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Sergio Ramírez: “Los narcos están sustituyendo a los dictadores en Latinoamérica”

Ramírez, uno de los novelistas latinoamericanos más influyentes. Foto: J. Mejía Peralta

Por José Antequera. Viernes, 4 de septiembre de 2015

Deportes

 Entrevista

Sergio Ramírez (Masatepe, Nicaragua 1942) hace tiempo que abandonó las barricadas de la política, la revolución y el Frente Sandinista, para dedicarse solo a escribir novelas. Fue vicepresidente del gobierno de Daniel Ortega, que por un momento pareció rozar con los dedos el viejo sueño de Sandino de hacer de Nicaragua un país moderno y avanzado. Todo fue un espejismo. Pronto llegaron la guerra, la ‘contra’ financiada por los yanquis, siempre los gringos conspirando y abortando cualquier conato de cambio en Latinoamérica. Hoy ya no se habla con Ortega –“no tenemos relación, no tenemos enemistad pero no tenemos relación”–, y el futuro de Nicaragua parece ensombrecerse de nuevo, pero por otras razones bien distintas. “Me parece que los capos del narcotráfico están sustituyendo a los dictadores como personajes literarios”, asegura nada más poner pie en la Semana Negra de Gijón, donde presenta su último libro, Sara, una reelaboración del mito del Antiguo Testamento. Lejos quedan ya los años de la lucha armada, el Che, Fidel, Allende, los ideales utópicos que siempre acaban siendo pisoteados en el barro pobre de Sudamérica. Hoy Obama ha plantado la bandera con las barras y estrellas en La Habana y el comunismo ya no es una amenaza para Estados Unidos. “El poder siempre termina contaminando los ideales. El poder es un organismo vivo que tiene sus propias reglas, sus propias leyes, sus propias necesidades”. El que fuera mano derecha de Ortega no piensa en transformar el mundo, solo en ficcionar, en inventar historias. “La novela no me parece a mí que tenga que ver con el compromiso social, no creo en la novela de tesis”, sentencia.

Anastasio Somoza: su nombre aún produce escalofríos, y eso que ya han pasado años desde que fue derrocado…

Yo creo que para la sociedad nicaragüense Somoza no tiene demasiada relevancia, más que a la hora de mencionarlo como referente y de exacerbar ánimos, pero no creo que el país esté dominado ahora por esta figura. Creo que si a un joven de menos de treinta años le preguntamos quién era Somoza ni siquiera sabría qué responder.

¿Hay un barrido de la memoria?

Sí, los jóvenes no tienen conciencia del pasado, no tienen información sobre el pasado, ya no les interesa ni estar informados.

Se dice que Somoza llegó a acumular un patrimonio de 5.000 millones de dólares con el apoyo de Estados Unidos. ¿Ha perdonado el pueblo a los norteamericanos por su política injusta en Nicaragua?

Yo creo que ha olvidado, la fortuna de Somoza se disolvió, algunos familiares viven dentro de Nicaragua, otros no, pero no se reconoce a la familia Somoza en el mundo por ser una familia poderosa, por sus millones. Me parece que esto se ha difuminado también.

Sandino era la gran esperanza que se vio truncada. ¿Qué cree que hubiera pasado de no haberlo asesinado Somoza?

Es muy difícil decir qué hubiera ocurrido. Yo creo que ver a Sandino a la cabeza del país como presidente no hubiera sido su destino, yo creo que su destino fue lo que fue, luchar por la independencia del país, por la soberanía nacional, una figura romántica de nuestra historia, una figura idealista, pero yo creo que como forma de poder realmente no lo veo.

En los sesenta, tras años de dictadura somocista, se recrudece la represión: torturas, asesinatos, desapariciones. ¿Cómo vivió usted aquello en lo personal, señor Ramírez?

Bueno, con todo el dramatismo que esos años tuvieron, de enfrentamiento, de pérdida de tantas vidas de jóvenes idealistas que fueron a luchar contra una dictadura que representaba una amenaza para el progreso de Nicaragua, para cualquier futuro que pudiéramos conseguir de libertad, de democracia, pero bueno, yo siempre he dicho que valió la pena haberse visto involucrado en esa lucha, sin la cual el país de hoy no sería el mismo.

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Foto: Jorge Mejía Peralta.

La situación era insostenible para el pueblo. Miseria, hambre, subdesarrollo, plagas, analfabetismo…

Y represión, claro, mucha represión.

Nace el FSLN y estalla la guerra. Entonces creían en la victoria, en la transformación real del país, ¿eran unos ingenuos?

Yo creo que más bien lo que había era un gran nivel de idealismo político, de romanticismo, de ideales puros, de entrega total, de entrega al sacrificio, la disposición a dar la vida, todo eso fue muy hermoso en aquel tiempo.

¿Cree que la respuesta del mundo civilizado ante una revolución sandinista que era justa y necesaria fue la más apropiada? ¿Se vieron ustedes apoyados por la comunidad internacional o solos en la lucha?

