no sé cuántos, han hecho posible que se paguen las pensiones en la Europa rica. Igual de irracional en la economía de la globalización es el cierre de fronteras, antiglobalización significa también anti Europa y ahí tienen a Cameron que quiere un referéndum para saber si se va a ir o no de la Unión. Creánme lo que les voy a decir ahora: en Reino Unido van a decir que no hay que irse de la Unión. En el momento en el que están me recuerdan a Margaret Thatcher, con la que yo no coincidía en nada y que decía que le parecía un disparate ir hacia una federalización de Europa. Trataré de evitarlo todo el tiempo que pueda y con la mayor energía que pueda, me decía, pero nunca me bajaré de este tren. Ahora llega Cameron y propone que en 2018 van a convocar un referéndum para ver si se quedan o se van. Inmediatamente salió el tío Paco con las rebajas, que le dijo ¿por qué en el 18? Hágalo ya. Cameron no quiere irse, lo que quiere como Tsipras es tener la amenaza de un referéndum para pactar condiciones egoístas desde el punto de vista nacionalista. La diferencia es que Tsipras tenía buena fe, quería romper el austericidio para Grecia, pero erró el cálculo, no se dio cuenta de que Europa es una soberanía compartida. La respuesta para Europa es: necesitamos más soberanía compartida. Compartida no es cedida.

Nacionalismos, populismos, indignados

Esta situación de flujo de migraciones hacia Europa se ve agravada por dos factores que se combinan: uno el nacionalismo, que por definición es siempre excluyente (tarda más o menos en enseñar la patita pero al final la enseña); y otro que elegantemente podemos llamar las propuestas de utopía regresivas, gente que cree que las sumas aritméticas de todas las indignaciones hacen un programa de gobierno. Claro, de pronto se encuentran con que tienen poder para gobernar y dicen: pero si yo antes me pasaba todo el día reclamando que se arreglara esto y aquello y ahora que soy yo quien tiene que arreglarlo y tengo el presupuesto no puedo atenderlo todo. Ahora se dan cuenta de que todas las reivindicaciones que se hacen, todas, tienen una parte de razón, una urgencia, una gravedad, pero el que gobierna tiene una limitación, que es priorizar.

Felipe González en Avilés

Por tanto, entre utopías regresivas y nacionalismos hay una mezcla de populismo demagógico que ha terminado en una situación como la griega. No iba a hablar de Iglesias, ya digo. Que no interprete mal la prensa mis palabras: yo no hubiera hecho un viaje a Alemania para que fuera la señora Merkel la que dijera que la integridad territorial de España y el mantenimiento de las fronteras era fundamental para evitar aventuras separatistas. Honradamente, en eso tengo un cierto orgullo y creo que nuestros problemas los tenemos que resolver nosotros, que no tenemos que ir a la nueva Roma como pasaba en el Imperio romano a reclamar como súbditos que nos echen una mano. Los nacionalismos están no solo ganando terreno sino que aunque no sean mayoritarios, condicionan las políticas de los mayoritarios. Lo más delirante es eso, que la única manera que hayamos encontrado de enfrentar un nacionalismo populista que encuentra cobijo en los partidos mayoritarios es plegarse a parte de las exigencias de estos nacionalistas o populistas insolidarios. Lo cual me parece un disparate, pero es lo que ocurre, que se infiltran en las políticas de los grandes partidos nacionales.