Bueno, durante la lucha contra Somoza hubo una gran solidaridad internacional, yo creo que el mundo entero se identificó con lo que era el sandinismo en Nicaragua. Al final hubo que enfrentarse con el gobierno de Reagan, que era un enemigo formidable. El respaldo que Nicaragua recibió en esos años fue en busca de la paz, de la salida negociada, yo siempre consideré que Nicaragua estuvo muy bien acompañada entonces.

¿Hubo algún hecho concreto que le hizo tomar partido?

Uno va tomando su conciencia política desde joven y ve la represión en las calles, en el ámbito estudiantil sobre todo, todo esto fue lo que me llevó a mí a tomar esta decisión de enfrentarme a la dictadura desde muy joven. Yo a los 17 años ya estaba convencido de que había que acabar con aquella dictadura.

El apoyo de la Iglesia de la teología de la liberación, ¿fue crucial como dicen los libros de Historia?

Para mí no, no conmigo. Esto ocurrió con los estudiantes de las escuelas religiosas, yo vengo de la escuela laica, estudié en entidades públicas. Pero en una generación, la siguiente a la mía sobre todo, sí que es cierto que fue muy poderosa la influencia de la teología de la liberación, sobre todo en las escuelas de los jesuitas de Nicaragua.

Dígame una cosa, ¿hubiera triunfado el movimiento guerrillero sin el apoyo de la Unión Soviética y de Cuba?

La Unión Soviética nunca le dio apoyo al movimiento guerrillero, Cuba sí fue un apoyo decisivo pero también de otros países como Costa Rica, Panamá, México o Venezuela, sobre todo Venezuela, y sí, estos países dieron un apoyo decisivo. ¿Que la revolución hubiera terminado triunfando a pesar de no haber recibido el apoyo de estos países? Yo creo que sí, pero la lucha hubiera sido más larga y más cruenta.

En el 81 Reagan impuso el bloqueo económico y empezó a financiar a la contrarrevolución, a los grupos armados antisandinistas. El escándalo Irangate, Irán-Contra, es un episodio todavía no muy bien aclarado. ¿Se sabe todo sobre aquella trama?

Se ha ido aclarando en la medida en que se han ido revelando los documentos de esa época, los archivos se han ido abriendo y yo creo que en el futuro habrá más elementos para ir desentrañando todo lo que pasó entonces. Pero la verdad es que sigue siendo una historia muy oscura.

En el 84, ya con Daniel Ortega de presidente, el Gobierno sandinista se vio obligado a proclamar el estado de excepción ante la presión de la ‘contra’. Se suprimieron derechos civiles, se limitó la libertad de expresión, recortes a la democracia. ¿Fue ese el principio del fin de la revolución?

Bueno, aquello fue por la necesidad de la guerra. El estado de excepción, el llamamiento al servicio militar obligatorio, el racionamiento, todo esto era consecuencia de que nos estábamos enfrentando a una guerra en un país sumamente pobre que no tenía recursos. La inflación fue otra consecuencia, hubo que imprimir dinero para seguir financiando la guerra. El proyecto tuvo que apartarse para hacer frente a la guerra, tenga en cuenta que Nicaragua era un país muy pequeño y muy pobre.

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Foto: Jorge Mejía Peralta.

Democracia sin justicia social o justicia social sin democracia, ese es el dilema…

Sí, sobre todo cuando se trata de revoluciones juveniles donde la ansiedad del cambio sustituye cualquier esfuerzo por institucionalizar la democracia. Para nosotros siempre fue la prioridad la Justicia social, que al final no se consiguió por la guerra.

Sin embargo, el índice de analfabetismo era más del 50% y en dos años quedó reducido al 13%. Parecía que la revolución triunfaba, ¿qué fue lo que falló?

La guerra, la guerra lo truncó todo.

Usted siguió ejerciendo la política pero rompió relaciones con el FSLN. ¿Qué le llevó a romper con Ortega, con sus compañeros de revolución?

Bueno, eran concepciones muy diferentes de lo que el país debería ser, concepciones acerca de la democracia…

¿Cuáles eran esas concepciones?

La gente que estaba conmigo queríamos un partido democrático dentro del sandinismo que fuera capaz de recuperar el poder por la vía electoral, convenciendo a los electores, y llegamos a apoyar una reforma de la Constitución para que la revolución se hiciera dentro de los cauces democráticos. Yo creo que ahí estuvo la esencia de toda la contradicción.

¿Se habla con Ortega últimamente?

Pues no tenemos relaciones, no tenemos enemistad pero no tenemos relaciones…

¿El poder corrompe los ideales?

El poder siempre termina contaminando los ideales. El poder es un organismo vivo que tiene sus propias reglas, sus propias leyes, sus propias necesidades.

¿Llegó a estar hastiado de la política y por eso se refugió en la literatura?

No, al revés, yo estaba en la literatura e hice un tránsito por la política temporal en mi vida y luego regresé a la literatura cuando ya no tenía interés en la vida política. Para mí había terminado mi participación política y volví a lo que siempre fui: un escritor deseoso de reemprender su obra literaria.

Pero ese hastío estaba ahí, ¿salió desencantado?