Grecia

Alexis, ese al que Pablo llamaba desde una tribuna y le decía, “aguanta, Alexis, que ya llegamos”, Alexis, digo, llegó, vio y venció. Inició una negociación con Europa, obtuvo un acuerdo que yo no me esperaba. Me preguntaban que si yo fuera griego y tuviera que votar qué votaría, pues votaría en contra de lo que está haciendo Europa y en contra de lo que está haciendo Tsipras. Porque en Grecia se suman los errores cometidos por la UE con los cometidos por el Gobierno griego, los anteriores y el actual. Entonces, como digo, Tsipras consigue un acuerdo mucho mejor del que uno podría imaginar, incluso con 30.000 millones de euros por primera vez desde que se inició la crisis a cambio de iniciar las reformas y de la modernización del país. Pues coge esa oferta va y se dirige a los griegos y les dice: esto es lo que hay, les propongo un referéndum para que digan que no a esta propuesta. Y efectivamente, los griegos le dan su apoyo en el 62 por ciento, que es mucho en un referéndum. Tiene usted razón, rechace la propuesta, le dice el pueblo. Acaba el referéndum y sale en la televisión diciendo: en 48 horas tengo la propuesta de solución. Pasan las 48 horas y otras 48 y otras 48, y la semana de negociación con la UE, y cuando acaban la semana los socios europeos de los griegos, en lugar de ofrecerle lo que le habían ofrecido, le ofrecen cuarto y mitad, que dicen en mi tierra cuando las mujeres van a la compra y tienen que hacer el cocido. Y después de ofrecerle cuatro y mitad este hombre aparece en televisión y luego en el Parlamento para decirle a los ciudadanos griegos: no tengo más remedio que aceptar porque no tenía ninguna otra alternativa. Lo de Putin eran juegos florales. O sea, que usted acepta cuarto y mitad y eso después de haber ganado un referéndum porque no tiene alternativa. Claro, no le ha dado tiempo a esperar y el señor se ha caído del caballo, como Pablo el de Tarso, y se ha despeñado. Yo creía que el mayor gesto de responsabilidad que había tenido era dimitir, pero ha dimitido para que haya elecciones en septiembre. ¿Por qué? Porque en octubre está comprometido a aplicar los ajustes y las reformas. Privatizaciones, pensiones, etcétera. Pero ahora se tiene que presentar, y puede ganar, además no estoy defendiendo a otro, me da lo mismo, puede ganar, porque esto es un lío monumental, pero el programa de reformas que tiene que aplicar en octubre, noviembre, diciembre, enero, febrero, ya lo tiene hecho. Y eso es solo la primera entrega del rescate. Entre tanto se han ido 30.000 millones de euros de capital, no del de la gente con mucho dinero, ese capital ya se había ido antes, de eso no se le puede echar las culpas al gobierno de Tsipras, sino el de la gente que tenía depósitos de tres, cuatro, cinco mil euros que se asustó y lo puso debajo del colchón y por eso han tenido un corralito y una crisis financiera. Por tanto, el tema es serio.

Recuperar el Estado de Bienestar

Pueden ustedes deducir que estoy en contra de las políticas europeas que están liquidando el modelo de la economía social de mercado, que no están reaccionando frente a la crisis seriamente, y no digo que haya una respuesta fácil para recuperar el objetivo. Porque la respuesta no puede ser hagamos lo que Europa hizo en los 70 y nosotros imitamos cuando pudimos hacerlo después de la muerte de aquel que nos protegía. Hicimos el libreto que ya estaba aprobado por Europa. En España el acceso universal como derecho a la educación secundaria, eso que ahora quieren reinventar los que hablan de la casta, se produce en 1983, ya con el gobierno socialista. En Francia esto se consiguió en 1812, más de 160 años antes. Pueden ver la diferencia en términos de igualdad de oportunidades, es impresionante por lo que significa en términos de retraso histórico.

Bueno pues aquí nos encontramos y el desafío es un desafío común. De verdad, yo creo que tenemos que recomponer parte del edificio derruido, pero pensando en el futuro (hablo de la sanidad, de la educación, de la sostenibilidad de las pensiones) tenemos que asumir todos nosotros, desde posiciones políticas y sindicales, que necesitamos una economía altamente competitiva capaz de generar un excedente suficiente para que nuestros objetivos de cohesión social sean creíbles. O dicho de otra manera, había una cosa que me perturbaba cuando era joven y era que yo creía que nuestro objetivo era redistribuir las oportunidades y el bienestar y no redistribuir miseria. Cuando ya se ha destruido todo y lo único que queda para especular y robar es la miseria, la escasez, me dan escalofríos, porque recuerden esto: la redistribución de la miseria nunca es equitativa porque nunca afecta a los que mandan. Puede ser muy eficiente, como está sucediendo en Venezuela y en la Cuba de después de la caída de la Unión Soviética, pero no equitativa.

Luego tenemos ese desafío, pero tenemos que preguntarnos a nosotros mismos: ¿esta permanente devaluación salarial como mecanismo de competitividad es sostenible? A mi juicio no. No solo no es deseable, no es sostenible. Y si perdemos de vista el objetivo de ser competitivos nos sacarán de lo que es posible hacer dentro de la economía globalizada. Yo creo que hay que recuperar la dignidad del trabajo, iba a decir por un momento del empleo, que es una derivada. Del trabajo. No podemos seguir soportando permanentemente la devaluación de las rentas salariales sin un coste altísimo en términos de dignidad. Y creo que no hay ningún otro mecanismo que ligar retribución salarial y productividad. Ni siquiera me estoy planteando si la jornada tiene que ser de 1.600 horas al año, ocho al día, etcétera. No, no, hablo de productividad por horas. Creo que la única manera de dignificar el trabajo es que la retribución de las rentas del trabajo tiene que estar directamente ligada, en igualdad de capacidades, a la productividad.

Felipe 07gr

Pero eso no será suficiente. En América Latina, por ejemplo, la redistribución vía salarios, incluso con el mecanismo que digo, no será suficiente para ir reduciendo la desigualdad que trae la globalización. ¿Por tanto cuál es la otra pata con la que debemos trabajar? La redistribución indirecta de los ingresos. Y aquí hay poco que inventar. Si a la gente le ofreces servicios sociales de carácter universal, bien ordenados y sostenibles, y evitando los riesgos morales, es decir los abusos, lo que los suecos llaman los riesgos morales del Estado de Bienestar, si queremos dar servicios de atención sanitaria, de educación, de personas con menor capacidad, etcétera, eso necesita un excedente fiscal para financiarlos. Por tanto, tienes que tener éxito desde el punto de vista de la competitividad y desde el punto de vista del gasto tienes que tener un sistema fiscal bien previsible. Porque desde el punto de vista de los ingresos tengo muchas dudas que lo consigamos por mucho esfuerzo que hagamos. Pero por lo menos desde el punto de vista del gasto. Ahí es donde tenemos que poner el foco. Porque la renta indirecta, la garantía de tener acceso a la educación primaria y superior, a la formación profesional e incluso a la sanidad, ¡eso es renta indirecta! Y por cierto, muchísimo más eficaz que la renta directa.

Me preocupa que no reaccionemos bien al desmantelamiento del Estado de Bienestar, a la piqueta que se va cargando los pilares de la sociedad del bienestar. Y diciendo bien quiero decir con una explicación que sea lógica. Si se cargan el sistema nacional de salud, que ya es nacional a 17, nos va a pasar como en Estados Unidos: que en lugar de diez o doce puntos de producto bruto nos va a costar 18. Pero es que además será discriminatorio. El sistema sanitario público español, ahora ya con esos agujeritos que le vamos haciendo por aquí y por allí, la relación coste-eficacia de este sistema de seguridad social, está entre los mejores del mundo. Nos cuesta 11 puntos de producto bruto, cubre universalmente a todos los ciudadanos. Cuesta más dinero incluso sacar de la asistencia sanitaria universal a los inmigrantes. Repito, cuesta más dinero sacarlos, porque hay que atenderlos en urgencias. Incluso Merkel, que debe ser bastante cabezota, después de cuatro años de ensayos ha quitado el copago del euro porque le costaba más la administración burocrática del ingreso que el propio ingreso. En fin, aquí en España matizan pero no rectifican. Muchas veces digo que en política el problema no es meter la pata, que como en toda actividad humana vamos a meter la pata, el problema es no sacarla rápido. Claro, el otro problema es meterla mal.

Por tanto, orientación de cara al futuro hacia lo que podría ser la Europa social con esos problemas estructurales que digo. Tenemos que conseguir dignificar el trabajo y la dignificación tiene que venir por una vinculación de una parte del salario con la productividad; y de otra parte a través de la competitividad en términos de innovación tecnológica. Tengo que decir que en esta parte de la innovación, los americanos, que son un país de frontera y que hasta hace unos años nos parecía un país en decadencia, están remontando, están siendo mucho más competitivos. Lo han hecho sobre dos o tres parámetros: por un lado cuánto tiene que valer su moneda y por otro cuánto importa la innovación para mantenerte a la cabecera de la competitividad global, y aquí incluyen no solo a los americanos, sino a gente venga de donde venga. Allá donde haya un muchacho con una idea brillante, como si es de Avilés, que no encuentre financiación aquí en España, no se preocupe, si la idea es buena la pondrá en marcha en Silicon Valley.