Bueno, yo lo veo como una experiencia en mi vida, como una etapa que viví con sus altos, con sus bajos, sus sabores, sinsabores, y lo veo como una experiencia, no lo veo con amargura.

Y la revolución parece que ya no le interesa a nadie…

La revolución armada no creo, ni a mí me interesa reconectar con la revolución armada. En Latinoamérica están abiertos nuevos cauces de expresión, las elecciones, los sistemas de cambio político, me parece que son esos cauces los que hay que seguir.

¿Le agrada el gobierno chavista?

Pues no, pero hay elecciones ahora en noviembre que van a ayudar a dilucidar el asunto del poder y yo creo que mientras en Venezuela haya estos respiraderos electorales siempre va a haber una posibilidad de cambio.

Y que Felipe González defienda a los opositores a Maduro, ¿qué le parece?

Está es su derecho, es un demócrata y creo que la democracia no tiene fronteras.

En España está muy de moda el término bolivariano…

Pues yo no identifico a Podemos con los bolivarianos, yo lo identifico con un movimiento que busca la renovación política en España y eso genera sus propias posibilidades de convencer al electorado.

Hablemos de literatura. Sara: ¿cómo empezó a pensar en ese personaje para una novela?

Yo siempre fui un devoto del Antiguo Testamento como escritor, siempre veo una multitud de historias en ese texto, historias que recontar o recrear, y pensé que el Génesis que habla de Sara me llevaba por buen camino, de recreación literaria y de volver a recontar esta historia, me parecía que tenía grandes posibilidades por el poder que esta historia tiene, y eso fue lo que hice, recontarla.

Pero empezó escribiendo cuentos, no novelas…

Así es, empecé con los cuentos. A los 17 años escribí mi primer relato corto y a los 20 había publicado mi primer libro de cuentos.

Latinoamérica ha sido una gran cantera de cuentistas, Cortázar, Borges y tantos otros. ¿Por qué triunfa el género en América? En España apena se practica…

Yo creo que los novelistas siempre escribieron cuentos, Clarín, Pérez Galdós en el siglo XIX, Pío Baroja, yo creo que se pierde esa tradición porque la novela tiene un gran apetito comercial, cuando las editoriales empezaron a preferir las novelas por encima de los cuentos. Eso también pasó en América Latina, llegó un momento en que se dejaron de escribir cuentos, hoy se está empezando de nuevo.

¿La novela tiene que tener un compromiso social?

La novela no me parece a mí que tenga que ver con el compromiso social, la novela tiene sus reglas de creatividad que tienen que ser atractivas para el lector. Si uno escribe sobre un país donde hay problemas de desigualdad, de anormalidades políticas, esos problemas van a surgir en la escritura, pero no creo en la novela de propósito, en la novela de tesis, porque eso es poner la carreta por delante de los bueyes.

¿Es el narcotráfico el gran tema de la literatura americana de hoy?

Es uno de los grandes temas que cruzan la literatura latinoamericana, porque es una de las grandes anormalidades de la vida social y hasta política en estos países, también en la novela negra. Es un tema muy dominante en la Sudamérica del siglo XXI.

¿Ha sustituido el narcotráfico a las dictaduras?

Me parece que incluso los capos del narcotráfico están sustituyendo a los dictadores como personajes literarios.

¿De qué habla Sergio Ramírez en su obra? ¿Cuáles son los temas de hoy que le apasionan literariamente?

Pues depende de la novela que emprenda o el relato: la anormalidad misma de la Historia, las dictaduras que siempre están regresando a mi mente, el narcotráfico, las migraciones forzadas de gente que emigran de Sudamérica a Estados Unidos, que por sí mismo ya constituye un drama, la corrupción gubernamental, todo esto va en mi literatura.

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¿Hay futuro en la literatura nicaragüense, hay cantera?

Yo creo que estamos en un buen momento en la literatura hispanoamericana, hay nuevos nombres, nuevas corrientes, nuevos lenguajes, yo creo que tenemos una gran perspectiva de futuro.

Entonces hay relevo…

Sí, por supuesto, además el número de escritores se ha multiplicado generación tras generación.

¿Sigue vivo el realismo mágico?

No, yo creo que fue una cosa del pasado, a nadie le interesa ya el realismo mágico como vena literaria, hay una gran diversidad que se aparta muchísimo de esta gran tradición que fue el realismo mágico, que la verdad solo perteneció a Gabriel García Márquez. Quienes empezaron leyendo a Gabo terminaron imitándolo.

¿Para cuándo una novela sobre sus años como vicepresidente de Daniel Ortega? Porque ahí hay una gran novela de intriga…

Bueno, alguien la escribirá, a mí no me interesa en particular, pero sí, alguien la hará…

En 2014 fue galardonado con el Premio Carlos Fuentes. ¿Es el galardón del que se siente más orgulloso?

Sin duda, es el premio que reconoce a toda una vida literaria.

¿Mantenía relación con Carlos Fuentes?

Sí, haberlo perdido ha sido un golpe muy duro, probablemente se ha perdido la voz más importante, era una conciencia crítica de América Latina, la voz de Carlos Fuentes fue trascendental.

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