Por tanto, se está dando una importante renovación, no como sector de actividad, que también, sino por la innovación como mejora de la competitividad horizontal de toda la economía, desde la agricultura a la industria del cine. En cualquier actividad. ¿Pero y qué pasa con el sector de la energía? Parte de los problemas que vamos a tener es que Estados Unidos está consiguiendo autonomía energética. Por primera vez en el último siglo. Por tanto, sobre esos pilares esta gente está arrancando. Además, como es un país de frontera (lo ha sido desde su creación, que fue antes de ayer, aunque sigan teniendo la misma Constitución 200 años después pese a que la hayan ido reformando) le ayuda el factor humano.

De manera que por el momento nos estamos alejando de ese objetivo de una Europa social y como es verdad que el ciclo peor de la crisis parece haber pasado (yo no me lo creo del todo pero bueno), ahora el FMI dice que las previsiones de la economía mundial son peores que las que estimaban hace tres meses. En algún momento le dije a Lagarde: ¿y por qué no hacéis solo una previsión al año? Así solo os equivocáis una vez. Si os equivocáis más veces es muy penoso porque desconcertáis a un montón de gente. Y se reía. Una vez al año es bastante para que se equivoque el FMI. Pero es cierto que la economía global se está poniendo un poquito de color de hormiga y nos va a afectar a todos porque estamos absolutamente interdependientes. Por lo tanto mi propuesta sería: hay que avanzar en una unión económico-fiscal, es inexorable que eso tenga contenido social, hay que avanzar hacia una unión política. Y eso no significa que desaparezcan los Estados sino definir las competencias que con un buen principio de subsidiaridad se hagan mejor en Bruselas que en Madrid, o que en Roma o que en Atenas. Decidido por todos, compartiéndolo, no cediéndolo para que lo decida no se sabe quién y no se sabe de qué forma. Yo desde que entramos en la Unión Europea hice el esfuerzo de estar en el núcleo del proceso de toma de decisiones, desde el primer día. Algún día lo contaré cómo fue eso y por qué.

Constitución

Aquí, para una vez que tenemos una Constitución que nos ha durado 35 años, los que no la querían al principio ahora no la quieren tocar; y los que parecía que la querían mucho al principio ahora parece que la quieren destruir y echarla a la papelera en lugar de reformarla. En este país no hemos tenido la ética de la reforma, aquí la ética ha sido siempre liquidacionista. Hay que liquidarlo todo. Entonces se liquida todo y después no tenemos capacidad para volver a reconstruirlo. Bueno, yo propongo exploraciones reformistas no liquidacionistas. ¿Qué nos puede orientar como la aguja de navegación al navegante? Queremos llegar a ese puerto que en líneas generales tiene ese componente ético de lucha contra la desigualdad. ¿Cómo se traduce la lucha contra la desigualdad en una economía globalizada que tiende como modelo a generar desigualdad? Y hablo de Europa en primer lugar. El modelo de economía social de mercado, como dijo hace unos años Lula, debería ser declarado patrimonio de la humanidad, ahí queremos llegar todos. Yo no digo ya que queramos llegar ni siquiera a lo que hacíamos en los años ochenta, que la mayoría de la gente ha olvidado, que fue por primera vez universalizar la educación, la sanidad, no, sino que mi orientación, siendo viejo como soy, sigue siendo que quiero llegar a ese puerto en las condiciones del siglo XXI, que sé que no son las condiciones de 1983. Por tanto en esto también tendremos que innovar, o tendrán que innovar los que vienen detrás. No inventar utopías regresivas, sino enfrentar la realidad como es, y enfrentando la realidad como es desde el propio movimiento sindical y la socialdemocracia, como decía Willy Brandt: la virtualidad de la socialdemocracia es que siempre encuentra nuevos comienzos, decía él. Las circunstancias cambiaron, pero hay que adaptarse a los nuevos tiempos. ¿Qué te condiciona para llegar a ese puerto? Los cambios que se han producido. Y dentro de esos cambios tienes que hacer políticas que mejoren la igualdad, en la redistribución directa de la renta y la igualdad en la redistribución indirecta. Para conseguir este objetivo a nosotros nos da vergüenza decir que la economía tiene que ser muy eficiente y muy competitiva. Si lo que queremos es redistribuir la riqueza. Si queremos redistribuir miseria entonces no.

El futuro

Mire, la ventaja de esta economía de la globalización es que limita mucho la acción del Gobierno para cometer errores porque los errores se pagan muy duramente. No se equivoquen, lo que limita mucho es la capacidad para acertar, para equivocarse no se necesita nada, como este Gobierno capaz de explotar un país y destrozarlo cada vez más, sin rectificar. ¿Qué le reprocho a la socialdemocracia europea? Que no ha ofrecido desde que empezó la crisis, y digo más, viene de atrás, desde que se produjo el cambio hacia la globalización, una alternativa real a la ofensiva contra las políticas neoliberales, neoconservadoras que nos han llevado a la crisis. O dicho en otros términos, creo que estamos asustados y estamos jugando en los márgenes; decimos: vamos a ser conservadores cuando para conservadores ya están los otros. Hay que defender el Estado del Bienestar. Pero hay que pasar a la ofensiva proponiendo un mecanismo de sostenibilidad. Le dicen a Pedro Sánchez que se le ha puesto cara de radical cuando es el PP el que está cada día más radical y luego sacan a Albiol en una rueda de prensa para decir que “se acabó la broma”. ¿Mande? Es como cuando dicen que “las reformas estructurales han dado resultado, que España se salvó del rescate”. ¿De qué rescate se salvó? ¿De cuál? Si aquí vienen los mismos señores de negro que van a Portugal, exactamente los mismos que van a Irlanda, exactamente los mismos que van a Grecia y deciden exactamente lo mismo que para esos países.

recortada

¿Cuáles son los objetivos que quieren alcanzar? ¿Pero cuáles son las reformas? Sé que las respuestas solo pueden ser respuestas de reformas serias y de un contenido socialdemócrata; si no, seguiremos en manos de los neoconservadores, que seguirán haciendo políticas austericidas y tratando de demostrarnos que las cosas van bien, que van bien y que si ellos no están van a ir mucho peor. Ojo, yo nunca he pronunciado en mi lenguaje la palabra rentabilidad. Aclaro, no me da miedo hablar de rentabilidad, antes he hablado de competitividad. Pero no, no, yo hablo de sostenibilidad del Estado de Bienestar. No tiene nada que ver. Si yo quiero una educación gratuita y obligatoria hasta los dieciséis años, por poner un ejemplo, no hablo ya de las pensiones, no estoy pensando en términos de rentabilidad, yo hablo de sostenibilidad del sistema. Propongo que hagamos una reflexión, un debate y una propuesta seria capaz de ser asumida por los ciudadanos para que los componentes de ingreso que necesitamos para mantener eso que ahora cubre lo que se llama la Seguridad Social permita hacerla más sostenible. Como he estado dos años, digamos perdiendo el tiempo, con un informe sobre el futuro de Europa, he intentado estudiar lo que pasa en algunos países (Dinamarca, Suecia, etcétera). Por eso a veces utilizo ese lenguaje sobre el riesgo moral del Estado de Bienestar, sobre los abusos del Estado de Bienestar. Es que la financiación de lo que nosotros llamamos Seguridad Social de Dinamarca no tiene absolutamente nada que ver con nuestro modelo y además ni siquiera digo si es mejor o peor, lo que digo es que tenemos que revisar el modelo para hacerlo sostenible en el tiempo, sin hacernos trampas en el solitario, que hay gente que ha contribuido y hay gente que cobra una pensión sin haber contribuido, pensiones no contributivas. Si eso queda claro, que hablo de sostenibilidad y no de rentabilidad, es fácil comprenderlo.

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